Opinión

¿Dos izquierdas?

No es casual que surjan matices, diferencias o incluso fracturas en la alianza de gobierno del Presidente Boric. Como han señalado diversas voces, su fracaso electoral exige una reflexión a la altura de las circunstancias, sobre todo considerando que sus problemas exceden el reciente balotaje presidencial. Después de todo, el oficialismo actual acumula varias derrotas desde el 4 de septiembre de 2022. ¿Pero y el triunfo del “En contra” en el plebiscito de 2023? En el mejor de los casos fue una victoria pírrica: todos sabemos que la izquierda no llegó a La Moneda para mantener la Constitución vigente. En rigor, su trayectoria de los últimos años confirma la necesidad de examinar con ojo crítico sus diagnósticos, decisiones y alianzas.

Sin embargo, al revisar ese itinerario también emergen los diversos obstáculos que enfrentarán aquellos dirigentes —si acaso existen— que intenten encarnar una diferenciación de las izquierdas. Por de pronto, ese mundo padece una inercia difícil de resistir. El impedimento no es que la futura oposición necesite coordinarse ante el gobierno del Presidente Kast, algo obvio y que no zanja el asunto (coordinación y mímesis son cosas distintas). Lo decisivo es que los partidos que apoyan al gobierno y que respaldaron a la exministra Jara llevan más de una década renegando del proyecto histórico de la ex Concertación. Si esta se caracterizó por articular una alianza de centroizquierda —y sin el PC—, desde 2011 la lógica ha sido la contraria. La tesis de la unidad de las izquierdas, que el Presidente Boric defiende con entusiasmo, es el corolario natural de este recorrido.

Deshacer el camino andado implica una tarea ardua. Cambiar de libreto exige cuestionar la apuesta histórica de Boric y auscultar lo acontecido desde la Nueva Mayoría hasta las polémicas más recientes, sin omitir los puntos más decadentes de ese largo proceso. Y, mal que pese, esas sombras no son pocas: los días posteriores al 18-O, la declaración del 12 de noviembre de 2019 avalando la “vía de los hechos”, las acusaciones constitucionales contra el expresidente Piñera, la promoción del Apruebo —y por tanto del proyecto de la fallida Convención—, y así, el listado podría extenderse varias líneas. ¿Cuántos dirigentes de izquierda están realmente dispuestos a hacer el inventario de lo ocurrido y sacar las lecciones del caso?

Una muestra de cuán improbable es ese ejercicio es el trato ofrecido por los principales referentes políticos y mediáticos de izquierda contra quienes han puesto el dedo en la llaga desde 2019. ¿Qué ha pasado con Sergio Micco, con Cristián Warnken, con Óscar Landerretche? La salida sencilla es decir que se “derechizaron” (aunque sus opciones electorales han sido diversas y ninguno ha jugado en esas lides últimamente). Más difícil es asumir que en el Chile de Aylwin, Frei y Lagos —cuando existían distintas izquierdas— las ideas que hoy ellos representan eran más o menos revindicadas por la centroizquierda. Ese es el punto ciego de quienes apuestan por la diferenciación sin aquilatar sus consecuencias, y mientras no lo perciban ella seguirá siendo una quimera.

Por Claudio Alvarado Rojas, director ejecutivo del IES

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