Mundo

La agudización de la guerra en Medio Oriente aumenta el riesgo de una crisis de refugiados sin precedentes

Según ACNUR, la escalada militar en la región ya desplazó a 3,2 millones de iraníes. Con una población de 90 millones de habitantes, la Agencia de Asilo de la UE señaló que el riesgo de que el 10% de su población emigre podría suponer uno de los mayores flujos de refugiados de la historia, lo que amenaza con colapsar los precarizados sistemas de acogida a nivel mundial.

Familia desplazada debido a la guerra en Medio Oriente. Foto: Archivo

En la madrugada del 2 de septiembre de 2015, el niño de tres años Aylan Kurdi, junto a su hermano de cinco, Galip Kurdi, y su madre, Rihan Kurdi, murieron ahogados luego de que la embarcación en la que viajaban volcara durante el trayecto de unos 12 kilómetros entre Bodrum y la isla griega de Kos. La familia escapaba del asedio sobre Kobane, una localidad kurda en Siria atacada por el grupo Estado Islámico.

La imagen del cuerpo sin vida de Aylan, tendido boca abajo en una playa turca, generó conmoción global y se transformó en un símbolo del costo humano de la guerra civil siria: un solo niño que pasó a representar a millones de personas forzadas a huir de la violencia y la persecución.

Hoy, con un nuevo conflicto que afecta a Irán, el escenario parece repetirse, aunque con un potencial aún más devastador. La guerra en Medio Oriente, iniciada tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel en contra de Irán el 28 de febrero pasado, podría estar alimentando una nueva crisis internacional de refugiados con repercusiones en la región y Europa.

Ante el colapso de las redes eléctricas, las evacuaciones de ciudades y el deterioro de la seguridad, millones de personas que viven en Irán —incluidos refugiados ya desplazados por conflictos anteriores— se enfrentan a una difícil disyuntiva: quedarse o huir.

Irán no es simplemente otro país inmerso en la inestabilidad regional. La República Islámica ya es uno de los mayores países de acogida de refugiados del mundo. Según la revista Forbes, se estima que el país alberga a unos 3,8 millones de refugiados y migrantes afganos, entre ellos unos 750.000 refugiados registrados y más de 2,6 millones de afganos indocumentados que han huido de décadas de conflicto en Afganistán.

Si la inestabilidad se extiende y la gente comienza a abandonar Irán en grandes cantidades, los países vecinos -que ya soportan una importante carga de refugiados- probablemente serían los primeros destinos.

Un edificio en Irán destrozado tras ataques de Israel. Foto: Europa Press

Para los refugiados afganos que viven en Irán, la crisis actual agrava una existencia ya de por sí precaria. Muchos de ellos han vivido en el país durante décadas, pero siguen sin estatus legal permanente. En los últimos años, las presiones económicas y las tensiones políticas han dado lugar a políticas migratorias más estrictas y a un aumento de las deportaciones.

Solo en 2025, más de un millón de afganos regresaron de Irán, lo que puso a prueba la frágil infraestructura humanitaria y creó un nuevo ciclo de desplazamiento.

Ahora, con la escalada de tensiones militares en Irán, tanto los ciudadanos iraníes como estos refugiados se enfrentan a una renovada inseguridad. El resultado podría ser un éxodo masivo de personas que buscan refugio fuera de las fronteras de Irán. Ante esta situación, personal del ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados) se está movilizando desde Irán y Afganistán hacia Líbano y Siria para apoyar a las personas obligadas a huir de sus hogares a medida que se intensifica la crisis regional.

De desplazados a refugiados

Según la misma agencia de asistencia humanitaria, entre 600.000 y un millón de grupos familiares iraníes -es decir, hasta 3,2 millones de personas- han huido de sus hogares en calidad de desplazados del conflicto. La mayoría huye de Teherán y otras grandes ciudades hacia el norte rural, escapando de los ataques que comenzaron el 28 de febrero.

En este contexto, la Agencia de Asilo de la Unión Europea emitió una advertencia: con una población de Irán de aproximadamente 90 millones de habitantes, incluso una desestabilización parcial podría generar movimientos de refugiados de una magnitud sin precedentes. Así, la agencia señaló que el desplazamiento de tan solo el 10% de la población iraní podría rivalizar con los mayores flujos de refugiados de las últimas décadas.

Para comprender a qué podría enfrentarse Europa, basta con recordar la guerra civil siria, un conflicto que transformó radicalmente la política y las sociedades del continente. En julio de 2015, más de cuatro millones de refugiados sirios habían huido a países vecinos. Según ACNUR, Turquía acogió a 1.805.255 refugiados sirios, Líbano a 1.172.753, Jordania a 629.128, Irak a 249.726 y Egipto a 132.375.

La población refugiada de Líbano representaba aproximadamente una de cada cinco personas en el país, mientras que la de Jordania constituía cerca del 10% de su población, según Amnistía Internacional. Turquía se convirtió en la puerta de entrada crucial a Europa. Más de 800.000 refugiados y migrantes llegaron a Grecia a través del mar Egeo desde Turquía en 2015, lo que representó el 80% de las personas que llegaron irregularmente a Europa por mar ese año.

Así, según consignó Newsweek, la proximidad geográfica y las redes migratorias establecidas convirtieron a Turquía en el corredor natural para los refugiados que buscaban llegar al continente, un papel que probablemente desempeñaría de nuevo si el conflicto de Irán impulsa un movimiento similar hacia el oeste.

Niños desplazados en Beirut, Líbano: Foto: Archivo

“La principal razón del extraordinario año 2015 en cuanto a refugiados en el Egeo fue la pérdida de esperanza entre muchos de ellos”, afirmó Gerald Knaus, fundador y director de la Iniciativa Europea de Estabilidad, a la revista estadounidense. “Sin embargo, la segunda razón es igualmente importante: Turquía permitió la entrada de sirios. Hoy, y desde hace muchos años, esto ya no es así”, agregó.

