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La xenofobia estalla en Latinoamérica

Actos injustificables: decenas de manifestantes brasileños destruyeron un campamento de migrantes venezolanos en la frontera y en Costa Rica tuvo lugar una inédita protesta contra la presencia de ciudadanos nicaragüenses.

AFP / Isac DANTES

Ocurrió en Europa, cuando la crisis migratoria se agudizó en el Mediterráneo en 2015. También con los sirios que han huido de la guerra, con la comunidad musulmana tras los ataques contra las Torres Gemelas en 2001 y en varios episodios durante la era de Donald Trump. Pero la xenofobia no es sólo un fenómeno del primer mundo. Bajo cuerdas y de manera solapada, aunque también de manera explícita y brutal, en las últimas semanas han tenido lugar varios episodios xenófobos contra venezolanos en Brasil y Perú, y también contra migrantes nicaragüenses en Costa Rica.

En Latinoamérica, los hinchas del fútbol suelen escupir cánticos xenófobos en los estadios. Chilenos cantan contra argentinos, peruanos contra chilenos, argentinos contra brasileños, ecuatorianos contra peruanos y colombianos contra venezolanos, con el correspondiente viceversa. Pero escenas como lo ocurrido el sábado en Pacaraima, una localidad en la frontera entre Brasil y Venezuela, no son para nada común. Ese día, una golpiza provocada supuestamente por cuatro inmigrantes de Venezuela contra el dueño de un restaurante provocó la furia de decenas de residentes brasileños que destruyeron un campamento improvisado de venezolanos.

Los manifestantes arrasaron con todo a su paso, unos 1.200 venezolanos huyeron de vuelta a su país y el Ejército brasileño debió intervenir. Como en los estadios, los residentes brasileños celebraron su "victoria" con el himno nacional. Ayer les preguntaron a los habitantes de Pacaraima si se arrepentían de su acción. "Hicimos lo correcto", fue la respuesta unánime.

En los últimos meses, más de 40.000 venezolanos ingresaron a Brasil por Pacaraima. Las autoridades el estado de Roraima han dicho que el flujo migratorio desde Venezuela ha desbordado los servicios sociales, que los delitos aumentaron –al igual que la prostitución- además de la transmisión de enfermedades. Sin embargo, la destrucción del campamento de inmigrantes venezolanos no tiene justificación alguna.

Tampoco se justifica ni se comprende en un mundo globalizado lo que ocurre en Perú, donde en la última semana han ingresado 20 mil venezolanos. En redes sociales van y vienen mensajes hostiles contra la presencia de la comunidad venezolana, aunque hay quienes han levantado una cruzada más humana para evitar la creciente xenofobia. A partir del sábado Lima exigirá pasaporte a los ciudadanos venezolanos. Lo mismo ya hizo Ecuador. Para algunos se trata de un cierre de fronteras encubierto y poco empático dada la magnitud de la crisis social, económica y política que sufre la Venezuela de Nicolás Maduro.

En el caso de Costa Rica, también el sábado, tuvo lugar una manifestación de tintes xenófobos contra la creciente comunidad de inmigrantes nicaragüenses, que han comenzado a instalarse en el país tras el estallido social contra Daniel Ortega. Pero no pocos costarricenses ven con malos ojos este fenómeno. Así, han comenzado a brotar movimientos neonazis y de anarquistas, mientras las noticias falsas respecto de delitos cometidos por nicaragüenses no han hecho más que exacerbar los ánimos.

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