Columna de Alejandra Sepúlveda: Jornada parcial: los números no dan



Existe la amplia creencia de que las mujeres optan por trabajar en forma remunerada menos horas a la semana porque así lo quieren. Ello les permitiría estar más tiempo con sus hijos/as y compatibilizar mejor la vida familiar con la laboral. Pero, ¿es tan así? ¿Se trata de una decisión libre u obligada por las circunstancias? En medio de la discusión sobre la realidad del empleo hoy -y sus signos de estancamiento, según el INE-, con una pandemia cuyos efectos aún no nos abandonan y tasas de informalidad altas, vale la pena analizar el fenómeno y sus principales causas.

Lo primero es preguntarse ¿son iguales las ofertas de trabajo de hombres y mujeres? La respuesta es no. En el caso de ellas, esta es mucho más “elástica”: para los hombres trabajar remuneradamente es una obviedad, pero para las mujeres termina siendo una decisión mediada por el “salario de reserva”, que incluye lo que podría ganar y lo que necesitaría recibir para cubrir los costos del trabajo doméstico y de cuidados. Los números no dan, si consideramos que la mitad de las mujeres ocupadas tiene un ingreso mensual menor o igual a $405.348 (ESI, 2021).

Por eso hay que mirar con atención las cifras del “subempleo horario’' que tiene claras distinciones de género. Y es que, aun accediendo al mercado laboral, una parte importante de la población ocupada en el sector privado se emplea bajo jornada parcial (9,9%). De ellas, 297.826 son mujeres (15%) y 230.705 son hombres (6,9%). Entre estas personas, existe una porción significativa que declara tener dificultades para trabajar las horas que desean y/o necesitan y caen en la categoría de “subempleo horario”: 72.335 mujeres (24,3%) y 59.274 hombres (25,7%). De la fracción de mujeres que quisiera trabajar más horas, pero no puede, 2.175 (3%) argumenta razones de cuidados permanentes de personas dependientes, frente a 217 hombres (0,4%) (ENE, trimestre móvil mayo-julio 2022). Una diferencia radical.

Sabemos que la mayor incorporación de la mujer al mercado laboral no solo reduce la pobreza de los hogares, también incide en el crecimiento del país. Así, son bienvenidas las medidas que apunten a desatar uno de los principales nudos de desigualdad representados por la mayor carga y responsabilidad de ellas, ya no solo por realizar casi todas las tareas domésticas y de cuidados, sino también el trabajo que conlleva planificarlas, administrarlas y gestionarlas, es decir, la carga mental, foco de la reciente campaña de ComunidadMujer, “Estar a cargo también es carga”.

Las políticas orientadas a reducir la jornada laboral y dotarla de mayor adaptabilidad horaria son necesarias, pero no suficientes, para superar las desigualdades estructurales y culturales entre mujeres y hombres. Las medidas de conciliación trabajo-familia deben ser complementadas con otras que promuevan activamente la corresponsabilidad entre trabajadoras y trabajadores, garantizando una mayor igualdad en los tiempos destinados al trabajo no remunerado. Si no, pueden transformarse en un refuerzo de la división del trabajo por género que es urgente superar.

Por Alejandra Sepúlveda, presidenta ejecutiva de ComunidadMujer

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