Opinión

El costo de temerle al género

Feminismo-horizontal

En febrero pasado, en un discurso pronunciado con ocasión del cierre de una cumbre organizada por la Red Política de Valores, el Presidente Kast llamó a defender “la vida, la familia, la verdad y la libertad”, frente a una “cultura dominada por los ismos”. “Esto no es solamente una batalla cultural, también es una batalla política y moral” –dijo-. Según explicó a una audiencia afín, dentro de esos “ismos” estaba “el feminismo ideológico que enfrenta a hombres y mujeres en lugar de dignificarlos por igual”.

Discursos como este componen la retórica de un movimiento político trasnacional antigénero para el cual el feminismo es un programa ideológico (la ideología de género), desestabilizador del orden familiar, cultural y político. Una amenaza no solo a los valores conservadores, sino a los valores en sí.

Dicha retórica ha sido muy exitosa, electoral y culturalmente hablando. En las redes sociales –nuestra plaza pública contemporánea– circulan cotidianamente discursos incendiarios contra las mujeres y el feminismo; diatribas que encajan mejor en fantasías distópicas, como “El cuento de la criada”, que en una comunidad democrática. Así, por ejemplo, en Estados Unidos el movimiento Repeal the 19th promueve la derogación de la 19.ª enmienda, que consagró el voto femenino, y su sustitución por un voto de cada “jefe de hogar”. Hace unas semanas, CNN develó una red digital global (Rape Academy), cuyos usuarios (más de 62 millones) intercambian material sexual y consejos para violar a mujeres.

Convertir al género en algo ideológico, despojarlo de sus virtudes epistémicas y triunfos civilizatorios tiene un costo que no solo pagan las feministas. En entrevistas recientes, la titular del Ministerio de la Mujer, Judith Marín, dijo que el sello de su cartera será “realista”, no “ideológico”, y deslizó que las críticas vertidas contra Mara Sedini y otras ministras serían ataques mediáticos machistas. Viniendo de quien viene, es inevitable que dicho diagnóstico caiga bajo la sospecha de responder a consideraciones instrumentales más que a convicciones profundas. Pero, para el feminismo debe tomarse en serio. Si bien ser mujer no es un escudo frente al escrutinio público, y tanto mujeres como hombres dedicados a la política pueden y deben ser juzgados por sus desempeños y consistencia ideológica, el excedente de hostilidad de algunas de esas críticas parece deberse a componentes de género (sí, esa “chapa” que irrita o atemoriza a algunas personas). Los estudios de género (de nuevo, la expresión incómoda) aportan mucha evidencia que sugiere que la violencia política adquiere formas e intensidades específicas en el caso de las mujeres.

Si el proyecto de restauración del orden tradicional persigue un pasado idealizado en el que la complejidad de la experiencia social de ser mujer –el género– requiere ser borrada del mapa y del lenguaje político, por “ideológica” o amenazante, ¿cómo asegurar, entonces, que esa experiencia realmente importe?

Por Yanira Zúñiga, profesora Instituto de Derecho Público, Universidad Austral de Chile

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