Mon Laferte: No te pareces a nadie

"Mon Laferte es un caso único de pop rock latino forjado desde la genuina independencia".


Los fenómenos culturales masivos pueden ser apabullantes pero siempre contienen grietas para instalar ligeras cargas de dinamita al orden impuesto y así construir rutas adaptadas a cada idiosincrasia. El actual pop femenino chileno responde en parte a la genealogía inagotable de princesas musicales inaugurada por Britney Spears hace dos décadas, el inicio de una era dorada del género aún vasta y ramificada.

El resto del origen remite a un hilo local, nombres como Ester Soré, La Negra Linda, la primera estrella pop femenina del país a mediados del siglo XX; la firma de Clara Solovera, autora de las inmortales líneas “ayúdeme usted, compadre, pa’ gritar un viva Chile” (Chile Lindo), entre varios hits folclóricos; la obra de Violeta Parra convertida en patrimonio universal, y la voluptuosidad y el desparpajo bohemio de Cecilia. Es también un relato intermitente tras el golpe de Estado y el retorno a la democracia con las excepciones memorables de Frecuencia Mod, Myriam Hernández, Nicole y Javiera Parra, genuinas estrellas pop de las últimas décadas del siglo XX chileno.

El nuevo milenio arrojó señales inmediatas de cambio: Makiza tenía un punto aparte y se llamaba Ana Tijoux; Supernova timbró pop made in Chile con hambre internacional, y Javiera Mena se ganó hace ya 15 años un nombre y una fanaticada con cintas artesanales, adelantándose a la nostalgia casetera.

Desde entonces la música hecha por mujeres en Chile encarna diversidad -rara vez las figuras se parecen entre sí-, como coincide en la gestión autónoma, directa y maximizando el uso de las plataformas digitales bajo la moral hazlo-tú-mismo. Mon Laferte es un caso único de pop rock latino forjado desde la genuina independencia. Ahora está en un gran sello, graba con los mejores y recorre Norteamérica. Pero todo eso sucedió por un talento desbordante y su porfía de tintes épicos que le permitió sobreponerse al cáncer y a la posibilidad cierta de regresar derrotada a Chile, tras jugársela varios años en México. Vol. 1 (2015) era su última carta, apostó y ganó con asombrosa espectacularidad convirtiéndose en una estrella monumental. Hoy es la artista más escuchada del país según datos de Spotify, con 2.541.960 oyentes mensuales.

El camino propio es también la historia de Tomasa del Real, la creadora del neoperreo. “Es un movimiento. Es la nueva manera de escuchar reggaeton”, explicaba en una entrevista en inglés para thefader.com. Bio exprés de esta iquiqueña de 31 años: derivó de tatuadora que hacía tours por el extranjero con su arte, a figura musical de potente estética con una dinámica de trabajo sólo posible en esta era de comunicación instantánea, que le permite grabar canciones en el teléfono para luego pimponearlas a miles de kilómetros con productores que conoce en línea. Lo sintetizó espléndido en esa misma entrevista. “Soy solo una chica con buenos amigos, un Mac y wifi”.

Otro caso. Cristina Santiagos, una cantante y compositora sin redes en el mundo de la música, contactó googleando a gente de la industria mexicana hasta meter nada menos que siete temas en la teleserie Y mañana será otro día… mejor, del Canal de las Estrellas distribuida por Televisa Internacional, una adaptación de Cuenta conmigo (2009), de Canal 13.

El festival Ruidosa, gestionado por la cantante Francisca Valenzuela, se hace cargo de esta diversidad y la falta de prejuicios de la música hecha por mujeres en Chile. “No hay para qué dividir los formatos, aquí pueden convivir todos”, comentó a este diario en 2017.

Entre las críticas a Denise, de Aguaturbia, por posar desnuda a comienzos de los 70 en sintonía con el rupturismo encarnado por el rock en aquel entonces, el trolleo a Princesa Alba por sus pechugas en Mi only one, video de su canción debut que suma casi dos millones de visitas en YouTube, y las críticas a Denise Rosenthal por mover el culo, coincide el tipo de recriminación por imagen y gestualidad que rara vez afecta al hombre en esa misma posición. “No me interesa que me veas como mujer (…) quiero me aprecies por lo que hago”, apunta Arlette Jequier (ex Fulano) en Sonido en mí, la primera serie chilena sobre mujeres en la música. Es un justo anhelo el que expresa la cantante. Por mientras, una saludable realidad artística femenina local se fortalece resistiendo las fórmulas y libre de ataduras.

Seguir leyendo