Novelas eróticas y libros de autoayuda: ¿Qué leen los presos en las cárceles chilenas?
La Tercera accedió al registro de los libros más solicitados en los recintos penitenciarios del país durante 2025, donde destaca una novela erótica francesa de 1907, una historia de misterio y un texto de autoayuda. Las investigaciones recientes indican que la lectura en las cárceles contribuye a disminuir la reincidencia penal.

Para 2025 y tras una década, las bibliotecas penitenciarias acumularon más de 43 mil usuarios y 292.386 préstamos de libros. Aunque una novela erótica lidera la tabla de popularidad en las cárceles chilenas, en estos recintos se percibe una variada diversidad de gustos, donde aparecen desde clásicos, como Papelucho y Condorito, hasta tomos de literatura clásica escritos por autores como Arthur Rimbaud y Honoré de Balzac.
Desde su fundación en 2015, el Plan de Bibliotecas en Recintos Penitenciarios se ha expandido a 80 cárceles del país. Con un total de 155 mil libros repartidos a lo largo de las prisiones chilenas, talleres de escritura y laboratorios de computación, el proyecto nació bajo un convenio entre el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas (SNBP), el Servicio Nacional de Patrimonio Cultural (SNPC) y Gendarmería.
Al funcionar bajo la misma estructura que las bibliotecas públicas del resto del país, tanto las personas privadas de libertad como los funcionarios de las cárceles pueden registrarse como usuarios para pedir libros. Esto, además, permitió solicitar a través de Transparencia las obras más solicitadas en el año a nivel país y en los recintos penales más lectores de Chile.
De esta manera se pudo conocer, por ejemplo, que en el Complejo Penitenciario de Punta Arenas el libro más popular del año pasado fue un atlas de National Geographic, como también un cómic de Iron Man y Papelucho, de Marcela Paz.
Al norte del país, en el Complejo Penitenciario de Arica, la tabla de popularidad también incluye el clásico de Marcela Paz, pero se suma la novela de detectives La cola del diablo, de Ramón Díaz Eterovic; el libro de curiosidades La ciencia pop, de Gabriel León, y Soy de la U, de Francisco Mouat.
Sin embargo, el libro que lideró la tabla de popularidad nacional y se consagró como el más leído en las cárceles chilenas fue Las once mil vergas, una novela erótica publicada en 1907 por el poeta francés Guillaume Apollinaire. Este texto relata la historia de Mony Vibescu, un aristócrata rumano que se embarca en una retorcida travesía en compañía de una trabajadora sexual francesa.
El libro erótico, que Pablo Picasso calificó como la obra maestra del autor, fue solicitado 113 veces en el Complejo Penitenciario de Valparaíso durante 2025. Además, ocupó el segundo lugar de los textos más solicitados en el Centro de Cumplimiento Penitenciario de Iquique, con 63 peticiones.
De todos modos, la obra de Apollinaire es una excepción en las tendencias de lectura al interior de los recintos penitenciarios. El segundo libro más leído a nivel nacional en 2025 fue El Jardín Secreto, un relato de misterio del escritor británico G.K. Chesterton. Luego, en tercer lugar, se ubicó el texto de autoayuda de Pilar Sordo: Del amor propio al amor del otro. A su vez, el cuarto y quinto lugar lo ocuparon Aquí estoy yo: discursos de grandes mujeres que inspiran y empoderan, de Anna Russell, y al final de la lista, Instalaciones eléctricas en interiores.
Literatura francesa
Las 10 cárceles con mayor actividad lectora de 2025 acumularon un total de 34 mil préstamos. Aunque predominan las novelas de aventuras, de autoayuda y los manuales de oficios, hay recintos donde se presentan inclinaciones literarias más marcadas.
El Complejo Penitenciario de Huachalalume, en La Serena, ocupó el noveno lugar nacional en solicitudes, con una marcada preferencia por textos de literatura francesa. El libro más demandado en este recinto penal fue la novela corta Sarrasine, que Honoré de Balzac escribió para su antología de relatos La comedia humana (1830).
Esta novela trata sobre el enamoramiento obsesivo del escultor Ernest-Jean Sarrasine por la cantante de ópera Zambinella, en Roma, sin saber que se trataba de un hombre castrado en su juventud para mantener su voz aguda.
Luego de la novela de Balzac, los libros más solicitados en el CP Huachalalume durante 2025 fueron Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud; Dos crónicas italianas, de Stendhal; Vidas imaginarias, de Marcel Schwob, y Micromegas, un relato filosófico de Voltaire considerado uno de los precursores de la ciencia ficción moderna.
Por otro lado, la biblioteca que registró más préstamos en el año fue la ubicada al interior del Complejo Penitenciario de Puerto Montt, con más de siete mil solicitudes en 2025. En este recinto penal, el libro más popular fue el de Pilar Sordo; seguido de Mitología de H.P. Lovecraft, un análisis de la obra del autor de terror cósmico británico, y Automatismos eléctricos e industriales, libro formativo sobre instalaciones eléctricas.
