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Efecto imitación: más de 60 colegios han suspendido clases por amenazas, a dos semanas del crimen de inspectora en Calama

Desde el viernes 27 de marzo, en 14 de las 16 regiones del país se han visto recintos suspendiendo actividades académicas por advertencias de masacres o tiroteos. Y si bien es un porcentaje menor de los más de 11 mil recintos de Chile, el fenómeno va al alza y no proyecta detenerse.

Basta con escribir “suspensión de clases” en buscadores de internet para encontrarse con decenas de ejemplos a lo largo de casi todo Chile. El fenómeno es tan latente que incluso es motivo de conversación en WhatsApps de alcaldes oficialistas, donde incluso ayer seguían advirtiendo de los hechos que se reiteran con frecuencia durante estos últimos días.

¿Los más recientes? Este viernes el Colegio North American College de Arica lo hizo tras la viralización de una amenaza de tiroteo, algo similar a lo ocurrido en el Colegio Polivalente Novo Horizonte de Quilicura y en el Liceo Bicentenario Instituto Politécnico de Santa Cruz. El Colegio El Raco de Puente Alto, el Liceo de Teno y el Colegio San José de Cabrero optaron por el mismo camino.

Medidas de ese tipo han sido la tónica desde que el viernes 27 de marzo un estudiante mató a una inspectora en Calama, lo que encendió las alarmas en el Mineduc por el riesgo de imitación. De este fenómeno, Carolina Pezoa, directora de Psicología de la U.Central, dice que “no es automático ni podemos hacerlo universal, depende de múltiples factores”. Uno de ellos tiene que ver con aprendizajes por observación, donde situaciones significativas y efectivas aumentan la probabilidad de ocurrencia. El otro es la normalización social de una violencia que “se va legitimando como forma para resolver conflictos”.

“Hoy habrá tragedia en este colegio con pistolas incluidas. Llegó el día. 6 de abril”, o “En cualquier momento me hago una Calama”. Esos son algunos de los avisos que han recibido diversos establecimientos del país, tanto públicos como particulares. Son, según cifras del Mineduc actualizadas al 9 de abril, 58 colegios los que desde ese 27 de marzo han suspendido clases por alguna amenaza. Si a eso se suman los -al menos- ocho eventos de ayer no incluidos en ese conteo, la cifra llega a 66. Según el Mineduc, las regiones con más eventos son la Metropolitana (16), Valparaíso (7), Antofagasta y Los Ríos (5). Al corte de ese balance solo dos regiones no habían vivido algo así: Atacama y Ñuble.

Los ejemplos, dicho está, abundan. Una de las primera suspensiones fue el 30 de marzo. Una amenaza de muerte generalizada en el Centro Educacional Luis Rutten de Talca fue el gatillante de la medida de suspensión. “Ya me cansé de toda esta wea. Si quieren vivir no vayan a clases el lunes 30”, se leía.

PEDRO TAPIA/ATON CHILE

El jueves de esa misma semana en el Colegio Salesianos de Linares no hubo clases por un rayado que advertía un tiroteo, mientras que en Antofagasta una serie de amenazas llevó a suspender clases en los liceos A14, B13, y escuela F94. La medida se repitió esta semana en los liceos A33, A16, B36, y nuevamente en el B13. En Quinta Normal una amenaza de masacre derivó en que en el Liceo Industrial Benjamín Franklin hubo clases.

Pedro Díaz, presidente de la Federación de Instituciones de Educación Particular (FIDE) que agrupa a más de 800 colegios, dice que “lo hemos conversado con las comunidades y aunque las amenazas terminen siendo falsas, uno entiende que piensen que es riesgoso que el hijo vaya al colegio”. Y suma:

“Las autoridades, que están recién incorporándose, se encuentran con que estas situaciones son más complejas de lo que pudieron haber imaginado, (aunque) tampoco cuentan con más herramientas para hacer más de lo que están haciendo”, añade.

