Opinión

Cancelación

Ilustración: Alfredo Cáceres.

SEÑOR DIRECTOR

Javier Sajuria gusta enredar cuando argumenta. En mi columna “Pasarse de vivos” (LT 22 agosto) me referí a su artículo “Cancelación y corrección del discurso en las universidades” (LT, 3 agosto), donde los lectores pueden apreciar lo que él allí suscribe. Que ser profesor universitario y expresar posiciones que pudieran ofender sensibilidades políticamente correctas, lo convierten hoy a uno en un privilegiado de élite aun cuando se haga uso de la libertad de expresión y cátedra. Que para que ello no siga ocurriendo, se debe admitir a la universidad a todos, todas y todes, independientemente del mérito y capacidad para razonar, concediéndoles que manifiesten sus propios prejuicios en bruto. Es decir, que funen, denigren por redes sociales y promuevan purgas e inquisiciones. Lo que importa es consagrar la igualdad como sea incluso cuando los profesores sepan más. Hay que entenderlos, gente así no ha tenido hasta ahora privilegios, siente rabia y resentimiento, y la sociedad estaría en deuda con ellos.

Cuando se piensa en términos así de dialécticos y clasistas, como lo hace Sajuria, no corresponde andar calificando a otros de maniqueos. Al contrario, debiera preocupar la imposición de un igualitarismo sectario tipo Revolución Cultural china, experiencia más opresiva que fomentadora de igualdad.

Alfredo Jocelyn-Holt

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