Desde la desmesura a la mesura
SEÑOR DIRECTOR:
Ad portas del inicio de un nuevo año, no está demás pensar cómo estaríamos si se hubiera aprobado la propuesta de la Convención Constitucional. Parece ser que, salvo los más comprometidos con ella, la inmensa mayoría -incluidos muchos que votaron Apruebo (probablemente varios en el gobierno)- respiran aliviados. El triunfo del Rechazo cambió la tendencia desde el llamado estallido social y que, de haber ganado el Apruebo, se habría profundizado. La ciudadanía había apoyado el discurso de una nueva generación que venía a refundar Chile. Incluso, un amplio sector consideró que la violencia era necesaria para lograr los cambios. Ello se tradujo en la elección de una mayoría de convencionales y, luego, del Presidente Boric, afines a ese pensamiento.
Lo sorprendente es cómo, en pocos meses, el péndulo viró. La desmesura y la violencia hicieron su trabajo. La gente se hastió y el silencio de las mayorías se expresó en las urnas. Con ello, ha sobrevenido un tiempo donde las palabras vetadas han ido recuperando su valor: acuerdos, seguridad, unidad, bien común, institucionalidad democrática.
Quienes tienen responsabilidad política, partiendo por el Presidente, han debido moderar su lenguaje. Entender que es mejor “un mal acuerdo” que el inmovilismo; que el voluntarismo es mala compañía; que se puede tener convicciones y avanzar en la medida de lo posible; que la violencia siempre es inaceptable; que los cambios se logran paso a paso. No obstante, la violencia mantiene sus artífices en los extremos.
En tiempos de predominio de populismos, polarización e intentos totalitarios como vemos en nuestro vecindario, el Acuerdo por Chile recoge el ánimo de una ciudadanía que quiere una nueva Constitución, pero que está demandando nuevos acuerdos por Chile que aborden sus principales problemas: la inseguridad, la inflación, el desempleo. De allí que el gran desafío de este año que inicia será fortalecer el clima de respeto, colaboración y mesura, para abordar la solución de estos problemas y tener por fin una Constitución con gran respaldo. La última palabra no está dicha.
Mariana Aylwin
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