Superación, madurez y maestría: Zverev cierra su mejor año con el trofeo de las ATP Finals

Zverev logró su segundo Torneo de Maestros. (AP Photo/Luca Bruno)

El alemán consiguió levantar el trofeo de Maestros por segunda vez en su carrera. Lo hizo tras derrotar por doble 6-4 a Daniil Medvedev, en un encuentro que mostró a los dos mejores exponentes de la nueva generación.


Cerró el año como merecía. Con el trofeo en sus brazos y con la satisfacción de que esta temporada creció como nunca. Demostró ser un grande y coronó el viaje con sus segundas ATP Finals. Derrotó de manera inapelable a Medvedev por doble 6-4 y volvió a levantar el torneo más importante de su carrera. Al menos por ahora, porque Sascha está listo para ese esquivo Grand Slam.

Zverev ya no es el jugador temeroso de antes. 2021 quedará como el año en que el alemán dio el paso adelante en su desplante mental y derechamente se metió en la pelea por los premios más importantes. Las doble faltas un problema del pasado. Los errores no forzados en momentos claves, también. Hoy las ganas de comerse el mundo fueron mayores a las dudas de no poder estar altura. Y eso el tenis lo agradece.

Siempre tuvo el talento y desde que entró al circuito tuvo que lidiar con el peso de ser “el próximo número uno”. Y pese a que su juego y trabajo le dio grandes títulos en el camino (Canadá, Roma, Madrid y sus primeras ATP Finals) la sensación siempre era que a “Principito” le faltaba algo. Un algo que adoptó este año y que cambió todo en él.

Primero fue Acapulco y después Madrid. Tras eso lograría, nada más y nada menos, que el Oro en Tokio. Ya metido en los últimos meses de la temporada cayeron Cincinnati y Viena. En materia de Grand Slams, semifinales en US Open y Roland Garros. Cuartos en Australia y octavos en Wimbledon. Año redondo.

Por eso volver a ser Maestro era un objetivo claro. Quería repetir el trofeo más importante que ha conseguido en su carrera. Demostrar que entre los mejores, el puede ser el mejor. Y lo hizo con grandeza. Entró jugando perfecto y no decayó nunca. Profundo, elástico y sereno. Mostró todos los elementos y golpes que hacen los tipos fuera de serie.

Poco le importó que en frente estuviese el número dos del mundo y quien lo había vencido en sus últimos cinco enfrentamientos, incluyendo el dramático partido de la fase de grupos tan solo cinco días atrás. Zverev fue por todo y no dudó.

Primero un 6-4 cerrado, pero con aires de tranquilidad por parte del alemán. Después el mismo marcador para dejar claro que Zverev era invencible. Que podían haber estado jugando horas y horas, pero que el resultado no iba a cambiar. Cada vez que Daniil jugó a un nivel extraordinario, Alexander supo como retenerlo y voltearlo.

Y así levantó el título y agrandó su leyenda. No solo cierra el año con el trofeo, sino que también rompe y rompe marcas en la temporada. Se irá de vacaciones con el sabor de ser el jugador que más trofeos (6) levantó durante el año y que más partidos (59) ganó.

El Maestro nuevamente es joven. Un factor que remarca que pese a que Djokovic, Nadal y Federer sigan siendo las almas del circuito, estas cada vez están más cerca del final. Ya son cuatro años seguidos en que tenistas de la mal llamada “Next Gen” (Zverev, Tsitsipas, Medvedev y Zverev) se llevan el trofeo de cierre, y seis desde que Nole ganara sus últimas ATP Finals. Los experimentados ya no llegan bien a estos cierres, dando un espacio para que la nueva camada celebre en ocasiones importantes. Zverev lo logra por segunda vez. Es un premio a su tenacidad y superación. Ya no es el futuro número uno, ni el chico con dudas. Es el maestro.

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