Esta semana, en el Colegio Mar Abierto de Valparaíso una publicación sugería no ir a clases el lunes porque “en cualquier momento me hago una Calama”, y más al norte en el Colegio Altovalson en La Serena un papel amenazaba con la presencia de pistolas. Mientras, el Liceo Bicentenario Politécnico de Villarrica suspendió el martes por avisos sobre un ataque con un fusil AK-47. Más al sur, el Instituto Italia de Valdivia suspendió sus clases el miércoles y en la misma región la semana anterior ya había ocurrido algo similar en el Liceo Armando Robles.

Los hechos han derivado en críticas al gobierno, incluso del sector que lo sustenta. Lo que ahí llamó la atención es que el ministerio, en voz del subsecretario de Educación, Daniel Rodríguez, haya dicho en Cooperativa que “no corresponde” que la cartera tenga “una especie de tuición global” sobre el fenómeno, cuando hasta hace poco se criticaba a la administración anterior por no tomar cartas concretas ante episodios de violencia escolar. Puertas adentro, diversos parlamentarios han instalado el concepto de “inacción” del Ejecutivo para lo inmediato, más allá del proyecto de ley Escuelas Protegidas.

El diputado por Los Ríos, Daniel Valenzuela (RN), envió un oficio a las autoridades regionales de Educación y Seguridad, solicitando medidas urgentes de intervención, prevención y reacción frente a las amenazas. “La gravedad de los hechos y el clima de inseguridad que estos generan exigen una respuesta decidida del Estado, no solo desde una lógica reactiva, sino también preventiva”, dice.

Por su parte, el diputado Sergio Bobadilla (UDI), presidente de la Comisión de Educación, dice que si bien la violencia viene dándose desde hace tiempo, los últimos casos revisten mayor connotación y las autoridades están tomando algunas medidas que el Estado de derecho entrega, “pero son insuficientes”. En tal sentido, señala que en el Mineduc debiesen avanzar “con prontitud a expulsar este ambiente de violencia”, considerando que las medidas contenidas en Escuelas Protegidas deben ser mayores: “Sin duda que puede tener mejoras y va a ocurrir. Los proyectos están bien, pero en algunos aspectos son insuficientes”. Ahonda que a la espera de la tramitación de esa ley, en lo inmediato “el Mineduc tiene mucho que decir, tiene que usar todas las herramientas, pero también tiene que hacerlo el Ministerio de Seguridad para anticiparnos”.

Particularmente sobre lo ocurrido en Calama, en el Mineduc creen que la respuesta sí fue rápida, por la contingencia y para resguardar la confianza de la comunidad y la legitimidad del Estado. En ese marco, articuló una respuesta con Salud, Seguridad, Junaeb, el SLEP, el Ministerio Público, entre otros, con acciones como jornadas de autocuidado o la contratación de un psiquiatra infanto-juvenil. Eso ha permitido proyectar el retorno a clases del Instituto Obispo Silva Lezaeta para el 16 de abril y una nueva visita de la ministra María Paz Arzola a la zona.

¿Otros ejemplos de suspensiones? Una amenaza de tiroteo en el Liceo Politécnico de Punta Arenas, mismo escenario que en el Colegio Kalem Bicentenario de Puerto Aysén y el Colegio Santa Filomena de Quintero. Una situación similar derivó en suspensión en el Liceo Industrial Osorno.

En Iquique, los colegios Humberstone, Samca Arumanti, Bajo Molle, Mahatma Ghandi y Young Scholl siguieron el mismo camino, algo que también ocurrió en el Colegio Madres Dominicas de Concepción, en el Colegio Los Reyes de Quilpué y en la sede de enseñanza media del Colegio Nacional tras el hallazgo de un escrito que advertía: “Mañana tiroteo en el 3er piso a las 13:55 horas”. También se suspendieron actividades en el Colegio Providencia de Antofagasta, en los colegios Domingo Matte Mesías y Elisa Valdés de Puente Alto, y en la Escuela Francisco Chávez Cifuentes de Pichilemu.

Fuentes policiales aseveran que aunque existe preocupación por la masificación del fenómeno, por ahora no hay un abordaje particular, que se trabaja caso a caso y se responde del mismo modo.

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