Gloria Ana Chevesich y casos de corrupción en el Poder Judicial: “La crisis nos golpeó, fue brutal”
La presidenta de la Corte Suprema inauguró el año judicial reconociendo que los hechos de corrupción le causan vergüenza. En su alocución marcó el camino de cuál es su plan para los próximos dos años de gestión. En su horizonte está apretar a los tribunales para mejorar los tiempos de respuesta, preocuparse del ambiente entre los funcionarios, buscar un mecanismo para vigilar la ética de los abogados y, sobre todo, tener mano dura ante los hechos que se aparten de la ética y la probidad.

Cuando la presidenta de la Corte Suprema, Gloria Ana Chevesich, describe su modo de trabajar, suele recordar un momento clave y se remonta a la pandemia. En ese tiempo era la ministra encargada de la emergencia sanitaria y tenía la misión de garantizar la continuidad del servicio judicial. En medio de todo ese estrés, que dice que fue una locura, a su equipo le pedía que todos los días le dieran un listado de los funcionarios que se habían contagiado de Covid y todas las mañana los llamaba uno por uno para saber cómo estaban.
“Percibí que los funcionarios se daban cuenta de que una ministra de la Corte Suprema que esté preocupada de ellos en esas cosas tan concretas y básicas era importante. Me he encontrado con algunos de ellos en la calle y me dicen: ‘Yo era funcionaria de un tribunal y usted me escuchó, me animó a salir adelante, me preguntaba por mi familia’. Entonces uno se da cuenta que humanizar el servicio es necesario”, recuerda.
Chevesich acaba de inaugurar el año judicial y en su discurso profundizó la autocrítica del Poder Judicial por los casos de corrupción. Reconoció ante todos los judiciales sentir “vergüenza, dolor y conmoción”. Pero Chevesich está convencida de que quedarse en eso no servirá de nada. Por lo mismo, en su alocución marcó una ruta clara de cómo pretende liderar la magistratura para salir de la crisis.
Desde que asumió este cargo ha repetido mucho que durante su gestión pondrá énfasis en la ética del cuidado. ¿Cómo llegó a esa idea?
Para poder llevar a cabo nuestra misión, primero hay que reforzar los vínculos internos y también los interinstitucionales. Y dentro de los vínculos internos, lo fundamental son las personas que trabajan en los tribunales. Eso es fundamental abordarlo para entregar protección, cuidado, pero sin, obviamente, desconocer la labor que cada uno de nosotros desempeña. Yo creo que cuando la persona hace su trabajo con alegría, con vocación, entendiendo que estamos cumpliendo una misión institucional, todo es mucho más fácil. Y, por lo tanto, hay que pasar de la ética del deber, que es fundamental, a una ética del cuidado.
En el discurso inaugural marcó un punto muy importante que es la ética y la labor del abogado. ¿Cuál es el diagnóstico que tiene el pleno respecto de esta problemática?
Todo parte fundamentalmente de la circunstancia de que la Corte Suprema entrega el título de abogado.

¿Tiene alguna idea de cómo se podría mejorar esta vigilancia ética?
El tribunal pleno dispuso pasar esto al Comité de Personas para que establezca algunos lineamientos de trabajo, para luego someterlo al pleno y convocar. En la medida en que el abogado y el juez cumplen bien su tarea, se genera un círculo virtuoso.
¿Apoyaría la propuesta del Colegio de Abogados de una reforma constitucional que permita el control ético universal?
Tendría que estudiar bien el proyecto. Creo que es positivo, pero también hay muchas personas que han levantado su voz, que no están de acuerdo, y me gustaría saber qué argumentos dan. Pero yo creo que tenemos que llegar a algo que permita controlarlo.
¿Le parece correcto, para casos gravísimos, sancionar quitando el título?
Dando todas las garantías y con la posibilidad de recurrir a un tribunal imparcial en la justicia ordinaria, sí, creo que la opción de quitar el título debería estar.
Se puso como misión mejorar los tiempos de tramitación de las causas, ¿cuál es su plan?
