Por Gabriel ZaliasnikPureza verbal

Pocas cosas revelan tanto la fragilidad de un argumento como el refugio repentino en la filigrana semántica. Es lo que ocurrió con el súbito rigor por el uso del lenguaje con que los mismos actores políticos que durante años recurrieron a la hipérbole, la consigna y el panfleto reaccionaron frente al empleo de la palabra “quiebra” para describir, de manera coloquial y sencilla, el completo vaciamiento de las arcas fiscales que dejó el gobierno anterior.
Concedamos, desde luego, lo obvio: Chile no ha quebrado en sentido jurídico. No se trata de una empresa en liquidación ni de un país en cesación de pagos. La propia Dipres informó que la deuda bruta cerró 2025 en 41,7% del PIB y se mantiene bajo el umbral de 45%, en tanto el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, tomó distancia del post oficial que hablaba de un “Estado en quiebra”. Sin embargo, agotar la discusión en esa precisión técnica es sólo una distracción. En efecto, una cosa es corregir una expresión y otra muy distinta eludir la dura realidad que ella retrata, esto es, que lisa y llanamente no hay plata. No hay holgura. No hay margen pues quienes administraron el Estado los últimos cuatro años gastaron irresponsablemente, proyectaron mal, comprometieron recursos sin prudencia y no cuidaron el erario público como correspondía.
Por eso resulta tan evidente la cínica estrategia de la izquierda al intentar que el Presidente Kast y su gobierno paguen el costo político del descalabro financiero heredado de Gabriel Boric. Buscan que la ciudadanía asocie el ajuste, la estrechez y las malas noticias con quienes hoy se ven obligados a transparentar su mal estado, y no con quienes vaciaron la caja. La metáfora es simple. La resaca de la fiesta y el dolor de cabeza no es responsabilidad de los padres que encienden la luz en la habitación a la mañana siguiente, sino de los adolescentes que consumieron más de lo debido.
Por lo mismo lo que ahora se requiere es la verdad completa. Como nunca antes en democracia, resulta indispensable una auditoría independiente, severa e implacable. Un examen exhaustivo al estado de las cuentas públicas de manera que cualquier irregularidad, desvío o eventual delito sea investigado por el Ministerio Público y las responsabilidades penales establecidas por los tribunales de justicia, sin privilegios, sin blindajes y sin consideraciones partidarias.
Porque el problema de Chile no radica en que alguien haya usado una palabra incómoda. El problema es que esa palabra, aun siendo técnicamente imperfecta, alcanzó a tocar una verdad que la anterior administración -de haber podido-, preferiría seguir maquillando. Como dijo Churchill, “la verdad es incontrovertible; el pánico puede resentirla, la ignorancia puede ridiculizarla, la malicia puede distorsionarla, pero ahí está”, y ahí precisamente está, la deteriorada realidad fiscal de Chile tras el experimento político filo peronista del Frente Amplio.
Por Gabriel Zaliasnik, profesor de Derecho Penal, Facultad de Derecho, Universidad de Chile
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