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Banco de tejidos: la primera línea en la recuperación de heridas y quemaduras

En el organismo encargado de suplir córneas, amnios, piel y huesos trabajan 14 profesionales. Y aunque su labor apunta a diversos casos, se concentran esencialmente en emergencias, como la de hace algunas semanas en Renca. Ahí han estado los últimos esfuerzos.

Banco de tejidos: la primera línea en la recuperación de heridas y quemaduras Gustavo Pineda

Muy poca gente sabe que el centro de Salud Capredena, en Paseo Bulnes 284, alberga entre sus cimientos reservas de un órgano que puede hacer la diferencia entre la vida o la muerte. En el piso tres del edificio, un equipo de 14 personas, casi instintivamente, formaron el Banco Nacional de Tejidos y ahora son la primera línea de recuperación para heridas severas, como las quemaduras.

Ellos son los encargados de recepcionar donaciones de tejidos de todas partes del país, procesarlos, almacenarlos, generar un stock y distribuirlos a nivel nacional. Por estos días, la meta es una sola: hacerles llegar el tejido a los establecimientos que atienden a los heridos de la explosión de Renca, una de las emergencias más difíciles que les ha tocado enfrentar.

Como muchas instituciones, el banco de tejidos pasa gran parte del año preparándose para los meses de altas temperaturas, donde el riesgo de incendios forestales aumenta. Saben que ellos serán quienes proveerán lo necesario para tratar a quienes resulten heridos por las llamas. Justamente esa planificación es la que hoy les permite atender a quienes estuvieron en el accidente de Renca. “Cuando pasó esto, el banco contaba con la cantidad de tejido necesario y tanto en el sistema público como en el privado se distribuyó”, cuenta el director del Banco Nacional de Tejidos, Sergio Reyes.

Esta, sin embargo, no es la primera emergencia que enfrenta el equipo. De hecho, en su corta vida como institución han encarado desafíos importantes, como los incendios de Viña del Mar en 2024 o el de Santa Juana el año anterior.

Ellos son los encargados, frente estas urgencias, de enviar los tejidos necesarios a los pacientes, luego de que quienes los tratan determinen que es esencial para sus tratamientos. Por ejemplo, la semana pasada enviaron algunos metros cuadrados a la Clínica Indisa, donde hay heridos de la explosión de Renca.

Pero el sueño de los 14 especialistas que forman el banco de tejidos no es solo atender urgencias, sino también otros diagnósticos.

Pamela Vidal, enfermera supervisora del banco, explica que “ahora tenemos que estar un poco priorizando, pero si tenemos más productos, más tejidos, podríamos usarlos en otras oportunidades, como las reconstrucciones oncológicas o amputaciones de pie diabético, por ejemplo. Durante el año, cuando no está el período de emergencia, se usa la piel para eso, pero tenemos que tener un stock crítico resguardado para los pacientes que sufren grandes quemaduras, porque estos trasplantes salvan vidas”.

Reyes, en tanto, agrega que “si tenemos mucha presión y nos pasamos, tenemos que pensar en cómo lo hacemos; ahí se analiza la posibilidad de solicitarles a los países vecinos”. La semana pasada, por ejemplo, el banco tenía 4,9 metros cuadrados de stock de piel y 1,3 metros cuadrados de amnios, reservas buenas.

El origen del banco

No estaba en los planes formales de ninguna autoridad de salud de los últimos años formar el banco de tejidos como se conoce ahora. Todo inició en el Hospital San Borja en algún punto del 2010, cuando un grupo de profesionales con conocimientos en la materia, por interés propio, empezó a incursionar. Pero no fue hasta 2017 que se oficializó.

Primero estaban ubicados en ese establecimientos hospitalario, pero después del incendio que lo afectó en 2021 se mudaron a Capredena. “Es casi algo anecdótico. Hay muchas cosas en salud que parten de un interés de enfermería o de otras profesiones, y ese hospital logró que se transformara en algo nacional”, relata el director del banco. Actualmente, es un centro de referencia nacional, por lo que está vinculado con centros públicos y privados de todo el país.

En específico, el banco trabaja con cuatro tejidos: córneas, amnios, piel y huesos. Dependiendo del caso, pueden procurarse de donantes vivos o fallecidos (por muerte encefálica o paro cardiorrespiratorio), siempre y cuando cumplan con una serie de requisitos. Y la aspiración es llegar a más donantes.

Michelle Cruz, enfermera referente del Programa Piel Humana, explica que muy pocos centros aportan con tejidos de cadáveres, cuando es de este que se pueden obtener seis metros cuadrados, lo que equivale a cinco donantes vivos, que es de donde proviene la mayoría de las donaciones actuales, después de abdominoplastías o mastectomías.

Cruz advierte que el obstáculo que enfrentan para obtener más tejidos de este tipo de donantes “es más que nada la reticencia de los familiares, porque piensan que cuando se saca el colgajo de la piel queda el músculo. Pero no es así. Es como cuando uno va a la playa, se broncea y se empieza a salir la piel -los cueritos- y queda más blanco. Así queda. No es nada impactante para las personas. Pero mucha gente, por creencias o por temas religiosos, que también nos pasa con otros tejidos, no quiere hacerlo. Ahí hay que mejorar la estrategia de cada centro. Y nosotros potenciar a los centros privados y públicos para que lo hagan”.

Otro punto que la enfermera dice que puede incidir es que el trabajo que realizan no es muy conocido, pero asegura que este proceso puede significar una gran diferencia para los pacientes.

Tenemos un trabajo silencioso, pero bastante robusto. Somos bien especialistas en el tema y trabajamos de forma desinteresada. Somos muy altruistas, todo lo que hacemos, lo hacemos de forma muy comprometida, todos. Tal vez no tenemos un trabajo muy público, pero se requiere”, afirma.

“El tema de promover la donación es una cosa clave, que se difunda, que las personas conozcan en qué consiste el proceso, porque si bien la piel de fallecidos es súper atingente para el gran quemado, no es el único uso que hay”, concluye Vidal.

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