La cultura más allá del acceso



Cuando decimos que la cultura tiene que ser parte de la discusión y el proceso constituyente, de la Nueva Constitución, no estamos levantando una demanda gremial ni repitiendo una consigna cual mantra. Estamos conectando con las necesidades más escenciales de la convivencia en sociedad, el ser reconocido en la propia identidad, la capacidad de escuchar al otro desde su particularidad, el valor del rito comunitario para la persistencia del bien común. Todos aspectos fundamentales cuando observamos en estos momentos críticos de la pandemia cómo nos comportamos frente al dolor, a la incertidumbre, a la espera.

Es imperativo recomponer la trama de nuestras relaciones cívicas con un enfoque cultural que promueva los derechos humanos como línea base de nuestra convivencia con dignidad, la sustentabilidad como condición necesaria del desarrollo económico responsable, el feminismo como una manera holística y no jerárquica de ver y experimentar nuestras relaciones. Es decir, la cultura más allá del derecho al acceso a las artes y la libertad de creación, sino como un catalizador de los cambios que antes del estallido o la revuelta del 18 de octubre ya se empujaban de abajo hacia arriba, desde los movimientos sociales, desde los territorios y también, por qué no decirlo, desde los textos, relatos y reflexiones en voz alta de los creadores y las creadoras de nuestro país.

Este aplazamiento de las elecciones, junto con atender la dramática realidad sanitaria que estamos viviendo, es una oportunidad para que los medios de comunicación, las conversaciones en nuestras casas, las historias en las redes sociales den cuenta de lo que podemos cambiar profundamente con esta Nueva Constitución con participación paritaria y de Pueblos Originarios. Eso ya es cultural, un ordenamiento simbólico que transforma la mirada de lo que somos.

Es la primera constitución del siglo XXI del planeta que se escribiría desde la ciudadanía, lo que de alguna manera nos pone en la lupa de los procesos y cambios sociales que se están viviendo globalmente, pero nuevamente eso también nos conecta con la cultura, ese cuerpo de principios, valores, lenguajes, costumbres, que organizan nuestra convivencia. Sin embargo, nada de esto es neutro, requiere tomar posiciones, por eso hacemos un llamado a colocar en el centro del debate la pregunta ¿qué vamos a priorizar a la hora de ponernos de acuerdo?: el bien común o los intereses corporativos o individuales. Por nuestra parte seguiremos con un propósito claro: “que las artes y la cultura sean importantes en la vida de las personas”, que permeen el cuerpo escrito y el alma de la Nueva Constitución.

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