Por Pablo AllardCiudad madurescente
La mayoría de quienes lean esta columna entraremos pronto en la madurescencia: etapa en que las personas mayores seguiremos activas, impulsando un profundo cambio cultural por la integración intergeneracional. Nuestro último censo confirma la transición desde una pirámide a un “jarrón” demográfico: la esperanza de vida en Chile llegó a 81,4 años, superando incluso a Estados Unidos. La población mayor de 65 años se duplicó desde 1992, pasando de 6,6% a 14% en 2024. El índice de envejecimiento llegó a 79, muy por encima del 56,9 del censo anterior. Estos datos obligan con urgencia a adaptar políticas de pensiones, trabajo, salud y ciudad.
Los nuevos adultos mayores seremos más independientes, cultos, prósperos y activos. Muchos contaremos con ahorros o patrimonio de toda una vida, y disponibilidad para industrias como la consultoría, turismo, cultura, servicios, y cuidados. Seremos más conscientes de nuestros derechos y deberes, y si aprovechamos este capital humano, las ganancias sociales y económicas serán significativas.
Para ello, necesitamos ciudades amigables con la longevidad: barrios con comercio y servicios a escala caminable, centros de salud accesibles, transporte público eficiente, veredas continuas, parques y espacio público de calidad. También una oferta cultural diversa. Y por supuesto, asegurar accesibilidad universal en edificios y espacios públicos, cumpliendo la Ley 20.422, para que quienes enfrentan dificultades de movilidad puedan desenvolverse con autonomía y respeto.
Pero nuestras ciudades también deberán adaptarse a otros cambios: hoy tenemos más mascotas que niños. Chile registra cerca de tres millones de mascotas inscritas, mientras la población menor de 14 años cayó a 17,7%, desde 29,4% en 1992. La tasa global de fecundidad llegó a 1,16, una de las más bajas del mundo y menor a la de Japón.
Al desafío geriátrico y crisis natal se suma la pandemia de soledad: el tamaño promedio del hogar bajó de 4 personas en 1992 a 2,8 en 2024, y los hogares unipersonales crecieron de 8,3% a 21,8%. Esto desafía también a la política habitacional, históricamente centrada en la propiedad y aumentar el tamaño de las viviendas. Como advirtió el exministro Cristián Monckeberg, “aunque sea una realidad, ningún político asumirá el costo de reducir el tamaño de las viviendas sociales”. Pero con hogares más pequeños, nuevas composiciones familiares y adultos mayores viviendo solos, necesitamos ampliar la oferta y subsidios de financiamiento y arriendo con soluciones flexibles, bien localizadas y accesibles.
Las ciudades serán plataformas para el envejecimiento activo, capitalizando el aporte de quienes, lejos de retirarnos, seguiremos formando, cuidando, innovando y contribuyendo. Para anticiparnos a estos desafíos —y las oportunidades que brinda la madurescencia— el jueves 9 de abril la Universidad del Desarrollo realizará el seminario Desafíos de la Nueva Longevidad, donde se compartirán experiencias y propuestas para que sigamos contribuyendo al país. Les invito a madurar juntos activamente.
Por Pablo Allard, decano Facultad de Arquitectura, Universidad del Desarrollo
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