
María Loreto Ferrari, rectora de AEIP: “El apoyo financiero a los estudiantes es fundamental si queremos dar un salto en productividad”
La máxima autoridad de la institución educacional, que reúne a 95.000 estudiantes en 25 sedes, destaca el desafío país de aumentar la productividad y el rol que cumplen los institutos profesionales en esta tarea.

María Loreto Ferrari es la primera mujer en asumir la rectoría de AIEP, institución que lidera desde 2024 y que bajo su gestión obtuvo la acreditación institucional por cinco años. Ingeniera civil mecánica de la U. Técnica Federico Santa María, ha estado vinculada más de una década al instituto profesional más grande del país, con más de 95 mil estudiantes en 25 sedes, entre Calama y Castro.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta hoy la educación técnico-profesional?
Toda la educación está desafiada, pero en nuestro caso hay dos temas muy importantes. El primero es el dinamismo que tiene la educación técnica para cambiar su currículo según el mercado laboral. Tenemos una situación compleja entre formar para el futuro y el futuro de nuestros estudiantes, que salen en dos o tres años. El segundo, es el cambio demográfico. En 2013 teníamos un 10-20% de alumnos mayores de 24 años; hoy son más de la mitad. De los titulados de AIEP, el 40% tiene más de 30 años. Eso nos lleva a tener claro que estamos haciendo reskilling y upskilling. El trabajador nos busca para ponerse al día y actualizarse, pero no lo podemos recibir igual que a un joven recién egresado de cuarto medio. Hay que reconocer lo que sabe, valorar lo que ha logrado en el mercado laboral y trabajar con trayectorias móviles, flexibles y adaptadas.
Industrias como la minería o la transformación energética, incluido el hidrógeno verde, han manifestado preocupación por la falta de técnicos especializados. ¿Ve la educación técnica como un actor clave en el futuro del país?
Sí. La gente que trabaja en el hidrógeno verde son mecánicos, eléctricos, automatistas, instrumentistas. Lo que tenemos que hacer es evolucionar los currículos para que un eléctrico pueda adquirir competencias en programas más cortos, en una especialización, o acceder a una carrera orientada al hidrógeno verde. Con la minería llevamos años trabajando. El Consejo de Competencias Mineras ha sido un excelente socio. La minería busca técnicos de liceo y profesionales universitarios, pero también necesita otros perfiles, como recursos humanos. Por ejemplo, los instaladores de paneles solares: si los preparo solo en instalación de paneles, les restrinjo el campo laboral. Para instalar un panel solar se necesita ser eléctrico. Esa combinatoria es importante, y las empresas deben entender que necesitamos un número suficiente de estudiantes para justificar una carrera.
¿Muchos estudiantes son adultos con experiencia laboral? ¿Cómo se adapta AIEP a sus trayectorias?
Más que basarnos en carreras, hoy tenemos que basarnos en trayectorias formativas. Cuando recibes a un trabajador de la minería que quiere sacar su título técnico para ser jefe de cuadrilla, no puedes suponer que en 20 años nadie lo ha capacitado. El reconocimiento del capital formativo que alguien de 30 años trae es fundamental. Puede incluir certificados, capacitación en el trabajo, experiencia laboral. Tener un sistema que valore eso antes de entrar a la carrera es clave. En algunos programas homologamos el primer año completo a estudiantes que vienen de la educación técnico-profesional y tienen experiencia. Esa posibilidad de reconocer aprendizajes, dar exámenes de competencia y validar lo que el adulto ha hecho hasta aquí es muy importante.
En todo el mundo están creciendo los programas cortos y las microcredenciales. ¿Qué potencial tienen en AIEP?
Desde el punto de vista laboral, tienen mucho potencial. Pero la normativa y el financiamiento no van al mismo ritmo que las necesidades. Nuestros estudiantes no pertenecen a la elite económica, y no hay apoyos para microcredenciales. El SENCE es resorte de la empresa: decide a quién capacitar y en qué. Pero si alguien quiere cambiar de rubro o hacer un programa corto, debe pagar de su bolsillo. Tenemos un mercado laboral que se mueve rápido y necesita gente productiva y capacitada. Esa persona debe poder manejar su carrera, y tenemos que apoyarla con financiamiento. Hoy tenemos diplomados cortos que han funcionado bien, pero la primera pregunta del alumno es sobre financiamiento. Eso puede ser una limitante.
¿Y ahí hay un deber del Estado a su juicio? ¿Hay que implementar algún tipo de política pública al respecto?
