Opinión

Todavía aprendiendo a reconstruir

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El viernes pasado conmemoramos 16 años del terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010 (27F). Desastre que puso a prueba nuestra resiliencia y la capacidad de respuesta de un gobierno entrante, que debió improvisar una épica de recuperación sin precedentes. Hoy, con la perspectiva del tiempo y ante un nuevo ciclo político, es imperativo analizar qué hemos aprendido y qué hemos olvidado.

La reconstrucción del 27F fue de escala colosal: 525 personas fallecidas y 2 millones de damnificados, entre quienes perdieron sus hogares, fuentes de trabajo o sufrieron daños severos en sus propiedades, en las más de 20.000 localidades afectadas en 6 regiones. El costo total de la reconstrucción fue de cerca de US$ 30.000 millones (un 18% del PIB de la época), destinado a levantar infraestructura y reconstruir/reparar más de 220.000 viviendas que requerían subsidios. Pero la gran innovación fueron los planes maestros que en menos de 90 días se desplegaron en más de 150 localidades: los PRES (Planes de Reconstrucción Estratégicos Sustentables), los PRBC18 (Borde Costero del Biobío) y los PRU (Regeneración Urbana). Planes que no solo buscaban reponer lo perdido, sino “reconstruir mejor” como exigió el Presidente Piñera: integrando recuperación patrimonial, parques de mitigación, bordes fluviales y una gobernanza que articuló el liderazgo local, al sector público con el privado y la academia.

La OCDE y el Banco Mundial destacaron la velocidad y la responsabilidad fiscal de Chile. Sin embargo, el mayor éxito no fue la gestión financiera, sino el “músculo institucional” que se creó. Logramos pasar de la emergencia a la regeneración urbana mediante proyectos detonantes que en cuatro años cambiaron la cara a ciudades como Constitución o Dichato.

Al contrastar esta experiencia con la gestión de catástrofes del actual gobierno la distancia es preocupante. En 2010 la respuesta fue ágil y basada en Planes Maestros por localidad con metas y plazos claros, hoy vemos una reconstrucción que se percibe simbólica, fragmentada, lenta y asfixiada por la burocracia. El ímpetu de las alianzas público-privadas parece haber sido reemplazado por un recelo ideológico que frena la urgencia. La resiliencia es la capacidad de recuperar el funcionamiento del sistema en el menor tiempo posible y mejor preparados; en el caso de Valparaíso, la mayoría de las familias ya reconstruyeron por sus propios medios y en condiciones de mayor vulnerabilidad que antes.

¿Qué lecciones rescatar para el futuro? Primero, la continuidad del aprendizaje. No podemos seguir improvisando con “ministros de enlace” o “gerentes” que se desvanecen sin dar cuenta de su gestión. Segundo, flexibilidad normativa: la reconstrucción requiere vías rápidas de aprobación que no sacrifiquen la calidad. Finalmente, debemos entender que la crisis climática hará de los incendios e inundaciones eventos recurrentes. El modelo de los PRES y PRBC que integraba la mitigación basada en la naturaleza: como la costanera de Dichato o el parque fluvial del río Maule, debe ser la norma y no la excepción.

Contrario a lo que dice el ministro Montes, a finales del 2014 solo quedaban 450 viviendas por iniciar obras, y al 2026, el proceso está prácticamente finalizado, con un 99,9% en reposición de viviendas (El 0,1% restante pendiente por disputas legales), 100% en infraestructura crítica y cerca del 98% en grandes proyectos urbanos, consolidando la recuperación física de las zonas afectadas.

La OCDE, Banco Mundial y la ONU destacan a Chile como referente de “reconstruir mejor”. Elogian la rapidez, responsabilidad fiscal, alianzas público-privadas y estrictos códigos sísmicos. También hay críticas por haber priorizado la reconstrucción física por sobre la recuperación del tejido social y la salud mental.

A 16 años del 27F, el mejor homenaje a las víctimas será la convicción de que en Chile somos capaces de grandes hazañas urbanas cuando la técnica se pone al servicio de la urgencia con generosidad y visión de Estado. Por suerte, en la reconstrucción de Penco el gobernador Giacaman ha decidido convocar al mismo equipo del PRBC18, liderado por Sergio Baeriswyl, (quien recibió el 2014 el premio nacional de urbanismo por dicho trabajo). Equipo que ya trabaja con el futuro ministro Poduje para que, las lecciones del 27F permitan que en este tipo de emergencias y futuras, la gestión supere a la retórica ideológica.

Por Pablo Allard, decano Facultad de Arquitectura UDD

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