Por Ricardo OlaveTodo lo que debes saber para salir de camping por Chile
Detrás de la imagen atractiva de acampar por el país, hay pequeñas decisiones que marcan la diferencia entre un viaje satisfactorio y uno que se vuelve una pesadilla. Expertos recomiendan qué llevar, cómo cuidarse, cómo convivir con otros y, sobre todo, cómo relacionarse con la naturaleza sin dañarla.

En medio de una vida plagada de pantallas, una alternativa para descansar de la ciudad y sus ruidos es volver a la naturaleza y encontrar en el silencio la desconexión de lo cotidiano. Acampar es una actividad que, con poco o alto presupuesto, provoca la misma emoción: la búsqueda de aventura cerca de ríos, lagos o montañas, dejando las comodidades tradicionales para que cada persona pueda depender de lo mínimo sin impactar a su entorno.
Chile es un destino privilegiado para el camping, y como los espacios que ofrecen este tipo de servicios cumplen la categoría de alojamientos turísticos, obligatoriamente deben estar registrados en Sernatur. A 2026, son 756 los campings registrados en todo el país. La lista la lideran la Región de Los Lagos con 108 centros, del Biobío (96) y de Aysén (85).
Para Sebastián Vargas, director de Administración en Ecoturismo de la Universidad Andrés Bello (UNAB), el atractivo nacional para este tipo de turismo responde a una combinación difícil de encontrar en otros lugares.
“Chile ofrece una enorme diversidad de paisajes concentrada en un solo territorio, con una infraestructura turística que permite acceder a ellos de manera relativamente segura y ordenada”, explica. Misma opinión comparte Berni Lara, del equipo CampingLife, comunidad de Instagram con más de 13 mil seguidores en torno al viaje, quien dice que somos un “país único”, porque en pocas horas se puede cambiar completamente de paisaje. “Pasas del desierto a la cordillera, del bosque nativo a la costa, de lagos tranquilos a ríos caudalosos”, asegura.

Esta geografía marcada por volcanes, reservas, fiordos, playas y selva valdiviana no sólo define el paisaje, sino que también invita a vivir el territorio al aire libre. A ese atractivo se suma un factor clave que destaca Marianela Loyola, educadora ambiental y fundadora del club Trekking Sur Unido: acampar en Chile entrega “seguridad natural”, debido a la tranquilidad que da la ausencia de grandes depredadores.
“Puedes pasar una noche tranquilamente sabiendo que no habrá serpientes venenosas, osos u otros animales que representen un peligro mortal”, asegura, aumentando la conexión con el entorno.
Para quienes decidan tomar la iniciativa por primera vez, o retoman la costumbre luego de varios años, aquí los especialistas comparten su experiencia y consejos clave para aprovechar el tiempo libre y las luces del verano.
Cómo armar un kit básico
La planificación es el primer acto de autocuidado. Informarse sobre el lugar elegido, confirmar cupos y permisos, revisar normas específicas de parques o campings y evaluar los tiempos reales de desplazamiento puede marcar la diferencia entre una experiencia fluida y una situación de riesgo. Sólo después de eso se puede pensar en el primer elemento esencial: la carpa.
Quienes conocen del tema coinciden en que el equipo es sólo una parte de la ecuación. Desde CampingLife, Berni Lara recalca que la carpa debe elegirse “pensando en el lugar y no en el diseño”. Para el sur de Chile, recomienda modelos con buena resistencia al viento y la lluvia, costuras selladas y un montaje que permita reaccionar rápido ante cambios climáticos. Tan importante como la carpa es saber dónde instalarla: hay que elegir siempre zonas habilitadas, alejadas de cursos de agua y considerando la dirección del viento.