Más de un millón de refugiados y migrantes llegaron a Europa por mar solo en 2015. De ellos, unos 972.500 cruzaron el mar Mediterráneo, y otros 34.000 cruzaron desde Turquía a Bulgaria y Grecia por tierra. La mitad de quienes cruzaron el Mediterráneo ese año -500.000 personas- eran sirios que huían de la brutal guerra civil de su país. El costo humano fue devastador: unas 3.735 personas fueron reportadas como desaparecidas y se cree que se ahogaron en 2015. Para cuando el cuerpo de Aylan Kurdi apareció en la costa, más de 300.000 personas habían arriesgado sus vidas para llegar a Europa, y más de 2.600 habían perecido en el intento.

Por esto, si el desplazamiento de población iraní se acelera, Turquía e Irak son los destinos inmediatos más probables debido a su geografía y a las rutas migratorias existentes. Sin embargo, ambos países ya se encuentran bajo una presión considerable debido a oleadas de refugiados anteriores.

Turquía acoge actualmente a una de las mayores poblaciones de refugiados del mundo. En 2024, el país brindaba protección temporal a aproximadamente 2,9 millones de sirios, además de cerca de 200.000 refugiados y solicitantes de asilo procedentes de Afganistán, Irak, Irán y otros países.

Irak también enfrenta una grave crisis humanitaria. Según el ACNUR, el país acoge a más de 340.000 refugiados y solicitantes de asilo, la gran mayoría sirios, muchos de ellos residentes en la región del Kurdistán.

Ambos gobiernos han lidiado con los desafíos económicos y políticos asociados a estas poblaciones. La llegada de más refugiados procedentes de Irán podría intensificar las tensiones internas, aumentar la competencia por empleos y vivienda, y ejercer aún más presión sobre los ya limitados servicios sociales.

Sistemas de acogida al límite

Una posible oleada de refugiados procedentes de Irán se da en el contexto de una crisis mundial de desplazamientos que ya ha alcanzado niveles históricos. Según el ACNUR, a finales de 2024, más de 123 millones de personas en todo el mundo fueron desplazadas forzosamente debido a conflictos, persecución y desastres.

Al mismo tiempo, las oportunidades de reasentamiento en los países más ricos se han reducido.

Los desplazados internos sudaneses y los refugiados sursudaneses se dirigen de Renk a Malakal en barcazas repletas. Foto: ACNUR Ala Kheir

En Estados Unidos, el límite anual de admisión de refugiados ha disminuido drásticamente en la última década: de 110.000 en 2016 a tan solo 7.500 para el año fiscal 2026, con suspensiones temporales de admisión en ciertos momentos. Este cambio también ha venido acompañado de recortes en la financiación de las agencias de reasentamiento y los programas humanitarios.

La disminución de las vías de reasentamiento implica que los refugiados a menudo permanecen en los países de acogida durante años, incluso décadas.

Dado lo anterior, las organizaciones humanitarias advierten cada vez con mayor frecuencia que las crisis regionales no pueden ser gestionadas únicamente por los estados vecinos. Según Forbes, diversos organismos —entre ellos ACNUR— han insistido repetidamente en la necesidad de compartir responsabilidades a nivel internacional, lo que incluye la ampliación de los programas de reasentamiento, la ayuda humanitaria y la asistencia para el desarrollo a los países que acogen a grandes poblaciones de refugiados.

Las organizaciones humanitarias destacan que la intervención temprana puede evitar que las crisis se agraven. El apoyo a los refugiados en países como Turquía, Irak e Irán puede estabilizar las comunidades, reducir la migración irregular y ayudar a las personas desplazadas a reconstruir sus vidas.

Sin este apoyo, los flujos de refugiados suelen intensificarse, llegando finalmente a regiones mucho más allá del conflicto original.

Europa dividida

El conflicto con Irán ha puesto de manifiesto las profundas divisiones que existen en Europa respecto a la política migratoria. En enero de 2026, España anunció que otorgaría estatus legal a unos 500.000 inmigrantes indocumentados que ya se encontraban en el país. Y, aunque la decisión española se produjo antes del inicio de la guerra con Irán, las autoridades europeas temen que cualquier oferta de asilo pueda generar un efecto de atracción si los refugiados iraníes comienzan a huir en masa.

Según Newsweek, esta decisión generó tensiones con Francia, que comparte frontera con España, y teme una afluencia masiva de inmigrantes que se aprovechen de las políticas más permisivas de España.

Refugiados retornan a Siria. Foto: ACNUR

La tensión producida por una eventual crisis de refugiados se debe a las fracturas surgidas durante la crisis de 2015, cuando los desacuerdos sobre el reparto de la carga migratoria y el control de fronteras amenazaron la unidad de la UE.

Ahora, sin embargo, la diferencia radica en que el panorama político europeo se ha desplazado significativamente hacia la derecha, con líderes antiinmigración como la italiana Giorgia Meloni y el húngaro Viktor Orbán.

Mientras la guerra en Irán entra en su sexta semana, los trabajadores humanitarios temen que la historia de Aylan Kurdi se repita en las playas europeas. La crisis de 2015 transformó la política europea, impulsó el auge de los movimientos de extrema derecha y reavivó el debate sobre las fronteras abiertas dentro de la UE. Una nueva oleada de desplazamientos procedentes de Irán pondría a prueba la unidad europea, los compromisos humanitarios y la estabilidad política como no se ha visto en el continente en generaciones.

Más sobre:IránMedio OrienteRefugiadosEuropaACNURMundo

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE