¿Compartir la casa?: Siempre es mejor con personas que conozcamos menos
A pesar de lo que muestran series de TV como Friends, mientras más cercanos seamos de nuestros compañeros de casa, más fácil es entrar en conflictos.

Daniela Ruiz (25) lleva varios meses buscando un departamento. Ella y uno de sus mejores amigos, Sebastián (24), egresaron el año pasado de la universidad, y como los dos están trabajando, decidieron convertir en realidad las ganas de independizarse de sus papás. La búsqueda no ha sido fácil, porque no sólo se trata de encontrar un lugar con dos dormitorios de igual o similar tamaño, sino de llegar a acuerdos sobre cada detalle de la que será su primera casa de adultos. Cercanía a sus lugares de trabajo, precio del agua caliente, aislamiento del ruido y, sobre todo, valor del arriendo son los aspectos cruciales que han hecho que aún no puedan llegar a una decisión.
Para la mayoría de los jóvenes, la independencia de la casa paterna es un sueño al que el dinero puede poner grandes trabas. El primer trabajo suele no ser muy bien remunerado, así que compartir los gastos con los amigos que se encuentran en una situación similar parece la salida más fácil, pero, señalan los especialistas, hay que tener mucho cuidado, porque creer que lo que se viene es la diversión interminable de los personajes de la serie Friends suele ser un error.
LOS AMIGOS "CONFIANZUDOS"
La sicóloga Marcia Sasso, de la U. Adolfo Ibáñez, sostiene que "muchas veces, las personas se conocen en instancias que no consideran compartir el mismo techo", lo que puede llevar a enormes desacuerdos, que podrían verse potenciados cuando el vecino de pieza es muy amigo.
De hecho, Silvia Bertghold, autora estadounidense de Lo siento, la boa tiene que irse. Una guía de supervivencia para compartir una casa, cree que la manera más rápida de romper una amistad estrecha es decidir vivir bajo el mismo techo, porque "muy raramente, funciona sin comprometer la amistad".
Eso fue lo que le pasó a Elisa Fernández (25), quien en el 2008 decidió compartir la casa con una de sus mejores amigas, a la que conocía desde cuarto básico. "Los primeros tres meses funcionaron fantástico", recuerda Elisa, "pero de ahí en adelante, todo comenzó a andar mal. Mi amiga nunca estaba en la casa, así que yo tuve que asumir la obligación de preocuparme de todos los detalles del departamento". Claro, habían establecido reglas claras y una división de las responsabilidades, pero la misma amistad hizo que éstas se borraran como por arte de magia. "Ella llevaba a amigos a carretear hasta tarde", dice, "y no le importaba que yo tuviera que trabajar temprano al día siguiente: algunas veces le dije que por favor fuera más respetuosa, pero ella lo tiraba a la broma y, en verdad, yo tampoco quería entrar en conflicto con ella para no romper la amistad".
Esto ocurre, a juicio de Bergthold, porque los mejores amigos, al vivir juntos, se toman libertades que dificultan la relación, porque tendemos a respetar más y a tratar con más distancia a quienes no son tan íntimos. "Si quieres seguir siendo amigo de tus amigos, entonces vive con extraños", aconseja la autora, "y de esa forma mantienes a los que ya tienes y, con suerte, puedes ganar otros nuevos en el proceso".
En su libro Espacio para mejorar: la guía para compartir casa de las mujeres que salen de la universidad, la escritora estadounidense Amy Zalneraitis escribe que lo mejor es irse a vivir con personas que "hemos conocido a través de nuestros amigos, porque se trata de gente que 'conocemos', pero con la que nunca hemos compartido tanto, lo que nos evita la intromisión que da la intimidad".
COMPATIBILIZAR LAS COSTUMBRES
Marcia Sasso no cree que todo sea un rotundo no a la hora de vivir con los amigos, porque compartir la casa con ellos no sólo es un apoyo económico, sino también uno emocional para los jóvenes que quieren independencia, pero que aún no están listos para que ésta sea total. "La familia chilena, en general, no es muy proclive a promover la independencia de sus miembros, en especial de los hijos. En este sentido, irse a vivir con un amigo puede representar una solución de compromiso, permitiéndole al joven desplegar las conductas de autonomía que desea, sin perder el soporte afectivo que todavía requiere", argumenta.
Pero el talón de Aquiles está en el consenso entre estilos de vida que son inevitablemente diferentes, dice Sasso, y que van desde cuán ordenado o carretero se es hasta qué es lo que se entiende por "limpieza". Rodrigo Mundaca (31) no tiene dudas sobre esto. Su primer trabajo le permitía vivir independientemente, pero no costear por sí mismo todos los gastos de un departamento, así que se fue a vivir con un amigo de sus tiempos de estudiante. "Al principio, todo fue muy feliz, pero las diferencias en las costumbres hicieron insostenible la convivencia". Hace poco se planteó la posibilidad de volver a compartir departamento con "un amigo, con quien, por una cuestión de afinidad, la convivencia sería inmejorable". Tras pensarlo seriamente, la respuesta fue una sola: nunca más.
Las tácticas para sobrevivir
En su libro "Espacio para mejorar: la guía para compartir casa de las mujeres que salen de la universidad", la escritora estadounidense Amy Zalneraitis ofrece una serie de consejos para optimizar la convivencia.
Comenzar desde cero. De ser posible, hay que comenzar en una casa nueva, donde no haya habido uno de los amigos viviendo por su cuenta, pues así se evitan los conflictos de posesión sobre el espacio.
Dos es mejor que tres. Siempre hay que optar por vivir con una persona más en vez de dos, para evitar las relaciones trianguladas. Cuando hay desacuerdos, una decisión de dos contra uno puede ser muy incómoda.
Definir claramente las reglas y obligaciones. No basta con asumir que el otro hará algunas tareas. Hay que hablar constantemente sobre ellas y tratar de repartirlas de acuerdo a lo que cada uno le gusta más hacer.
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