Opinión

Frágil, radical y experimental

Foto: Rodrigo Guendelman

“Son buenas viejas noticias, venidas desde otros lados para ventilar en algo el ambiente que habitamos, y para que -como decía Raúl Ruiz- no se nos olvide que hay más países que Chile”. La frase es de Smiljan Radic, uno de los arquitectos más destacados de nuestra nación y del mundo. Junto a la escultora Marcela Correa, lideran la Fundación de Arquitectura Frágil, cuyo objetivo es promover el estudio y la difusión de la arquitectura experimental o improbable -aquella que desdibuja los límites de la disciplina- a través de proyectos de investigación y difusión en Chile.

Una parte del increíble archivo de esa fundación es el que está expuesto en la sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes, en la muestra “Tiras de prueba. Arquitectura 1951-1997” y que se puede (se debe, en realidad) ver hasta principios de abril.

Con una puesta en escena donde el genio de Smiljan Radic se luce en cada detalle, los 33 paneles y las 11 vitrinas se ponen el servicio de un grupo de figuras y colectivos que, post Segunda Guerra Mundial, impulsó ensayos y exploraciones desde los márgenes de la arquitectura, estableciendo caminos que en el tiempo adquirieron gran relevancia.

Las obras seleccionadas incluyen dibujos, diagramas, collages y litografías originales de autores del hemisferio norte, quienes intentaron ampliar los bordes del debate arquitectónico; entre ellos, Le Corbusier, Zaha Hadid, Gordon Matta-Clark, Constant Nieuwenhuys, Aldo Rossi, Haus-Rucker-Co, Enzo Mari, Madelon Vriesendorp, Graham Stevens, Enric Miralles y Peter Wilson.

“Nuestra colección tiene que ver con que los jóvenes chilenos puedan ver presencialmente ciertas ideas improbables (a falta de pruebas) lejos del mundo donde fueron construidas, principalmente Europa. Aprovechar esa distancia real, que creo aumentará con los años, para injertar artificialmente memoria ajena en un territorio abandonado a su suerte”, explica Radic.

Basta asomarse a la sala Matta para ver cómo cientos de personas miran, croquean, fotografían y estudian cada una las 300 piezas de la muestra. Hay un auto Messerschmitt KR-200 de 1955, diseño de Fritz Fend, de tres ruedas, que es uno de los objetos que más llama la atención. Así como la “Ines-Table” de Enric Miralles, que tiene 16 configuraciones distintas a partir de cuatro paneles móviles, y que es una de las tres que existen en el mundo, fabricada en nogal por el arquitecto Alejandro Lüer y autorizada por la Fundación Enric Miralles.

Otra obra que impresiona es “El Poema del Ángulo Recto”, escrita, dibujada y compuesta por Le Corbusier. Se trata de una publicación conformada por 19 poemas manuscritos, desplegados en 155 páginas, todas litografías de 32×42 centímetros.

“Le Corbusier demoró ocho años en completarlo y lo consideró una recapitulación de toda su trayectoria, un resumen de sus ideas en torno a la creatividad artística y arquitectónica. Esta obra ha sido leída como un “fresco” que combina escritura, artes plásticas y reflexión arquitectónica”, se puede leer en la cuenta de Instagram de la Fundación de Arquitectura Frágil (@fundacionfragil).

“Smiljan llevaba algunos años reuniendo piezas de arquitectura de papel de las décadas de 1960 y 1970, lo que solía llamarse arquitecturas radicales. Había comenzado de manera tentativa con dos mapas situacionistas de Guy Debord y Asger Jorn, continuado con dibujos de Constant y Superstudio, y consolidado una colección con los cuadernos de arquitectura neumática del grupo Utopie. En una entrevista que sostuvimos sobre su colección, cuyo material sucedía, en lugar de preceder, a sus propios proyectos inflables, argumenté que ésta se había vuelto un instrumento de su práctica... Proyectar y coleccionar se desarrollaban simultáneamente y en conversación entre sí”, escribe el arquitecto Enrique Walker en la edición 232 de El Croquis, recién aparecida, y que dedica sus más de 300 páginas a Radic.

Es el tercer número de El Croquis, una de las publicaciones de arquitectura más influyentes, enfocado completamente en la obra de Smiljan, algo que muy pocos arquitectos en el mundo pueden contar. Autor de obras tan notables como el restaurante Mestizo (muy pronto viene uno nuevo en el barrio Italia, también de su autoría y con una arquitectura más frágil), el Teatro del Biobio, la ampliación y remodelación del Museo Precolombino, el Centro Nave, más de cuarenta tiendas para la marca Alexander McQueen, el inolvidable “guatero” inflable para la Bienal de Arquitectura de Chile en 2023 y la bodega de vinos Vik; a lo que hay que sumar el libro “Obra Gruesa” con la editorial Puro Chile, una obra en sí misma, la exposición “Tiras de prueba. Arquitectura 1951-1997” en el Museo Nacional de Bellas Artes es una extraordinaria oportunidad para conocer a algunos de los héroes que inspiran a Smiljan. Una muestra a la que recomiendo ir, al menos, dos veces.

Para observar, digerir, hacerse preguntas, y luego volver a tener la experiencia. Y un ejemplo más de que en Santiago hay cosas demasiado importantes e interesantes sucediendo. Basta tener un poco de curiosidad.

Por Rodrigo Guendelman, conductor de Santiago Adicto de Radio Duna.

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