Lancia Delta HF 4WD: Un Grande Campione

Entre fines de los 80 e inicios de los 90, Lancia cuajó sus años más exitosos en el WRC, con un inédito hexacampeonato de mano del Delta. Y no era tarea sencilla, puesto que la firma italiana ya había cosechado éxitos en la década del 70, con el recordado Stratos. ¿Cuál fue la diferencia? Mientras el antiguo coupé fue hecho desde cero como un auto de carreras, el Delta -como un cachorro bien entrenado- forjó poco a poco su temido pedigrí.




Hace 40 años, el Salón de Frankfurt fue el escenario del destape del Lancia Delta, un hatchback nacido del ingenio de Giorgetto Giugiaro que meses después ganaba el premio al Auto del Año en Europa. Era una especie de vaticinio para un vehículo que, concebido como uno de calle, terminó convertido en un monstruo de los rallies, consiguiendo la imbatible marca de seis títulos del WRC.

Claro que el éxito deportivo no fue inmediato. La chispa la encendió en 1986 el Delta HF 4WD, el primero de la saga en desempaquetarse e incorporar la tracción total para poner de lleno los ‘pies’ en el barro. Justamente una de esas unidades salidas del complejo de Chivasso, en Turín, hoy despierta pasiones en Chile. “Este auto tiene un temperamento y un carácter excepcional”, dice de entrada su propietario, un ingeniero civil de 48 años, quien en 2018 concretó su sueño de adolescente, comprando el auto al que vio ganar los campeonatos del Grupo A de 1987 y 1988.

Ese, a su juicio, es el gran plus de esta versión, que podría llamarse el germen del posterior Delta Integrale. “Hoy no puedes tener el auto del rally, porque el modelo de calle no tiene nada que ver. En este caso te comprabas el Delta, lo preparabas un poco y tenías el mismo que corría”, detalla el hombre, apuntando a un póster del famoso Lancia del equipo Martini derrapando sobre nieve.

Por su parte, Cristián Ramírez (@autotorino_chile), mecánico del auto, hace el punto en el afán de Lancia por siempre mejorar algo cuyos inicios no se ligaron precisamente al desempeño (el Delta de 1979 nació con solo 76 caballos). “Esta unidad en particular tiene el clásico motor Fiat Lampredi, diseñado por Aurelio Lampredi en los 60 y que tuvo varias evoluciones a través del tiempo, a tal punto que se le agregaron la inyección electrónica y el turbo”. Ambos coinciden en que ese es el motivo por el que el Delta tuvo más de 50 variaciones antes y después del HF 4WD. “Luego de este -que fue el primer 4x4- viene el HF Integrale (188 Hp); más tarde el HF Integrale con motor de 16 válvulas (200 Hp) y, finalmente, llegaron los HF Integrale Evo 1 y Evo 2 (210 y hasta 250 caballos)”, repasa. En la práctica, en una misma carrocería que recibió mínimos ajustes, los ingenieros fueron capaces de triplicar la potencia.

Una buena terapia

El dueño de este ejemplar importado desde Canadá y que tiene solo 65 mil km en el odómetro, sonríe seguido cuando habla de las sensaciones que le genera el Delta HF 4WD. Explica que sobrepasa con facilidad los 180 km/h y que lo hace siempre manteniendo la compostura. Posee frenos de discos en las cuatro ruedas y necesita 42 metros para detenerse por completo desde los 100 km/h.

“Esto es como mi máquina del tiempo. Lo primero que me emociona es que entras al auto y tiene ese olor especial. Los autos antes olían diferente, porque no tenían catalizador ni una serie de cuestiones que hoy son requisito”, detalla. Recuerda cuando llegó a la casa con su flamante adquisición: “Tengo dos hijos, de 13 y 15 años. Toqué la bocina y vinieron corriendo. Se subieron y lo primero que me preguntaron fue: ‘Papá, ¿los vidrios de atrás no se bajan?’. Tuve que explicarles que antes los autos no tenían alzavidrios eléctricos y que eran hasta incómodos". Sobre la sensación de manejo señala que "yo pensaba ‘¿no será que me faltan porotos?’. Es que te bajas cansado. Antes era difícil manejar. Todo era más duro, el embrague, el acelerador, la dirección. De todos modos me encanta, y es maravilloso que si lo hago girar, por ejemplo, suene”.

Por último, este padre de familia dice que el HF 4WD lo hace poner los pies en la tierra. “En un auto viejo de repente falla algo, te quedas en pana, no arranca... y la vida es un poco eso. Con tanta comodidad empiezas a darlo todo por hecho y es lo que pasa con las nuevas generaciones. Acá no es así. Tú te persignas, giras la llave y esperas que arranque. OK, salimos. Uno aprende a ser agradecido. Piensas ‘qué bien lo hemos pasado’, ‘el paseo salió increíble’. Hay muchas cosas que hoy en un auto moderno son demasiado cotidianas”, reflexiona. “Con este auto tengo que abrir el capó, revisar el nivel de aceite, el líquido del refrigerante y de ahí girar la llave. ¿Tú haces eso con tu auto?”.

La historia del Delta se encaminaba a ser como la de cualquier otro compacto familiar europeo, pero la búsqueda de la desaparecida Lancia por las emociones fuertes terminó formando a un campeón. A este gran campeón. MT

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