De Fuga a No: la historia del cineasta Pablo Larraín

Autor: La Tercera

El 2006 el director debutó con Fuga y obtuvo críticas negativas. Y con los años se convirtió en uno de los cineastas chilenos mejor recibidos en Europa.

Con la película No, hoy los aplausos son unánimes. Pero hace seis años atrás, cuando Pablo Larraín debutó en el cine con Fuga, las cosas no fueron fáciles. El 2006, el director entró en el circuito con la historia de un compositor precoz que luego de un trauma familiar se vuelve loco y deja inconclusa su obra maestra, eso hasta que un músico mediocre intenta robársela.

Pese a reunir cerca de 100.000 espectadores en las salas chilenas, Fuga sufrió una dura recepción de la crítica y la prensa en general. De acuerdo a columnas y artículos publicados en la época, a Larraín se le criticó que su padre fuera Hernán Larraín, actual senador e importante dirigente de la UDI, y los ataques por su supuesta filiación política fueron numerosos.

La cinta costó un millón de dólares, tuvo a Benjamin Vicuña y el argentino Gastón Pauls de protagonistas, pero eso poco importó. Acusada de ambiciosa, Fuga echó mano a recursos propios de la publicidad, le guiñó el ojo a filmes clásicos y su propio exceso la hizo inverosímil, según dijeron las críticas.

Pudo ser un inicio para hundir a cualquiera, pero Fuga tuvo un elemento clave: fue vendida a HBO y ese nexo y la buena impresión que causó en sus ejecutivos con los años sería importante para la producción de la alabada serie Prófugos, que por estos días rueda su segunda temporada.

Pero volvamos a los inicios. Luego del accidentado debut, Larraín y su hermano y productor Juan de Dios, amparados en la productora Fábula, prepararon en silencio lo que sería su nuevo filme: Tony Manero, la historia de un serial killer que en plena Dictadura sueña con parecerse a su ídolo, el John Travolta de Fiebre de sábado por la noche. En las antípodas de Fuga, Tony Manero apeló a la “suciedad” de la puesta en escena (cámara en mano, desenfoques), al shock y a un personaje desagradable y enfermo, y el resultado fue que al momento de estreno, en la sección Una cierta mirada de Cannes 2008, la cinta causó sensación.

Elegida por The Guardian como uno de los 10 títulos imperdibles de ese año, su protagonista fue comparado con Al Pacino, y Larraín saludado con un cineasta emergente que trataba de manera absolutamente original un período de nuestra época habitualmente descrito de manera frontal. La cinta fue vendida a decenas de países y la productora Fábula cimentó sus conexiones con el mundo de los festivales europeos, que permitirían estrenar su siguiente filme, Post mórtem, en el Festival de Venecia.

La llegada de esta cinta a Italia, con la historia del Golpe Militar en la mirada de un apático funcionario de la morgue del Hospital Militar de Santiago, causó gran impacto. Cuando se estrenó en el encuentro veneciano tuvo una ovación de seis minutos y la crítica fue superlativa, destacando la del diario Variety: “el impresionante manejo visual de Pablo Larraín hace que Post Mórtem sea una experiencia fascinante de ver”.

Con sólo dos filmes, Larraín fue considerado en Europa, como la punta de lanza de un grupo de cineastas jóvenes chilenos que comenzaba a obtener figuración internacional: Cristián Jiménez, Sebastián Lelio, Alicia Scherson o José Luis Torres Leiva. Pero curiosamente, con Tony Manero y Post mórtem, Larraín no logró superar la taquilla de Fuga en los cines locales.

Por ello, el camino del director ha sido curioso. De ser acusado de tener una “herencia derechista” a causa de la filiación política de su padre, a crear los filmes sobre la dictadura militar más alabados del cine chileno en el circuito internacional (con la excepción de Machuca) en sólo un lustro. Podría ser la constatación de una evolución notable de temas y estilos, o quizás la ceguera de cierta prensa que lo lapidó antes de tiempo. La experiencia de No, estrenada con gran éxito en Cannes este año, vendida a más de 40 países y que prepara un estreno masivo en EEUU, podría arrojar más pistas sobre esta singular historia.

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