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Historia de una herencia: Una amante falsa, un testamento oral y otros delirios de la batalla por los $7 mil millones de un anciano muerto

Autor: Ivonne Toro

A su muerte en diciembre de 2017, el ingeniero Luis Antonio Bravo contaba con más de diez propiedades en la región del Bío Bío, otras tantas en La Serena, $2 mil millones en depósitos a plazos del Banco de Chile, $500 millones en una cuenta bipersonal con su fallecida esposa más una serie de acciones en compañías como Enel, un pozo que abrió el apetito de varios.


El día en que Luis Antonio Bravo murió fue como cualquier otro en Concepción. La temperatura osciló aquel 9 de diciembre de 2017 entre los 10 y los 22 grados celsius y la principal noticia en la capital regional fue el triunfo de Colo-Colo frente a Huachipato, que abrió la posibilidad al equipo local, Universidad de Concepción, de competir en la Copa Sudamericana.

En la clínica Sanatorio Alemán, donde Bravo permanecía internado, su fallecimiento por neumonía, inmunosupresión y mieloma múltiple, no tuvo mayor impacto: con 86 años, el desenlace era más que esperado y sin familiares directos que lo lloraran, no hubo escenas de desgarro ni nada semejante. Bravo murió a las 4.59 horas de la madrugada sin que el mundo se enterara.

Aunque, en rigor, no fue tan así.

Bravo, hijo de padre desconocido y de filiación natural de doña Bertina Bravo, que estuvo casado en únicas nupcias con María Estrella del Rosario Cáceres Lillo, fallecida en 2016, y sin hijos, hermanos o sobrinos conocidos, tenía un patrimonio estimado en $7 mil millones de pesos. Una suma equivalente a la indemnización entregada por el grupo Matte a un millón de chilenos por la colusión del confort o al dinero que el fisco invirtió en la visita del Papa Francisco. Cuando ese pequeño detalle se hizo conocido, aquel 9 de diciembre de 2017 dejó de ser como cualquier otro.

La fortuna

Nacido en Pencachue en 10 de octubre de 1931, Bravo vivió bajo el sino de los “huachos” en Chile, que dividía a las personas entre los hijos nacidos en el matrimonio, los “naturales” (reconocidos por el padre) y los ilegítimos, discriminación consagrada en los certificados del registro civil y a la que se puso fin sólo en 1998.

Bravo, bajo estas reglas, era sólo hijo de doña Bertina quien, por razones que se desconocen, lo dejó a cargo de unos tíos en Talca. Pese a las dificultades, logró titularse de ingeniero civil eléctrico y por años trabajó en la siderúrgica Huachipato de Talcahuano. Hace más de tres décadas, cuentan cercanos, hubo un despido masivo de trabajadores de la empresa que fueron indemnizados. Bravo, quien en 1960 había desposado a María Estrella, invirtió los recursos recibidos –un par de millones de la época, nada muy espectacular- en una serie de empresas desvalorizadas, como Copec y, con el paso de los años, esos papeles sin mucho brillo, lo convirtieron en millonario.

A su muerte contaba con más de diez propiedades en la región del Bío Bío, otras tantas en La Serena, $2 mil millones en depósitos a plazos del Banco de Chile, $500 millones en una cuenta bipersonal con María Estrella, más la serie de acciones en compañías como Enel, un pozo que abrió el apetito de varios. Hoy existe constancia de un testamento falso de una supuesta amante –habría varios más-, unos pagarés inventados que intentaron ser cobrados sin éxito, una acción judicial en curso porque habría testado en su lecho de moribundo, y un aviso de herencia vacante en Bienes Nacionales. Además se estaría en la búsqueda de dos sobrinos en Talca que cumplirían el requisito de sexto grado de consanguineidad para hacerse con los $7 mil millones y la Fiscalía tiene abiertas investigaciones que busca dilucidar quiénes han mentido en esta historia.

Los herederos

El 5 de abril de este año, el abogado José Ignacio Castillo Villagra presentó ante el Ministerio de Bienes Nacionales en Concepción una denuncia de herencia vacante por el caso de Bravo. El procedimiento es una especie de alerta para que el fisco se quede con los recursos de una persona que fallece y que no tiene herederos. Quien da el aviso, recibe un premio: el 30% del patrimonio, que en este caso serían más de $2 mil millones.

“Me había llegado información sobre este señor y fui al conservador de bienes raíces y corroboré que tenía muchas propiedades. Hasta un sexto grado de consanguineidad, hay herederos, pero yo no tengo conocimiento de nadie en esta condición. Ahora, han surgido en este tiempo desde testamentos falsos a un testamento privilegiado, de carácter oral, que es muy excepcional. Está pensado para alguien que se muere en un barco, por ejemplo, y no tiene acceso a un notario”, explica Castillo Villagra.

Efectivamente, el abogado Gonzalo Camiruaga Pizarro–quien había estado trabajando en ordenar los bienes de Bravo- presentó en tribunales el 19 de diciembre de 2017, una gestión voluntaria de otorgamiento de testamento privilegiado que da cuenta de que en sus últimos días, Bravo había decidido dar curso a lo que no había hecho en años: manifestar su voluntad de entregar sus activos.

El texto legal fue rechazado en primera instancia y validado luego por la Corte de Apelaciones. Allí se refiere que Bravo al mediodía del 6 de diciembre de 2017, internado en el Sanatorio Alemán de Concepción, pero “en su sano juicio, había afirmado ante los testigos Fred Rudnick de Wingard, Abelardo Eleodoro González Alvarado y Javier Andrés Guerrero Mena –con quienes mantenía una vieja amistad- , que deseaba que “todos sus bienes” fueran distribuidos en partes iguales” entre Nélida del Carmen López Ramírez, Alejandro Piñeyro, Pedro Rivera, Pedro Cáceres y Octavia Dinelli.

