Peregrinando a la flor de Sudamérica

El Templo Bahá’í se ha convertido en un destino popular: en menos de un año recibió más de 230.000 visitantes, quienes llenan las redes sociales con sus fotos. Pero detrás de esta pieza de arquitectura hay una, hasta ahora, desconocida comunidad religiosa que lleva más de 70 años en Chile.

Tranquilidad. Esa es la palabra con la que describen el Templo Bahá’í las personas que lo han visitado. La obra arquitectónica, ubicada en Peñalolén, se ha convertido desde su inauguración en octubre del año pasado en uno de los lugares más visitados por santiaguinos y turistas. Ellos llegan hasta la obra arquitectónica con forma de flor a contemplar la vista privilegiada de Santiago, disfrutar los jardines, sentarse al lado de la gran fuente con flores de loto y aprovechar un poco de calma, en medio de la ruidosa capital. “Al entrar al templo, lo primero que miras es el cielo y vez que las paredes son nueve divisiones gigantes que se unen en la cúpula delicadamente, formando una especie de flor. Esos nueve “pétalos” representan las religiones que se unen”, así explica Loreto Moreno (26). “Más que nada, me llamó la atención el material exterior de la cúpula, que está hecho de una especie de vidrio grueso y mármol, que le da transparencia y fuerza”, agrega. “Es un lugar pacífico, silencioso, como si ya no estuvieras en Santiago”, agrega Wilson Tapia, otro visitante.

Ambos son parte de las más de 230.000 personas que han visitado el recinto. “Ha sido un periodo lleno de muchas sorpresas y de mucho aprendizaje acelerado”, cuenta Eduardo Rioseco, director del recinto. “Si bien teníamos la impresión de que en Chile el Templo Bahá’í iba a ser bien recibido, el grado de calidez que hemos encontrado en los visitante y el alto interés es algo que ha superado los cálculos y eso nos llena de alegría y confirma que los chilenos como pueblo tenemos una esencia y naturaleza muy espiritual”.

La ejecución del proyecto se puso en marcha el 2001, a través de un concurso internacional para elegir su diseño. La oficina de arquitectos ganadora fue la canadiense Hariri Pontarini Architects. “El concepto que desarrollaron nos llamó mucho la atención porque era sobre el tratamiento de la luz. La pregunta que planteaba era: ‘si la luz fuera un material físico, ¿cómo sería un edificio hecho de ese material, hecho de luz?’”, recuerda Rioseco. El diseño ganó el premio Innovation in Architecture 2017, entregado por la Royal Architectural Institute of Canada.

¿Quiénes son los Bahá’í?

La fe bahá’í es una religión que se originó a mediados del siglo XIX en Persia. Su fundador, Bahá’u’lláh, plantea como eje central de sus enseñanzas la unidad y el que todas las religiones tienen un mismo origen. “No correspondería hablar de distintas religiones, sino que es solo una, que ha ido pasando por distintas etapas y ha recibido distintos nombres, pero detrás de eso hay una continuidad, un mismo proceso”, cuenta Rioseco. Desde ahí , señala, es que surge la idea de un templo abierto a todas las personas, independiente de sus creencias o diferencias.

La religión llegó a Sudamérica a principios de los años 20. “En los años 50 se definió que el primer templo de Sudamérica se construiría en Santiago, pero tuvo que pasar bastante tiempo para que se empezara a ejecutar”, cuenta el director del templo . Todo el financiamiento fue a través de aportes de miembros de la comunidad bahá’í , que en Chile son alrededor de seis mil personas. Pese a que Rioseco explica que su objetivo no es convertir a las personas a la religión, sí hay quienes han querido incorporarse.

Si bien el lugar busca ser un espacio religioso, muchos de los visitantes van con otro objetivo en mente. “Cuando fui, la mayoría de la gente solo se sacaba fotos. Como adentro del templo está prohibido tomar imágenes, entraban, miraban un poco y salían rápido”, cuenta Loreto. El director del templo explica que la popularidad que tiene el lugar en redes sociales es algo a lo que le están poniendo atención. “Hay gente que llega con un interés turístico y no nos molesta en absoluto, pero estamos intentando cuidar que esto no nos haga olvidar el propósito real del templo, que es otorgar un espacio de reflexión y oración abierto a todos”.

Pese a que por el momento es la única casa de adoración bahá’í de Sudamérica, pronto perderá ese título con la construcción de un nuevo recinto en Colombia.

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