Encargué al Departamento de Desarrollo Institucional un análisis que dé cuenta del estado de cada tribunal del país sobre cuánto se han demorado en tramitar una causa. Así de minucioso y específico. Yo quiero trabajar con los ministros visitadores y mi planteamiento es que yo voy a hacer el seguimiento desde la presidencia respecto del avance de las causas del grupo de tribunales que están con un peor desempeño. Quiero conversar con ellos para ver qué pasa. Vamos a hacer una diferencia entre quiénes son los mejores y con ellos quiero conversar sobre qué buenas prácticas han adoptado, qué buenas medidas de gestión han tomado, si han utilizado la inteligencia artificial, de qué manera lo han hecho. Y luego quiero reunirme con los que tienen resultados más deficitarios y a todos pedirles un plan de trabajo.
¿Eso implicará, en algunos casos, trabajar más, en jornadas más largas?
La mayoría cumple mucho más del horario. Muchas juezas y jueces se van a la casa a trabajar, como yo lo tengo que hacer el sábado y domingo. Eso es un hecho. Tampoco podemos agotar al personal. Hay que ser criteriosos, prudentes e ir avanzando.
Ha dicho que quiere recuperar la confianza ciudadana en la judicatura. ¿Cómo se logra eso?
Actuando de inmediato, apenas se toma conocimiento de un hecho que dé cuenta de que un miembro de la judicatura ha cometido actos reñidos con la probidad, con la ética, de iniciar los procedimientos disciplinarios pertinentes.
¿No teme que eso genere una cacería de brujas?
Todos los hechos que se han dado a conocer a través de los chats de Hermosilla, todos fueron sancionados. No percibo que ninguno de ellos haya demostrado, con hechos concretos, que no había participado en aquello. Los audios que yo he escuchado entre esos conservadores de bienes raíces son bastante elocuentes cuando dicen que sus amigos son corruptos. O sea, si tus amigos dicen eso de ti, ¿qué se puede esperar?
Dijo que los casos de corrupción le causan vergüenza, dolor, conmoción. ¿Qué es lo que la avergüenza?
La conducta asumida por un par, por un colega, una conducta que yo jamás me imaginé que podría estar pasando. Claro, ahora algunos me dicen que se comentaba, pero bueno, a mí nunca me lo comentaron. Nunca recibí una denuncia concreta como para poder plantear aquello.
¿Espera que prontamente el Congreso despache la reforma al sistema de nombramientos?
Es importante que ese proyecto avance y que el consejo que se vaya a nombrar esté conformado de manera tal que no se repita lo mismo que ocurre actualmente. Lo fundamental son las personas que componen un consejo más que el organismo que vaya a realizar aquello. El pleno está muy interesado desde el año 2014 de que todo lo concerniente del gobierno judicial salga para dedicarnos a nuestra labor esencial que es la jurisdiccional.
¿El sistema actual ya no da abasto?
El problema es que en realidad hay muchos llamados por teléfono, eso es lo que altera el sistema normal. Para votar por alguien siempre voto de acuerdo al antecedente que me entrega el relator de pleno, que es una minuta que da cuenta de la experiencia, de su hoja de vida, de su carrera funcionaria, y voto conforme a ello. Supongo, y espero, que mis colegas hacen lo mismo. Pero como se ha dado a conocer en la prensa, parecía que había alguien que tenía una especie de agencia de votos, que conseguía votos de todos lados. Y eso sí que no se puede permitir. Si eso se va a replicar en un órgano que va a estar fuera de la Corte Suprema, fuera del Poder Judicial, no es grande el avance.
Usted ha sido muy dura con los casos de corrupción. ¿El resto de los jueces han hecho esa misma reflexión?
Todos los miembros de la judicatura hemos hecho la reflexión y sabemos que estamos para servir a las personas, no para servirnos de los cargos. Yo no puedo afirmar ni negar que no haya más casos como el que ha ocurrido, pero sí puedo afirmar que la gran mayoría son jueces, juezas probas, rectas, comprometidas con su misión de servicio y que no se están sirviendo del Poder Judicial para sus propios beneficios, intereses o de sus parientes o amigos.