Lectura y reincidencia penal
“Yo me he evitado un sinfín de problemas ahora que sé hablar”, reconoce un interno que registró una gran cantidad de préstamos. En sintonía con sus palabras, otro de los asiduos a la biblioteca dice: “Gracias a la lectura he aprendido a solucionar las cosas conversando con más calma”.
Estos testimonios fueron recolectados por Miguel Rivera, el coordinador del Plan de Bibliotecas en Recintos Penitenciarios, quien recorrió centros penales a lo largo de todo Chile con el objetivo de entrevistar a lectores privados de libertad. Esto, en el marco de su investigación La dimensión social de la lectura en cárceles de Chile, que publicó en noviembre de 2025 en coautoría con el profesor de cultura hispánica de la Universidad de Groninga en Holanda, Konstantin Mierau.
Este estudio concluyó que los internos que leen “tienden a tener una lectura más precisa de sus pares”, además que “fomentan la buena convivencia” e “intentan atraer a más personas a leer”. Sin embargo, el principal hallazgo es que la lectura evita que las personas privadas de libertad se identifiquen con la cultura carcelaria -lo que se denomina prisionización por la criminología- y esto aumenta sus posibilidades de reinserción social.
Además, mediante un cruce de datos de Gendarmería, el equipo del proyecto registró que la reincidencia de quienes pasaron por la biblioteca es 9,3% más baja que el índice de la población penal general. Es decir, mientras que dos de cada cinco reclusos comunes regresaron a la cárcel (42,9%), uno de cada tres internos lectores (33,6%) volvió a incurrir en conductas delictivas.
Con estas evidencias en mano, el coordinador del proyecto afirma que “la cárcel como tal no sirve para bajar los índices de delitos; en cambio, estas iniciativas sí han resultado”.
El subdirector de Reinserción Social de Gendarmería, Pablo Gaete, complementa que “cuando una persona privada de libertad adquiere el hábito lector y competencias digitales, disminuyen los niveles de ansiedad y ocio improductivo, mejora el clima interno y se fortalecen las habilidades necesarias para proyectar una trayectoria de vida distinta”.
La valoración del proyecto por parte de Gendarmería es tal que, en un comienzo, las bibliotecas se destinaban “debajo de la escalera de una bodega, en alguna celda que se desocupó, en un exbaño”, dice Rivera, pero ahora las nuevas cárceles “vienen con un espacio para la biblioteca en sus planos”. Además, el coordinador afirma que la adquisición de libros “es parte del presupuesto del Estado”, aunque también reciben donaciones de vez en cuando.
Cárceles de mujeres
Según Angélica Hermosilla, jefa técnica de la unidad penal del Centro Penitenciario Femenino de Santiago, en la biblioteca del recinto “las internas encuentran una especie de oasis”. Según ella, es un espacio “donde la población penal puede ir a distraerse”. En su experiencia, las internas “valoran el espacio”, lo que se percibe en que ellas “cuidan el lugar, se mantiene limpio y los libros son devueltos”, agrega.
En la biblioteca de la unidad, “las novelas románticas siempre cuentan con el mayor interés de la población penal”, dice Hermosilla, aunque “últimamente ha habido harto interés por la historia de Chile”.
De acuerdo con la jefa técnica, en el recinto penal “hay funcionarios designados a tiempo completo para la atención de las necesidades de las internas con relación a la lectura”. Y el espacio es utilizado tanto por trabajadores del complejo penitenciario como por las personas privadas de libertad.
Al interior del recinto penitenciario, incluso, se han realizado lanzamientos de libros de distintos autores, afirma Hermosilla. También, el año pasado se publicó una recopilación de cartas escritas al interior del penal en el contexto de un concurso literario realizado en el marco del proyecto de bibliotecas penitenciarias.
Según Rivera, “las mujeres participan casi el doble que los hombres” en las bibliotecas del país y sus lecturas “suelen ser un poco distintas”. Mientras que “las mujeres tienen más tendencia a la poesía, a la literatura romántica, incluso erótica”, los hombres “van más por las novelas de acción”.
En el Centro Penitenciario Femenino de Bulnes, en la Región de Ñuble, los libros más solicitados fueron de categoría infantil. Esto se debe a que, en primer lugar, el centro penal cuenta con una capacidad de solo un centenar de personas. Y, en segundo lugar, en este recinto funcionan espacios destinados a mujeres embarazadas y lactantes.
De esta forma, el libro más solicitado en este recinto durante 2025 fue ¿Qué crees tú que puedes hacer con mi circo?, texto infantil que narra la historia de Joaquín, un niño que se acerca a una feria circense con su habilidad para imitar pájaros. También, en el mismo centro penal fue popular un libro ilustrado de dinosaurios y otro que lleva por título Animales amistosos, también dirigido a menores de edad.
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