De política de Estado al estado de la política

La candidatura de la expresidenta Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas es un caso de estudio de cómo se pueden combinar errores, mitos, falta de realismo y escasa transparencia en torno a una decisión de política exterior.
La primera cuestión por despejar es si la candidatura es una “política de Estado”. Al respecto, cuando se hace referencia a una política de Estado, el concepto implica la existencia de un consenso previo que da amplio respado o indiscutida representatividad a esa política. Este no es el caso.
El Presidente Boric, al anunciar dicha postulación, lo hizo sin haberla consensuado con ningún otro liderazgo político. Por ende, la candidatura nunca tuvo el carácter de “política de Estado”, como tampoco lo tuvo, se espera, la serie de agravios contra Trump en su discurso.
Luego viene el error político. Cuando se formaliza la postulación de Bachelet, con la sorpresa de hacerlo junto con Brasil y México, el Mandatario agrava su error inicial de no consensuarlo y actuar con secretismo con esos dos países para marcar la candidatura de Bachelet a la ONU como una postulación de la izquierda latinoamericana más contraria a los planteamientos de EE.UU.
Por el contrario, la actitud del Presidente electo José Antonio Kast en relación con esta candidatura resulta incuestionable por su franqueza y objetividad. Al señalar que esa candidatura es un tema que evaluará una vez que asuma la Presidencia hizo lo que corresponde, de conformidad con lo que señala la Constitución.
En términos de gestión, la decisión de Kast es una clara muestra de realismo, como también de un ánimo y voluntad carente de prejuicios. El contraste con la actitud partisana y poco transparente de Boric deja a este último muy mal ante cualquier observador imparcial.
Desde que se anunció la candidatura hasta que se formalizó han habido cambios que confirman lo acertada que fue la decisión de Kast, en el sentido de no opinar sobre la candidatura sin antes tener todos los elementos de juicio a su disposición.
Entre los hechos recientes se encuentran nuevas condiciones introducidas al proceso de elección para el cargo, como que Trump señaló que EE.UU. no se limitaría a postulantes provenientes exclusivamente de América Latina y el Caribe. Por su parte, el representante de Rusia declaró que su país no considera que quien suceda a Guterres deba ser una mujer, agregando que ellos priorizan el mérito antes que el género. De una plumada, dos de las principales condiciones que favorecían la eventual candidatura de Bachelet se esfumaron. Y China condicionó un eventual apoyo a Bachelet a que fuera candidata única de la región.
Para completar el cuadro, el secretario general António Guterres advirtió sobre la crisis institucional y financiera de la organización, que arrastra una decadencia de décadas. La figura del secretario general actualmente no pasa de ser la cara visible de una burocracia ineficiente y costosa. “El alto honor que significaría tener a una connacional en el cargo más importante de las Naciones Unidas” es otro mito.
En cuanto a dineros, de ese asunto solo se tendrán cifras conocidas una vez que asuma el próximo gobierno. Enfrentado a los altísimos costos de la candidatura, el canciller decidió declarar los montos como secreto de Estado. Poca transparencia. Para una Cancillería que ha dejado de pagar alquiler y cuentas de electricidad en embajadas y consulados, asumir gastos extraordinarios para una postulación incierta y cuestionada indica una grave falta de realismo.
Por Jorge Canelas, investigador del Instituto Libertad
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE












