Por César BarrosPartiendo de cero
El año 1964, la derecha chilena recibió la paliza más famosa de su historia. El Partido Conservador consiguió elegir a solo tres diputados. La DC y la izquierda arrasaron en todas las elecciones. Pero desde 1966, con trabajo y paciencia, se comenzó a construir una nueva derecha. Desde la FEUC primero, y luego otras universidades, el Movimiento Gremial formó tremendos líderes que luego en democracia llevaron a la “UDI Social” a ser el partido más grande de Chile.
Y también, a partir de 1964, la derecha chilena comenzó lentamente a recuperar terreno. Fueron derrotados en 1970, pero dejaron a la UP en minoría y políticamente aislada. Y luego en democracia los nuevos líderes de la derecha trabajaron en las poblaciones, en los centros comunitarios y en las organizaciones sociales, logrando votaciones que asombraron a todo el espectro político.
Hoy la derecha está peor que el 64: está sin líderes. Están divididos, con los kastianos haciendo el ridículo, y casi todos los parlamentarios de Chile Vamos con agendas personales de comedia. A tal nivel, que ni siquiera entienden las matemáticas del sistema D’Hont, y acogiendo ideas absurdas, llenos de complejos. Son, de acuerdo a la clasificación del gran economista Carlo Cipolla, “estúpidos”. O sea, “personas que causan pérdidas sociales al resto, mientras incurren ellos mismos en pérdidas personales”. Qué gran descripción de la clase política chilena, y de la derecha en particular.
Para recuperar la importancia que debe tener la derecha, habrá de tener paciencia, y trabajar incansablemente. En primer lugar, deberá reemplazar a todos sus actuales parlamentarios en noviembre, eligiendo candidatos con ideas, ética de trabajo popular, y convicciones. Gente que se ocupe y preocupe por el chileno más frágil. Que lo sepa acompañar. No repetir a esta vergüenza de parlamentarios acomplejados y descontrolados que hoy tiene en el Congreso.
En segundo lugar, sus profesionales deben luchar incansablemente por las ideas propias, en columnas, cartas, foros y redes sociales, sin dejar pasar por alto ningún insulto, amenazas o políticas insensatas. Asimismo, deben apoyar en forma resuelta y sin complejos a las fuerzas de orden para que ejerzan de verdad su monopolio de la fuerza.
Tampoco se puede abandonar la calle a la extrema izquierda, a los narcos, a la “primera línea”, y a los criminales. No olvidemos que durante la UP las marchas de la oposición fueron numerosas, temidas y respetadas. Hoy la violencia de la izquierda extremista no tiene contrapeso. Y eso no terminará hasta que haya movilizaciones de los ciudadanos que exigen orden y progreso.
El trabajo en poblaciones fue totalmente abandonado por la derecha, y ahí está el resultado. Es un trabajo largo, de conocimiento, sacrificio, comprensión y realismo. Ahí radica la actual desconexión de las élites -de derechas y de izquierdas- con el Chile real: por años, y décadas, dejaron de visitarlo y conocerlo, aislados en sus enclaves de los barrios y colegios “del rechazo”.
Y finalmente, si la centroderecha no cambia de actitud -y de personajes-, hará posible que solo una fracción del 40% del padrón electoral logre cambiar el país, con el resto de los votantes escondidos en sus casas y barrios.
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