Dos derechas



Por Hugo Herrera, profesor titular de Derecho UDP

En Chile constan dos derechas. Una reciente; otra entroncada en la historia larga del país; una apegada a fórmulas eminentemente abstractas -individuo y economía neoliberal-; otra que entiende que un orden político legítimo es la base de cualquier despliegue, incluido el económico.

La derecha nueva nace en Chile con apoyo del gobierno norteamericano, tras el convenio entre las universidades Católica y de Chicago. El legado fue una concepción atomista de la sociedad, donde el individuo es una entidad última y el Estado un mero instrumento; y una visión economicista (similar a la de un marxismo primitivo), que reduce los problemas políticos al asentamiento de un orden económico neoliberal.

Esa derecha fue hegemónica en la dictadura y la transición.

Su aparataje conceptual le impide, empero, entender adecuadamente la situación política. La deficiencia comprensiva se ha vuelto patente en gobiernos incapaces de enfrentar correctamente dos crisis de carácter político: en 2011 y 2019.

Hace años, sin embargo, viene despuntando con fuerza, nuevamente, la otra derecha, la histórica, consciente de que comprender políticamente requiere atender al pueblo en su territorio, a su unidad y diversidad social y cultural, para brindarle, a ese pueblo, una articulación institucional pertinente; que es sobre esa base que recién resulta viable un despliegue nacional.

Esa derecha histórica y política vuelve a emerger desde las universidades, en el trabajo de investigadores y columnistas, de movimientos estudiantiles como Solidaridad o la CDU; desde centros de estudios (IES, IdeaPaís o Piensa); en los liderazgos políticos de Mario Desbordes y Cristián Monckeberg; en parte importante de RN y la disidencia de la UDI.

Cuando han ocurrido las manifestaciones más grandes de nuestra historia y el país es golpeado por una epidemia; cuando la legitimidad del sistema político en su conjunto está por los suelos y la viabilidad del orden republicano se halla en juego; cuando, incluso, el modelo económico, fuertemente rentista y extractivo, evidencia síntomas de decadencia, entonces la derecha histórica aparece como mejor dotada para entrar en la discusión pública y darle curso ascendente a los hechos.

Ella es más consciente de las exigencias políticas de auscultar la situación y brindarle a las pulsiones y anhelos populares expresión ordenada en instituciones y discursos en los que el pueblo pueda sentirse reconocido. Producto de mejores capacidades comprensivas y recursos teóricos más diferenciados, esa derecha siente con especial fuerza la responsabilidad de abrir los diálogos para generar una reconstitución del orden institucional, dentro de cauces populares y republicanos, que permitan, a la vez, mejorar la integración del pueblo consigo mismo y con su territorio, y asegurar la división institucional del poder social.

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