Opinión

Cuando hacer lo correcto duele

26 Marzo 2026 Precios Bencinas Foto: Andres Perez Andres Perez

El miércoles pasado, haciendo real nuestras peores pesadillas, se anunció el incremento de nada menos que $370 por litro de gasolina y $580 por litro de diésel.

La causa primaria u origen de este fuerte incremento en los precios es el alza en el precio internacional del petróleo, como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, estrecho por donde pasaba el 20% de la producción de petróleo mundial.

Sin embargo, esa no es la única razón; existe una causa secundaria a la alza de precios, es decir, un factor que contribuyó o habilitó el problema, y que en este caso corresponde al fuerte deterioro en la situación fiscal de los últimos años, y con ello a la disminución en la capacidad de pago del gobierno.

En efecto, los cisnes negros –definidos como sucesos poco probables pero que generan grandes impactos– se dan cada cierto tiempo, y los países deberían contar con instrumentos y una institucionalidad que les permita paliar sus efectos en la población.

Chile contaba con ambos. Con el fin de disminuir la volatilidad de los precios de los combustibles, nuestro país cuenta con el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles, Mepco, además de contar con un Fondo de Estabilización Económica y Social, Fees, que permite aumentar el gasto fiscal en época de vacas flacas.

Sin embargo, y lamentablemente, el exceso de gasto del gobierno anterior por sobre los ingresos recaudados, llevó a vaciar la billetera fiscal, a hacer uso de los recursos del Fees pese a no haber ningún shock que justificara el uso de esos recursos, a vender activos de Corfo, a dejar al país sin capacidad de nuevo endeudamiento (pues al tipo de cambio actual la deuda fiscal alcanzó más de 44,5% a fines de 2025, cuando el límite máximo es de 45% del PIB) y a dejar la caja fiscal (el capital de trabajo de un gobierno) en el equivalente a un 1% de los niveles normales para enfrentar este nuevo año.

Para entender mejor el problema, esto es equivalente a una casa en que se gastan $100 mensuales en agua, luz, gas, comida, etc. Y para esos gastos mensuales, en vez de tener los $100, solo se cuenta con $1 a principios de mes, pues me gasté todo el mes pasado, además de haberme gastado todos los ahorros y haber vendido la tele y el auto.

Bajo esas condiciones es que se ha debido enfrentar el shock en los precios del petróleo.

Algunos dicen que el cambio en los precios pudo ser gradual; sin embargo, una gradualidad mínima, de dividir los $370 en cuatro alzas de $92,5, hubiera implicado un gasto adicional de al menos US$900 millones, US$900 millones que no estaban en caja, US$900 millones que implicaban dejar de pagar otras cosas, como disminuir las listas de espera en los hospitales o pagar subvenciones escolares.

De este modo, pese a contar con instrumentos e institucionalidad para paliar los efectos negativos de shocks externos, en los hechos, la incontinencia de gasto de los cuatro años anteriores inhabilitó los instrumentos de estabilización, dejando a la administración actual entre la espada y la pared, debiendo optar entre gastar los escasos recursos que quedaron en salud, educación y proteger a las familias de menores recursos a través de subsidiar el transporte público y la parafina para calefacción, o financiar un alza lenta en los precios de los combustibles (que no le hubiera generado las críticas políticas que está enfrentado ahora), cuyo costo superaba con creces el límite máximo de gasto establecido por Ley.

Pues, duela a quien le duela, cuando los recursos son escasos, no queda otra que focalizar, y el Mepco no es un subsidio focalizado; por el contrario, es un subsidio que entrega más recursos a las familias con más altos ingresos.

El gobierno optó por hacer lo correcto y proteger a las familias de menores recursos, aunque ello le costara su popularidad y elevar las críticas de muchos que ni siquiera entienden cómo funciona este mecanismo y menos son capaces de calcular sus costos.

*La autora de la columna es académica de la Facultad de Economía y Gobierno de la Universidad San Sebastián.

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