Tres meses de protestas provocan muerte y dolor en Nicaragua

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Amigos y familiares cargan el ataúd de José Esteban Sevilla Medina, muerto en enfrentamientos el lunes, en Masaya.

Organismos de DD.HH. cifran en más de 350 los fallecidos tras las manifestaciones contra Daniel Ortega. Familias de luto, estudiantes y mujeres con miedo conviven con la represión en el país centroamericano.




El conflicto social y político cumple 90 días en Nicaragua y la violencia no parece ceder. Ayer la oficina de Derechos Humanos de la ONU acusó a la policía y las autoridades del gobierno de Daniel Ortega de haber matado y encarcelado a personas sin someterlas a un juicio y de cometer actos de tortura. La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos denunció que durante la última jornada murieron tres personas en Masaya, los que se suman a los 350 fallecidos desde que se iniciaron las protestas el 18 de abril. Estos son algunos de los testimonios entregados a La Tercera por nicaragüenses víctimas de la violencia en ese país.

Líder universitario

Jonathan López es uno de los líderes de la Coordinadora Estudiantil en Managua, la misma que se tomó la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. El viernes, él junto a otros compañeros debieron refugiarse en una iglesia a raíz del ataque de paramilitares. "Escuchabas como disparaban y disparaban y de repente venía un silencio que era cuando recargaban las armas. Algunos de los doctores de las brigadas médicas nos decían que eso era un fusil M-16, un AK-47 o el fusil de un francotirador Dragunov. Con ese asesinaron a Gerald (Vásquez) y a Francisco José (Flores) de un disparo en la cabeza. La iglesia parece queso por la cantidad de hoyos que dejaron las balas", dice López.

Perder a un hijo

"Veo las fotos y pienso: ¿cómo es posible que lo mataran? Es un dolor inmenso", relata Yader Vásquez, padre de Gerald. "A mi hijo le gustaba bailar folclor, por eso llegaron sus compañeros a bailarle al funeral. El mismo domingo hace tres años bailó para el gobierno, los mismos que ahora le dicen que era un delincuente, terrorista y vándalo. Ellos siguen jugando con el dolor del pueblo", dice Vázquez, que siente temor por su familia. "Ellos saben dónde vivo y pienso: ¿a qué hora van a venir a buscarme? Tampoco me voy a esconder, la lucha no será de los hijos, sino de los padres".

Mujeres en El Chipote

Fuera de El Chipote, la cárcel donde la policía lleva a los detenidos de la oposición, cientos de mujeres esperan noticias de sus familiares. "Lo más dramático es que las mamás medio se alegran al saber que sus hijos están detenidos porque, sino aparecen asesinados producto de las detenciones ilegales", relata Haydée Castillo, activista y defensora de derechos humanos.

Las mujeres también han sido víctimas de ataques de paramilitares. "Algunas mujeres han sido violadas por los paramilitares y están llenas de miedo y no quieren denunciar. Mientras que las mujeres defensoras de derechos humanos somos estigmatizas y nos criminalizan."

La comandante

No quiere ser identificada por temor a represalias, pero es una de las mujeres que dirige el movimiento estudiantil en Managua. "Los paramilitares nos odian, nos quieren ver muertos y desaparecidos a todos los jóvenes", sostiene la comandante.

Desde el 19 de abril, un día después del inicio de las protestas en Nicaragua, se formaron distintos movimientos en universidades. "Los que logramos escapar el fin de semana fuimos perseguidos, a algunos los tienen detenidos. La policía dice que teníamos armas, nos acusan de golpistas. En El Chipote tienen detenidos a entre 10 a 15 estudiantes y de los otros dos no sabemos nada. Por eso exigimos que los liberen, porque no somos delincuentes", señala por teléfono.

El cese de violencia se ve cada día más lejano en Nicaragua. "No vemos conveniente seguir organizándonos, porque la mayoría de nosotros tiene miedo y presos no hacemos nada", concluye.

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