Nélida fue su asesora del hogar durante los últimos cuarenta años y compartía residencia con Bravo. Ella lo trasladó a la clínica en un Uber cuando su salud empeoró y se hizo cargo de su funeral. Los otros supuestos herederos son familiares de María Estrella, la esposa de Bravo.

¿Por qué, pese a tener el diagnóstico de una enfermedad mortal, Bravo no realizó antes las gestiones para testar frente a un Notario en una ciudad como Concepción, donde este trámite no supone ninguna dificultad, y sólo con sus últimos suspiros pronunció el nombre de Nélida? Esa y otras preguntas, además del evidente deseo de quedarse con la suculenta gratificación, llevaron a Castillo Villagra a denunciar ante el Ministerio Público este testamento.

“Hasta aquí, salvo el hecho que la situación resultaba extraordinariamente particular y poco frecuente, y al hecho de ver mermado mi legítimo interés en la declaración de herencia vacante, no contaba con otro antecedente, más allá de mi suspicacia y diversos rumores, para desconfiar del procedimiento. No obstante decidí perseverar en mi investigación y búsqueda de mayores antecedentes, lo que finalmente tuvo resultados concretos e inesperados. Así fue como tomé conocimiento que el causante señalado nunca tuvo la intención de otorgar testamento y que los testigos del mismo junto a él fueron compañeros de trabajo en la empresa CAP, razón por la cual los testigos estaban en conocimiento de su patrimonio y que éste se perdería sin un testamento”, señala el abogado en el escrito ante Fiscalía.

El fiscal Nelson Vigueras –quien indagó el derrumbe del Edificio Alto Río durante el terremoto de 2010- tomó el caso y ha estado interrogando a los involucrados. Una diligencia fundamental corresponde a quien fue el contador de Bravo quien asegura que el anciano no deseaba traspasar su fortuna y que quienes se atribuyen hoy la calidad de herederos, se reunieron en varias oportunidades a planificar qué hacer. Estos encuentros son reconocidos por los implicados, pero afirman que no hubo en ellos mala leche, sino sólo un afán de coordinación.

Consultado por el tema, Camiruaga Pizarro, representante de estos herederos, explicó que no puede referirse al asunto por razones de confidencialidad, pero que en ningún caso se puede dudar de la honorabilidad de sus clientes.

La resurrección y la silenciosa amante

Meses después de su deceso, Luis Antonio Bravo se transformó en un gran deudor y en un hombre que por años mantuvo una intensa doble vida.

Fue demandado en La Serena en septiembre por Juan Carlos Alarcón, ciudadano australiano que aseveró que el muerto le debía $1.723 millones correspondiente a un pagaré. Según consta en el reclamo, desde enero de 2003, Bravo mantenía un compromiso pecuniario que se pagaba cada 7 de enero. La obligación vencía en 2022. En 2018, dejó súbitamente de cumplir con su deber y entonces fue requerido judicialmente.

La Fiscalía de La Serena, frente a la cual se presentó una denuncia por los delitos de falsedad de los artículos 206 y 207 del Código Penal, ya corroboró que los timbres de notaría de los pagarés son falsos, pero lo más extraño de este caso no es eso, sino la súbita resurrección de Bravo, quien según Alarcón fue notificado por exhorto en Santiago, por el receptor Sergio Villalobos Magna, los días 29 de junio y 4 de julio de 2018 de su inmenso forado financiero. Su aparición es un auténtico milagro, considerando que ya llevaba más de seis meses bajo tierra.

Lo de Rosa Pérez Verdugo también fue un hecho extraordinario, pero en otro frente: el romántico. Este año, la mujer tramitó la posesión efectiva de una antigua sucesión de Bravo. Se supone que en el año 2000, con 68 años, el ingeniero había realizado en secreto un escrito ante el notario Sergio Rodríguez Garcés de Santiago en que nombraba dos herederas: su esposa y su amante. Si una de ellas fallecía, la otra se quedaba con todo.

“En caso que una cualquiera de mis herederas no me sobreviva, quedará automáticamente heredera universal doña María Estrella del Rosario Cáceres Lillo y/o doña Rosa Ester Pérez Verdugo, ésta última con quien he mantenido una relación extramarital por aproximadamente diez maravillosos años a la fecha, en que ha sido mi compañía en discreto amor, conociendo mi realidad de pareja, siendo mi silenciosa amante y compañera, no exigiéndome más que nuestros pequeños tiempos, en un amor puro y sin condiciones; además, ha sido mi confidente, la persona con quien he podido compartir mis mejores años de felicidad. Espero que mi cónyuge entienda esta decisión y si me sobrevive me perdone por el engaño que he cometido, pero deberá comprender que ésta es mi última voluntad”, señala el poema legal.

El único problema de este acto de generosidad es que el repertorio 1479-2000 de fecha 26 de julio del año 2000 de la Notaria de Santiago de Sergio Rodríguez Garcés no corresponde, como se trató de hacer creer, de un documento de Bravo, sino que se trata de un testamento otorgado por otra persona, Livio Scamperle Musina y la falsa amante de Bravo no aparece mencionado en él. El amor de Rosa resultó ser otra mentira.

Mientras el Ministerio Público continúa las investigaciones de estos delirios, el Registro Civil agregó otra dificultad a quienes buscan quedarse con los $7 mil millones de Bravo. En una respuesta a Fiscalía detalla que en la partida de nacimiento del difunto “se indica como su madre a doña Bertina Bravo, sin run asignado, quien no registran defunción en la base de datos de este Servicio. Padre no se conoce”. Sin certeza de que la madre –la heredera consanguínea que tendría hoy más de 100 años- haya muerto, no se puede repartir el botín.

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