El saco de dormir es otro elemento clave. Marianela Loyola enfatiza que muchas personas subestiman las temperaturas nocturnas estivales del sur. “Incluso en verano, las mínimas pueden ser bajas, especialmente en zonas cordilleranas o cercanas a lagos”, añade. La experta aconseja elegir sacos adecuados al rango térmico del lugar y complementarlos con una colchoneta aislante, que aporte comodidad y aísle del frío y la humedad.
La vestimenta también es parte del kit básico. Para la fundadora del Club de Trekking Sur Unido, la ropa es “el primer refugio del campista”, y su elección debe basarse en el sistema de capas: la primera capa base que mantenga el cuerpo seco, una térmica que conserve el calor y una exterior impermeable y cortaviento.
Desde el ámbito de la salud y la seguridad outdoor, Rocío Zúñiga, académica de Enfermería en la UNAB sede Concepción, recuerda elementos esenciales. Una buena protección solar, lentes con filtro UV y una correcta hidratación, incluso en días nublados, son parte de sus consejos. A eso se suma un botiquín básico con insumos para tratar ampollas, pequeñas heridas, picaduras y malestares comunes, junto con el conocimiento mínimo para usarlos correctamente.

El manejo de la alimentación también forma parte del equipamiento esencial. Aquí no habrá grandes banquetes y se deben priorizar comidas simples, de fácil preparación y bajo impacto. Para ello, se debe contar con cocinillas en buen estado, utensilios reutilizables y un manejo responsable de los residuos. Aquí coinciden los expertos: todo lo que entra al campamento debe salir con el campista.
Otros detalles esenciales
Para quienes se acercan por primera vez al camping en el sur, desde CampingLife recomiendan zonas como Futaleufú, Cochamó, Cochrane y Hornopirén. Son lugares que combinan paisajes imponentes con campings habilitados, servicios básicos y experiencia en recibir visitantes.
“Creemos que partir por zonas donde otros campistas ya han vivido, recomendado y aprendido hace que la experiencia sea mucho más segura y disfrutable”, señala Berni Lara. En ese sentido, la comunidad comparte datos desde la vivencia directa.
El consejo principal para alguien que planea su experiencia de camping este verano es, a ojos de Sebastián Vargas, de la UNAB; entender que acampar implica una responsabilidad activa con el lugar que se visita. “No se trata sólo de disfrutar del paisaje, sino de hacerlo sin dejar huella”, enfatiza.

Entre los errores de planificación más comunes está quienes llegan a acampar al sur sin conocer bien la zona. Vargas aconseja no confiar demasiado en el clima, al saber que muchos asumen que el verano garantiza días despejados y temperaturas estables. “En el sur, las lluvias, el frío nocturno y el viento pueden aparecer sin aviso, afectando tanto la comodidad como la seguridad de la experiencia”, recuerda.
A esto se suma, cada vez con más frecuencia, una sobreconfianza en la tecnología. Muchas personas dependen exclusivamente del GPS o del teléfono celular para orientarse, y asumen que existirá conectividad permanente, sin contar con mapas físicos ni referencias básicas del territorio, incluso sin pensar en baterías recargables.
“En amplias zonas del sur la señal es limitada o inexistente, y cuando la tecnología falla, la falta de preparación puede transformarse rápidamente en un riesgo real”, advierte.
También es común una planificación centrada sólo en el destino, sin considerar el trayecto ni las condiciones reales del lugar, como accesos, distancias, servicios disponibles o normativas locales. Errores que, a juicio del académico, no sólo complican la vivencia personal, sino que generan impactos innecesarios en entornos naturales y comunidades locales.
Por último, pero no menos importante, el manejo del fuego es uno de los puntos más sensibles del camping, especialmente en verano. Incendios forestales de gran magnitud han demostrado que una fogata mal gestionada puede tener consecuencias irreversibles para los ecosistemas y las comunidades locales. Por eso, la recomendación transversal es clara: sólo hacer fuego en zonas expresamente habilitadas, respetar las prohibiciones vigentes y preferir cocinillas portátiles como alternativa segura.
Camping y grupos de mayor riesgo
Más allá del equipo básico, otros factores importantes antes de salir a acampar es el manejo del cansancio referente a las pausas y la tolerancia a la frustración. Marianela Loyola señala que quien decida ir a la aventura debe estar preparado para que llueva cuatro días seguidos, lo que puede provocar el tener que cambiar la ruta, así como saber primeros auxilios básicos.
Esa planificación realista incluye conocer el entorno, revisar pronósticos climáticos, entender las normas del lugar y evaluar honestamente las propias capacidades y las del grupo. “Cada territorio tiene condiciones distintas, y asumirlas con anticipación es clave para una experiencia segura y respetuosa”, define el académico UNAB Sebastián Vargas, agregando que, ante el cambio climático, es más frecuente que ocurran eventos extremos y menos predecibles según las condiciones del entorno.
Dependiendo del equipo de viaje, hay grupos de riesgo que, tomando precauciones, pueden disfrutar de una experiencia notable. En zonas agrestes o de difícil acceso, donde la ayuda externa puede tardar en llegar, esta planificación cobra aún más relevancia.
La enfermera y académica UNAB Rocío Zúñiga enfatiza que, en el caso de los niños, estos suelen ignorar las señales de sed mientras juegan, por lo que deben ser hidratados de forma frecuente con agua, evitando bebidas azucaradas. Además, necesitan supervisión constante para prevenir caídas y lesiones.
Las personas mayores, en tanto, presentan una menor capacidad para regular la temperatura corporal y una disminución de la sensación de sed, lo que eleva el riesgo de deshidratación y golpe de calor. A esto se suma, en algunos casos, una menor movilidad, por lo que la compañía y supervisión resultan fundamentales.
En personas con enfermedades crónicas, pensando que en Chile diagnósticos como hipertensión, diabetes, insuficiencia cardíaca o patologías renales son comunes, el riesgo es aún mayor.
“Algunos medicamentos pueden alterar la regulación del calor o agravar los efectos de una deshidratación”, señala Zúñiga. Mantener los tratamientos, almacenar correctamente los fármacos, evitar actividad física exigente y no acampar en solitario son medidas clave.
Qué hacer en caso de emergencia
La enfermera Rocío Zúñiga plantea que escenarios como la sobreexposición al sol en horarios no recomendados, confiar en toldos o sombras como única protección y no aplicar bloqueador solar varias veces al día, son errores frecuentes que pueden costar caro.
“La radiación se refleja en la arena, el agua o el suelo seco y puede causar quemaduras incluso bajo sombra”, advierte. También son comunes los accidentes en playas, ríos o piscinas no habilitadas, las picaduras de insectos, mordeduras de arañas, el riesgo de hantavirus en zonas rurales y las lesiones por deportes extremos o por no usar implementos de seguridad como casco o cinturón.