Pensando en la productividad, debería haber incentivos. La mitad de la fuerza laboral, 10 millones de personas, no tiene formación terciaria. Antes alguien entraba a un banco a timbrar papeles; hoy debe manejar sistemas mucho más complejos. Las empresas grandes capacitan, pero las pequeñas, que son el 80% del sector, no siempre pueden. Tenemos 2.000 estudiantes al año que se reintegran a nuestras carreras, muchos para cambiar de rubro, y deben hacerlo con recursos propios. Ese apoyo es fundamental si queremos dar un salto en productividad.
¿Qué innovaciones académicas y tecnológicas están implementando, especialmente en inteligencia artificial?
Cuando apareció ChatGPT vimos un informe que decía que una de las áreas donde más podía aportar la inteligencia artificial era en la educación. Desarrollamos un asistente virtual para los estudiantes, basado en los programas y la bibliografía. Partimos con 1.800 asignaturas. Hoy el asistente no solo responde, también hace preguntas para fomentar el pensamiento crítico. Desarrollamos versiones para profesores y para equipos de admisión. Además, todas las carreras incluyen módulos de inteligencia artificial aplicada a su contexto laboral. No buscamos que los estudiantes programen, sino que sepan usar estas herramientas. El 73% de las empresas dice que utiliza IA de alguna forma en su día a día; si preparamos gente para trabajar, debe saber utilizarla. La IA no es una amenaza. En la revolución industrial se pensaba que la gente quedaría sin trabajo, o cuando aparecieron las calculadoras. Son herramientas. Algunas ocupaciones desaparecen, pero surgen otras: alguien debe atender, programar y mantener un robot. Siempre se generan nuevas necesidades.
AIEP fue pionero en el modelo de articulación con la Universidad Andrés Bello que permite a estudiantes continuar su trayectoria a títulos universitarios. ¿Cuál ha sido la experiencia y cuál ha sido el impacto que ha tenido esta iniciativa?
Cuando yo llegué, teníamos cerca de 200 estudiantes que transitaban cada año hacia la Universidad Andrés Bello en una modalidad bien restringida, con beneficios, pero muy acotados. Hoy son casi mil los que lo hacen en distintas formas: programas de pregrado y programas Advance de carácter profesional. Otros 700 participan en diplomados en condiciones muy beneficiosas. Además, casi 50 profesores al año realizan capacitación en la universidad. Diría que es probablemente uno de los programas de articulación más exitosos, si no el más exitoso. En los últimos cinco años hemos tenido 4.500 estudiantes que, en su gran mayoría, se han titulado, con una tasa de deserción igual o menor que la de un estudiante universitario regular.
Usted es la primera mujer en asumir la rectoría de AIEP y además proviene del mundo STEM, como ingeniera civil mecánica. ¿De qué manera ha influido esa condición en su agenda y en la mirada hacia el desarrollo de la institución?
Trabajé 12 años en AIEP y siempre tuvimos un número importante de mujeres en cargos directivos. Para mí es muy relevante el rol de las mujeres STEM como modelos a seguir. Hace unos años volví a la universidad, la Federico Santa María, en medio de las marchas feministas, y muchas estudiantes me decían: “Nunca hemos visto una ingeniera mecánica, nunca hemos tenido una profesora”. Yo fui la única mujer en mi curso. Demostrarles que sí se puede, que es posible trabajar en mecánica, en minería, en distintos espacios, es clave.
El mundo a veces puede ser hostil, pero también está en una la decisión de cambiarse de lugar y abrir caminos. Yo trabajé muchos años mediodía para cuidar a mis hijos, después entré a educación. La vida es mucho más que la decisión que uno toma al salir del colegio, pero la base de una buena formación y de una manera de pensar ayuda muchísimo.
¿Qué factores podrían impulsar a que más mujeres escojan este camino? ¿Desde cuándo habría que fomentarlos?
Hay un aspecto que muchas jóvenes no ven con claridad: son carreras con buenos sueldos y empleabilidad asegurada. En muchos sectores hay metas de contratación femenina que no se están cumpliendo, y eso debiera ser un incentivo. También debemos potenciar desde la infancia el pensamiento lógico y las habilidades matemáticas. Ayer vi un comercial de Lego que me encantó: mostraba a niñas construyendo camiones, estructuras, cosas “achoradas”. Ese tipo de estímulos son los que necesitamos para que desde pequeñas sientan que pueden.
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