¿O sea la judicatura recogió el guante?
La crisis nos golpeó, fue brutal, pero la judicatura hizo su reflexión y estamos para servir a las personas, no para servirnos de los cargos
Es la primera mujer en presidir la Suprema en 200 años. ¿Siente sobre sus hombros el peso de la historia?
Esto ha sido muy significativo para mí y para mi familia, y creo que también para las mujeres y las niñas en general, porque ven que es posible y eso es muy inspirador. Es decir, ver que una mujer que empezó a trabajar, logró llegar a las más altas esferas, logró la presidencia, pese a que sea por la tradición de la antigüedad. Hay quienes me dicen: “Oiga, pero si usted no llegó a ser la más antigua por bolitas de dulce, sino que porque trabajó y trabajó, y porque ha dado muestras de que tiene una conducta ética y proba”.
¿Alguna vez imaginó que terminaría aquí?
Todas las personas que entran a una carrera, en este caso a la carrera judicial, siempre están mirando hacia arriba, siempre quieren llegar a ser ministro de Corte de Apelaciones, de Corte Suprema. Había un ministro que sacaba cuentas y nos conocía, sabía la edad de todas las mujeres, entonces me decía: “Gloria Ana, te va a tocar a ti”. Yo le replicaba y él me mostraba los cálculos que mostraban que yo sería presidenta. Era una posibilidad, pudo no haber sido, porque había otras colegas de la Corte Suprema, pero en definitiva se decantó por mí.
Si es que uno mira su trayectoria pareciera que todo apuntaba a esto. Su carrera como relatora, su ascenso como ministra, investigar el MOP-Gate, haberse enfrentado al gobierno del expresidente Lagos. ¿Esas experiencias la dejan bien preparada para este desafío?
Sí, y además hay un buen equipo. En el pleno también estamos todos metidos en el mismo barco. Además, lo que yo postulo como presidenta fue recogido en el Plan Estratégico del Poder Judicial para los próximos cinco años, así que creo que el cuerpo colegiado va a ser un buen apoyo.
Se le ha apodado como la ‘jueza de hierro’. ¿Le acomoda?
Yo creo que no me conocen.
¿Por qué?
Porque yo soy, o sea, claro, en algunos aspectos, sí, soy, incluso en la corte algún colega, graciosamente, me decía que era una talibana, porque en ciertas cosas yo soy de idea fija, o sea, en materia de ética, en materia de cumplimiento de la responsabilidad, yo no tengo doble estándar. Hay que cumplir o hay que cumplir. Y hay que ser y actuar honestamente, correctamente, ser coherente con lo que pienso, con lo que digo, con lo que hago.
¿Esa dureza o ese ser talibana podría jugar en contra en su presidencia?
Yo creo que no, cuando tomamos decisiones muy complejas en el pleno, hay muchos colegas que me acompañaron, no siempre estuve sola.
Cuando dice que no la conocen, ¿cuál es ese lado que no conocen?
¿Una jueza de hierro habría estado hasta las 11 de la noche comunicándose con todos los funcionarios que estaban afectados por Covid? ¿Que a las siete de la mañana empezaba a escribirles cómo estaban? ¿Acaso eso no es ser más humana? Y bueno, nunca he tenido maltrato con nadie.
Me imagino que eso no se incluye en la definición de jueza de hierro.
Uno supone que una jueza de hierro es alguien que impone y esa no es mi manera de hacer las cosas. En ciertas cosas sí, en el aspecto ético, en el cumplimiento del deber, en el cumplimiento de las obligaciones sí, pero respecto de mí, al resto tampoco le puedo exigir lo mismo, le exijo lo que corresponde, no más. Pero todo con un buen trato, conversando, eso es fundamental.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
2.
3.
4.
Plan Digital + LT Beneficios por 3 meses
Infórmate mejor y accede a beneficios exclusivos$6.990/mes SUSCRÍBETE

















