Crítica de Cine: Control Total
<embed pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" src="http://especiales.latercera.cl/diario/2008/SEPTIEMBRE/cine/control/cine.swf" width="384" height="170" scale="ShowAll" loop="loop" menu="menu" wmode="opaque" quality="1" type="application/x-shockwave-flash"></embed> <br /> Nuevamente el tándem D. J. Caruso/Spielberg emula a Alfred Hitchcock, como en la demandada cinta Paranoia. Y en Control total, estrenada hoy, le añaden los excesos de la tecnología.

Dos personas que no se conocen reciben en sus celulares la llamada de una voz femenina que las chantajea para que sigan sus instrucciones. Las órdenes son tajantes y crueles, más aún debido a que la voz parece tener control sobre todos los sistemas computacionales y de vigilancia en el país.
Al director
D. J. Caruso
le gusta
Alfred Hitchcock
. Lo demostró con su anterior filme, un mediocre remake de
La ventana indiscreta
(1954), llamado
Paranoia
(2007). Y lo reitera en
Control total
, donde incluso se da la licencia de citar el final de
El hombre que sabía demasiado
(1956), cambiando la sinfónica de Londres por una orquesta infantil.
Pero de Hitchcock a Caruso le interesa la técnica, no la moral. Desde luego, sus personajes viven una odisea paranoide muy similar a la de Cary Grant en Intriga internacional, pero nada en ella tiene ecos o señales que nos hablen más allá de los resortes del género.
Vigilancia omnipresente, héroes en fuga, el Estado ciego, todos estos elementos ya los habíamos visto en
Enemigo público
(1998), el formidable thriller de
Tony Scott
que enchuló el género paranoico y dio el pase a cintas como
Intriga en la calle Arlington
,
El Tirador
y la misma saga de
Jason Bourne
.
Control total es una pieza menor dentro de ese lote. Es ágil, pero liviana, y su intriga no es laberíntica, sino confusa. Distrae, porque su premisa es atractiva y porque en la era Facebook/ iPhone tiene más relevancia que nunca. Pero Caruso en el fondo usa la tecnología como truco para hacer avanzar la trama y no porque quiera reflexionar de veras sobre su relación con el poder político.
Lo que es lamentable, porque el filme termina cayendo en un discurso que haría sonrojar de vergüenza al viejo Hitchcock, e incluso al
Michael Mann
de
El informante
: el problema, nos dice Control total, no es que Internet y los celulares sean puertas abiertas a la vigilancia estatal; el problema es que a veces las máquinas se equivocan y los inocentes sufren. O sea, no son las personas quienes deben asumir responsabilidad, sino el sistema que se cae o la computadora que se recalienta. Control total es gato por liebre: luce como una fábula progresista sobre "quién vigila a los vigilantes", pero en el fondo predica a favor de estos últimos.
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