Por Guillermo LarraínEuropa, Canadá y nosotros

El discurso del Primer Ministro canadiense Mark Carney en Davos recibió una unánime ovación por su forma directa sin ser confrontacional y por la profundidad de su contenido.
Carney no postula erigir una tercera superpotencia para competir la hegemonía de EE.UU. o China. Plantea que las potencias medianas -lo que sutilmente incluye a Europa, a pesar de tener en principio el mercado común más grande- tienen mucho que perder en un sistema en que los “hegemons” ponen reglas arbitrarias.
Sin hacerle el quite al hecho de que el sistema actual está en crisis, Carney hace una invitación inclusiva a reescribirlas constructivamente.
A pesar de sus esfuerzos, el discurso detonó la ira del Presidente Trump, que inmediatamente amenazó a Canadá con aumentos de aranceles. La airada reacción de Trump no hizo sino justificar la postura de Carney.
Ahora hay que ver cómo Europa hoy se reinventa como un grupo de “potencias medianas”.
Hasta la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra, Francia y Alemania eran imperios. Al desaparecer estos y concluida la reconstrucción, lo que quedó fueron países ricos, científicamente avanzados, con poblaciones educadas y altos niveles de capital, pero con poblaciones y geografías pequeñas y pocos recursos naturales.
La idea de crear la Unión Europea era canalizar constructivamente esa fabulosa energía europea luego de tanta destrucción. Sin embargo, las diferencias estratégicas, los resquemores históricos que no se olvidan tan fácil y el apresuramiento por absorber a los países del ex bloque soviético, hizo que la UE creciera con baja capacidad para actuar y confiando en que el compromiso norteamericano de postguerra no caducaba. Esto le pesa hoy.
Pero están pasando cosas en Europa. La amenaza de Trump de invadir Groenlandia dejó claro que la alianza con EE.UU. solo sobrevivirá si Europa tiene capacidad propia de autodefensa. Esto ha obligado a que la UE dialogue con Inglaterra y Noruega, que sin ser miembros necesitan alianzas creíbles. Como en defensa no se puede actuar por unanimidad, que era la norma europea, ahora se habla de mayorías calificadas o “coaliciones de voluntarios”. La amenaza de Trump está detonando reacciones políticas que Europa necesitaba para ganar capacidad de acción. En lo económico, el Informe Draghi ha sido aplaudido porque muestra un camino de reformas que debieran permitir que ese mercado común, que en principio es el más grande del mundo, finalmente lo sea.
Esa Europa-potencia-mediana puede ser un buen aliado de Canadá para consolidar un diálogo que permita reconstruir un sistema de reglas internacionales.
Chile debe sumarse activamente a ese proceso. Es nuestra tradición y lo que más nos conviene.
No es malo recordarlo esta semana en que expira una regla clave de los últimos años: la que limitaba el crecimiento de los arsenales nucleares en EE.UU. y Rusia. Reconstruir el sistema de reglas no es romanticismo, es un objetivo necesario para la convivencia pacífica entre naciones que se pueden hacer mucho daño.
Por Guillermo Larraín, FEN U. de Chile
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