Las medidas entregadas por el Ministerio de Salud para prevenir el Hanta en campings y paseos son las siguientes:
- Elegir lugares limpios y libres de matorrales y pastizales.
- Usar carpa con piso, cierre y sin agujeros.
- Guardar alimentos en envases resistentes y cerrados.
- No dejar ollas y utensilios al alcance de los ratones.
- Caminar sólo por senderos habilitados.
- No internarse entre matorrales y pastizales.
- No recolectar ni consumir frutos silvestres.
- Mantener la basura en recipientes cerrados; si es necesario, enterrarla.
- Beba sólo agua segura (potable, envasada, hervida o desinfectada).
Otro tema es el manejo de la comida. Las enfermedades transmitidas por alimentos (ETA) aumentan durante el verano, especialmente en contextos al aire libre. Para prevenirlas, Zúñiga recalca la importancia de lavar frutas y verduras, mantener refrigeradas carnes, pescados, mariscos y lácteos, usar contenedores que conserven la cadena de frío y separar siempre alimentos crudos de los cocidos.
Una escuela de austeridad
Más allá del equipamiento y la logística, quienes viven el camping de manera recurrente coinciden en que se trata de una actividad formativa. Marianela Loyola lo define como una “escuela de la austeridad”, ya que es una forma de desarrollar una ética del cuidado que trasciende el viaje.
En tiempos de alta demanda estival, los principios de “No deje rastro” se vuelven fundamentales para reducir el impacto humano en ecosistemas frágiles.
Lo importante es respetar las normas no sólo como una obligación legal, dice Sebastián Vargas, académico de Ecoturismo UNAB, sino como una forma concreta de cuidar los territorios que visitamos. “Estas reglas suelen basarse en la experiencia de guardaparques, comunidades locales y equipos técnicos que conocen la fragilidad de los ecosistemas y los riesgos presentes”, sentencia.
Informarse y respetar las normas es una expresión básica de responsabilidad ambiental y social, especialmente en territorios que ya enfrentan una fuerte presión turística. Sólo así, el camping será mucho más que una experiencia de un verano: un recuerdo para el resto de la vida.
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