El Deportivo

Malinin y su mortal hacia atrás: el salto prohibido durante 50 años que le da el oro a Estados Unidos en los JJOO de Invierno

El patinador estadounidense de 21 años brilló en Milán-Cortina al liderar el triunfo de su país en la prueba por equipos, dejando su huella con un movimiento histórico que reabrió el debate sobre los límites del patinaje artístico.

El silencio del pabellón duró apenas una fracción de segundo. Luego, la ovación fue inmediata. Este domingo, en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, Ilia Malinin ejecutó un salto que durante décadas estuvo fuera de la ley sobre el hielo y que terminó siendo el símbolo de su consagración: un mortal hacia atrás que acompañó el oro del equipo estadounidense y lo instaló definitivamente como una de las grandes figuras del patinaje artístico mundial.

Más allá de la medalla, la actuación de Malinin quedará marcada por el salto que durante casi 50 años fue considerado peligroso para los patinadores. Sin embargo, el hijo de dos exrepresentantes de Uzbekistán en esta disciplina, incluyó en su programa el mortal hacia atrás que solo volvió a permitirse en competiciones oficiales a partir de 2024 por la ISU (International Skating Union, la federación internacional).

En lo competitivo, el patinador de 21 años fue clave para asegurar el oro por equipos. Con una puntuación técnica de 200,03, dejó sin margen al japonés Shun Sato, quien cerró la prueba con un ejercicio impecable, pero insuficiente. Japón se quedó con la plata, mientras que Italia completó el podio.

El impacto del momento trascendió lo deportivo. En las gradas, figuras como Novak Djokovic reaccionaron con asombro. “Después de aterrizar el salto vi a Djokovic con las manos en la cabeza. Es algo increíble, un momento único en la vida”, reconoció Malinin tras finalizar su presentación.

El primero en realizarlo

El mortal hacia atrás no era nuevo en la historia del patinaje. El estadounidense Terry Kubicka fue quien lo ejecutó por primera vez en los Juegos Olímpicos de 1976, en Innsbruck. Después de su ejecución en el programa, causó tanto revuelo que la ISU reaccionó de inmediato: lo prohibió de sus competiciones de cara a 1977. La espectacularidad era un objetivo, pero nunca por encima de una seguridad que el organismo consideraba que se ponía en riesgo para los patinadores que ejecutarán este salto.

Desde entonces, el salto quedó relegado a exhibiciones y galas. Patinadores como Scott Hamilton lo popularizaron fuera del circuito competitivo, mientras que la francesa Surya Bonaly lo convirtió en un gesto de identidad y protesta. En los Juegos de Nagano 1998, la patinadora lo realizó en su rutina siento concierte de su penalización. Sin embargo esto fue como respuesta a una puntuación que consideró injusta en el programa corto.

La curiosidad es que este salto no puntúa como elemento técnico, su ejecución aporta espectáculo para el público y una sensación de grandiosidad que pocos se atreven a buscar y ahora en 2026, Ilia Malinin no solo fue el primer patinador en ejecutarlo de manera legal en unos Juegos Olímpicos, y sino que también el primero en hacerlo con una recepción limpia sobre una sola cuchilla, sellando así un momento histórico para el patinaje artístico.

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