Por Óscar Guillermo Garretón¡Qué final!

En esta última columna antes del cambio de mando, mi intención era expresar buenos deseos a Chile en el tiempo que comienza. A los chilenos que merecen salir de la polarización y tener un país que les garantice seguridad y prosperidad. Al gobierno que se inicia deseándole que se concentre en las demandas ciudadanas que explican su voto de diciembre pasado. En la izquierda, el deseo que se renueve para dejar atrás 15 años sin respuesta solvente a las principales demandas populares.
Pero este final del gobierno de Boric superó mi capacidad de asombro. Nunca imaginé días finales como los que estamos viviendo. Para peor, todo se ha sabido a cuentagotas, abriendo una enorme duda de si eso se debe a la ineptitud e irresponsabilidad o si se trata de un deliberado ocultamiento y un intento de endosar al futuro gobierno herencias envenenadas en diversos ámbitos.
Lo del cable submarino supera lo imaginable. Desde hace años sabíamos que era un tema crítico para la relación con China y EE.UU. Se ocultó información al país y al futuro gobierno. Callaron que ya estaba firmada su autorización por el ministro que dos días después la anuló aduciendo problemas “de tipeo”. El embajador de EE.UU. y la prensa fueron los grandes develadores. Ha habido un engaño a Chile, al parecer incluso ocultamientos entre áreas del gobierno y un manejo irresponsable que termina afectando nuestra relación tanto con China como con EE.UU. ¿Es solo una grave irresponsabilidad más o hay en el ocultamiento intenciones e intereses que desconocemos?
La candidatura de Bachelet es otro caso insólito. Nuevamente la manejaron sin comunicación con las autoridades que a partir de marzo deberían hacerse cargo de ella. En cambio, fueron toda agilidad para conseguirle el respaldo de México y Brasil, pero al mismo tiempo atizando declaraciones y posturas contrarias a miembros del Consejo de Seguridad con derecho a veto en estos nombramientos. Más que promover a Bachelet parecen utilizarla para complicar a Kast, esperando que la candidatura fracase para luego rasgar vestiduras.
Y agreguemos el legado de más hondas consecuencias para el futuro económico de Chile. Un desastre fiscal reiterado y cuya gran magnitud solo ahora se conoce. Se le entrega al futuro gobierno un Estado obeso y desfinanciado en sus gastos permanentes. El despilfarro es sorprendente. La tarea del futuro gobierno más difícil. Y se hace evidente que un Estado empobrecido descarga mayores responsabilidades en el sector privado para emplear, invertir y generar prosperidad.
Se dice que el país no se cae a pedazos. Es verdad, nuestra sociedad ha demostrado una enorme capacidad de reacción. Otro sería el panorama si se hubiera aprobado el texto constitucional que ellos postulaban. También se dice que esos principiantes llegados al gobierno en 2022, han aprendido. El final con que acaba su gestión de gobierno parece desmentirlo.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista
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