Histórico

Guns N' Roses enciende a 15 mil fans luego de más de tres horas de espera

A las 23:19 llegó Axl Rose a Santiago y recién cerca de una hora después salió al Movistar Arena. Aunque el recital estaba anunciado para las 21 horas, el público cayó rendido ante los clásicos de la banda.

Guns N' Roses apareció en el Movistar Arena a las 00.24 horas, con tres horas y media de retraso con respecto al horario original (21.00) y las 15 mil personas que repletaban el lugar olvidaron de inmediato la larga espera. Simplemente se rindieron ante la salida de Axl Rose, que había llegado sólo una hora antes al país, en su avión privado.

En un escenario flanqueado por cuatro pantallas que proyectaban distintos efectos y una central con la imagen del show, el cantante simplemente se devoró la escena. Chinese democracy, la canción que bautiza su último álbum, fue el primer mazazo, anoche. Pero el patadón mayor vino con el clásico Welcome to the jungle: el coro masivo fue explosivo y el lugar casi se viene abajo, con un Axl Rose con sombrero de copa, chaqueta de cuero negra, camisa semi abierta, jeans y una barriga más generosa que la de sus años de gloria. Ya no es el mismo. Pero su hinchada chilena cayó rendida ante su sola aparición, a pesar del retraso.

El espectáculo se extendió por casi dos horas y media y finalizó a las 2:47 de la mañana. La tónica fue clara: el público ovacionó todos los clásicos del conjunto y mostró leve indiferencia ante las piezas del dilatado álbum Chinese democracy. Rose se cambió siete veces de vestuario (desde la chaqueta negra hasta la camisa con cuadros y el cintillo en la frente)y mostró una voz que se ha deteriorado con años, con más esfuerzo que talento para alcanzar el registro de antaño.

Pero ahí donde hubo escasa voz, esta vez había más pirotecnia: explosiones de fuego en Live and let die, llamaradas en You could be mine y el guitarrista DJ Ashba trepándose en la reja que separa tribuna de cancha fueron las postales habituales de la jornada.


¿Momentos altos? El cover Knockin' On Heaven's Door, de Bob Dylan; los 15 mil presentes saltando y agitando poleras en Sweer child O' mine; Axl rose al piano en la épica November Rain; la fibra acústica de Patience; y el final con papel picado sobrevolando el aire en Paradise city. Al cierre de todo, cerca de las 3 de la mañana, y tras casi dos horas y media de espectáculo.

El complejo aterrizaje

El vocalista arribó a Santiago recién a las 23.19 horas, siguiendo la tónica que mostró en Sao Paulo, donde cantó con tres horas de atraso, y luego en Montevideo, donde la tardanza fue de cuatro horas y media. El rockero llegó en un vuelo privado junto a seis personas. Abordó una camioneta y se dirigió directo al escenario. Fuentes de la producción comentan que Rose venía de buen humor, saludando a la gente de policía internacional y que recién después del show, decidiría si abandonaba el país de inmediato o se queda hasta el lunes.

A las 19, cuando se abrieron las puertas, cerca de 3 mil personas ingresaban en total calma. Muchas con bandana en la cabeza, cintillo apretado en la frente y bototos, a la usanza de Rose en sus días de gloria. Gran parte superaba los 25 años, aunque también se contaban menores nacidos bajo la idea de Guns N' Roses como un gigante en extinción.

Los teloneros locales, la banda Killterry, salió a las 19.45 y la tranquilidad se mantuvo. Más tarde, el atraso en la partida del ex Skid Row Sebastian Bach -número de apertura oficial del tour e íntimo de Rose- generó pifias. El público -que a esa hora ya alcanzaba las 15 mil personas y repletaba el lugar hasta rincones que habitualmente no se usan- se entregó al primer bocado.

Bach las hizo todas para entretener al respetable: desenfundó power ballads como I remember you; habló en tropezado español ("Estamos muy tristes por el terremoto… Pero sólo queremos ¡el terremoto del rock and rooooooll!") y al final completó casi 120 minutos de show.

Tras Bach, el nerviosismo de vuelta a los 15 mil presentes: muchos preguntaban qué pasaba con Axl. Incluso, el público se volcó en masa a comprar sándwiches y bebidas. A la medianoche, unas 100 personas se retiraban del Movistar, molestas por la espera.

En tanto, los organizadores esperaron a Rose con su extravagante lista de peticiones para camarines cumplidas. Además de ropa de cama de color negro, 18 rosas blancas y 18 rojas y una máquina elíptica para hacer ejercicios, el vocalista solicitó vino tinto de las marcas italianas Boroloy Barbaresco, vodka Grey Goose, de champaña Krug y cervezas (Grolsch y Lucky), latas de soda y gaseosas como Dr. Pepper y Mountain Dew. Junto con mucha fruta, verduras y quesos.

También pidió cuatro camarines. Uno habilitado como gimnasio y otro con el mínimo mobiliario posible para que el cantante pudiera "caminar tranquilo". Todos tenían que estar pintados de negro.

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