Cinco fotógrafas feministas del mundo que deberías conocer

Un recorrido desde Japón hasta Argentina, pasando por África y Europa, para conocer el trabajo de cinco fotógrafas que abordan su trabajo con una clara perspectiva de género.




Zanele Muholi (Sudáfrica, 1972). A través de la fotografía, se apropia de su lesbianismo, su raza y su origen social para visibilizar la lucha contra la discriminación que todos los días viven las disidencias sexuales en Sudáfrica, país que a pesar de permitir el matrimonio homosexual, dice Zenele, tiene una cultura homofóbica y racista sobre todo en los sectores más pobres. Antes de convertirse en fotógrafa, Muholi era peluquera y por eso tiene una especial fascinación con peinar y maquillar a sus retratadas y retratados: quiere que transmitan toda su belleza. En sus últimas obras, Muholi ha trabajado el autorretrato para representar en su propio cuerpo el cuerpo negro femenino invisibilizado, abatido y objetualizado en África. “Soy antes todo y primero que todo una activista que con mi cámara consigo más visibilidad para la lucha contra la discriminación”, dice.

Grete Stern (Alemania 1904). Fue una diseñadora y fotógrafa alemana de la escuela Bauhaus. Se casó con el fotógrafo y cineasta argentino Horacio Coppola, con quién se mudó a Buenos Aires en 1935 tras el estallido de la II Guerra Mundial. Entre 1948 y 1951, Grete trabajó junto a la revista argentina Idilio en una sección llamada El psicoanálisis te ayudará, dedicada a mujeres que tenían la necesidad de desplegar sus sueños y pesadillas para liberarse y ser más felices. La artista y fotógrafa, a través de fotomontajes, interpretaba y generaba imágenes potentes, repletas de símbolos y figuras salvajes que abordaban temas como la cosificación, la dominación y el encierro de la mujer en la sociedad patriarcal. Murió en Buenos Aires en 1999.

Adriana lestido (Argentina, 1955). Utiliza la fotografía como una herramienta que le permite comprender el misterio de las relaciones humanas desde una arista social y con perspectiva de género. Retrató a las mujeres de la Plaza de mayo que buscaban a sus hijos desaparecidos, a las mujeres prisioneras con hijos y a las madres adolescentes hasta acercarse poco a poco a una obra más nebulosa y abstracta en donde abordó la relación madre e hija de manera más íntima. “Esa es la relación humana más compleja”, afirma sobre este proyecto que desarrolló por más de 30 años. “Siento que muchas imágenes son más reales o verdaderas en su indefinición, en su movimiento. Como los sueños, como el alma misma, que es borrosa a veces”.

Kimiko Yoshida (Tokio, Japón 1963). Es una artista plástica y fotógrafa que decidió, siendo muy joven, abandonar el destino patriarcal que le imponían sus padres para poder dedicarse libremente al arte. “Desde que huí de mi patria para escapar de la servidumbre mortificadora y humillante de las mujeres japonesas, amplifiqué a través de mi arte una postura feminista de protesta contra los clichés contemporáneos de la seducción, en contra de la sumisión voluntaria de las mujeres, en contra de los estereotipos de género y el determinismo de la herencia”, afirma. Fue en Europa donde se acercó más a la fotografía y comenzó a desarrollar una obra en donde, a través del autorretrato, crea un complejo imaginario inventado por ella, en donde se cruza la estética cyborg futurista con el barroco europeo, las etnicidades de Asia y África, mitologías y referentes de novias, reinas y diosas de todos los rincones del mundo.

Claudine Doury (Francia, 1959). Es una fotógrafa y periodista que actualmente vive y trabaja en Francia. Sus textos e imágenes, que nacen a partir de la exploración de diferentes rincones del mundo en la antigua URSS, Siberia, Asia Central y América, representan su fascinación por la alteridad y el mundo de la adolescencia, explorando las nociones de la memoria y la transicisión. Con su curiosidad y su delicadeza para retratar, con una distancia precisa que no interfiere pero tampoco se entromete, se ha acercado a la historia de mujeres, niñas y adolescentes. “Para mí retratar mujeres es un medio para entender el mundo. Cuando viajo, las mujeres no solo son una opción fotográfica, sino que también son la clave para ingresar a algunos lugares, ser aceptada y poder tomar fotografías. Desde el lugar que me dan puedo mirar y descubrir su mundo con mis ojos”.

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