Opinión

Davos 2026: en el punto de inflexión

En la cita anual que reúne en Davos (Suiza) a mandatarios de más de 60 países y a la élite política y económica global, han saltado todas las alertas. Con una franqueza poco habitual, se ha reconocido que el paradigma de la cooperación y orden liberal basado en el derecho internacional se está erosionando irreversiblemente. En su lugar emerge lo que muchos llaman la “era de la competencia”: un mundo marcado por la fragmentación, la confrontación y una geopolítica de grandes potencias “sin freno”, en palabras del primer ministro canadiense Mark Carney.

La imagen generada con inteligencia artificial que el Presidente de EE.UU., Donald Trump, difundió días antes de llegar al foro -con banderas estadounidenses clavadas simbólicamente en Canadá, Groenlandia y Venezuela- anticipó sus pretensiones, aunque después señaló no querer usar la fuerza.

El Informe sobre Riesgos Globales 2026 del World Economic Forum (WEF), confirma el diagnóstico sobre el delicado clima internacional imperante. Entre las amenazas más urgentes identificadas sitúa, en primer lugar, la confrontación geoeconómica, seguido de los conflictos armados, la polarización social y la desinformación. Y en los próximos 10 años, el cambio climático pasa al primer lugar en la lista, seguido por posibles efectos adversos de la IA, que sube al puesto quinto en la lista de preocupaciones.

Sin embargo, lo más revelador del informe es el relato que articula los riesgos. El mundo que describe el WEF ya no es uno que falla ocasionalmente en cooperar y donde la interdependencia económica actúa como amortiguador del conflicto. Más bien emerge un sistema que comienza a organizarse en torno a la rivalidad y donde el multilateralismo se ve debilitado frente a un esquema internacional más fragmentado, más transaccional y frágil.

En paralelo, el WEF delinea un ecosistema informativo degradado por la desinformación y las noticias falsas, que erosiona la confianza pública, radicaliza posiciones y vuelve más difícil construir consensos para enfrentar problemas trasnacionales como la desigualdad y el cambio climático.

Un contexto donde han resonado las advertencias reiteradas de intelectuales como Yuval Noah Harari quien, en su conferencia de este año en Davos, describió a la inteligencia artificial generativa como un “agente” creativo, capaz de mentir, manipular y hackear la mente humana, y subrayó la urgencia de poner límites a su potencial de dominio autoritario. Lo que contrasta con el optimismo de las tecnológicas y el reconocimiento de los magnates de la IA como personajes del año por la revista TIME.

Puede parecer paradójico que el Foro Económico Mundial elija como lema de su reunión de 2026, la necesidad de restaurar un “espíritu de diálogo”. Pero es precisamente esa brecha entre un mundo que compite saltándose las reglas y la urgencia de cooperar genuinamente, la que define este momento histórico.

Como advirtió Carney, la pregunta ya no es solo si nos adaptamos levantando muros más altos, sino si somos capaces de hacer algo más ambicioso, mejor y más justo.

Por Alejandra Sepúlveda P., gerenta Proyecto

Integridad electoral y Género (RLAC)-IDEA Internacional

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