Por Pablo OrtúzarFaltan moneys

La Casa de Moneda de Chile, fundada en 1743, es la empresa más antigua del país. Su origen está en la oferta que en 1741 le hace el comerciante Francisco García Huidobro –que se había hecho rico con la compraventa de esclavos- al Rey Felipe V, consistente en financiar toda la operación de organización de la ceca, a cambio de obtener el usufructo de las utilidades de la amonedación, además de poder heredar ese privilegio. Firmado el acuerdo, en 1749 ve la luz la primera moneda chilena: los 4 escudos de oro de 1749, de los que se acuñaron unas 27 mil unidades.
¿Qué son las utilidades de la amonedación? Básicamente, la distancia existente entre el valor nominal de la moneda y su costo de producción. Un sinónimo de este concepto es “señoreaje”. Desde el punto de vista del usuario, que el valor, consistencia y peso del dinero fuera garantizado por la autoridad política sin duda era, y sigue siendo, una ventaja. Pero no es que se hiciera por bondad. De hecho, sabemos que el negocio resultó tan bueno, que en 1770, tres años antes de que falleciera García Huidobro, la Casa de Moneda es “incorporada por decreto real”, esta vez firmado por Carlos III, a la propiedad de la corona. Básicamente, “exprópiese”. Doce años después, en 1782, comienza a proyectarse el nuevo edificio para la institución, encargado al arquitecto italiano Joaquín Toesca. Así, nuestro actual palacio de gobierno fue construido entre 1786 y 1805.
Por cierto, con la independencia la Casa de Moneda pasa a manos del Estado de Chile. Nuestra primera moneda independiente ve la luz en 1817, y le siguen muchas otras. Con el tiempo, la calidad de la institución la hace ser requerida por otros países, como Perú, Ecuador y Uruguay, para fabricar algunas de sus monedas. Y también aumenta la complejidad y la variedad de los productos confeccionados: patentes, estampillas (sellos), medallas y hasta platos. Hoy es una empresa pública del Estado organizada como sociedad anónima, de la cual el principal accionista, con un 99%, es Corfo. Por cierto, las decisiones respecto de la emisión de dinero son facultad exclusiva del Banco Central, pero la concreción material de esas decisiones las hace la Casa de Moneda (si es que gana el concurso público correspondiente).
A pesar de la buena calidad técnica de la Casa de Moneda, su oferta de productos que la hagan lucir es altamente limitada. Chile no destaca por sus monedas conmemorativas (entre 1992 y 2026 podemos contar sólo tres emisiones especiales: los $ 10.000 de 1991, los $ 2.000 de 1993 y los $ 100 de 2025). Esto, a pesar de la popularidad alcanzada por varios de sus productos, como el famoso “billete” con el rostro de Margot Duhalde (2023), la onza de oro “Chilean Condor” de 2014, algunas medallas presidenciales y los actuales lingotes, a la venta en su página web.
Esta timidez contrasta con la oferta de otras cecas mundiales con buen nombre, como la Casa de Moneda de París, la Royal Mint británica o la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre española. Y se hace menos razonable en la medida en que en Chile es especialmente difícil preservar el patrimonio del pasado debido a la recurrencia de calamidades naturales, por lo que medallas, monedas y similares son de los pocos objetos históricos y artísticos más o menos difíciles de destruir que quedan para la posteridad.
Tomando todo esto en cuenta, probablemente sería bueno que, sacando provecho del señoreaje, nuestra Casa de Moneda acuñara series conmemorativas y de inversión en distintos metales. Temas no nos faltan. Por ejemplo, es increíble que los 80 años del Nobel de Mistral no tuvieran su moneda. También sería una mala idea, de aprobarse la construcción de un monumento a Sebastián Piñera, no acompañarla con su contraparte monetaria. Este 2026, además, celebramos 200 años tanto de la creación del cargo de Presidente de la República, como de la incorporación de Chiloé al territorio chileno; 150 años del nacimiento de Luis Emilio Recabarren; un siglo de relaciones diplomáticas con la República de Turquía (fuimos el primer país latinoamericano en reconocerla), y 50 años de la Vicaría de la Solidaridad, Codelco y el inicio de obras de la Carretera Austral. No es poco.
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