Paula

Mi mamá y yo

Famosos confiesan los traumas y orgullos de su relación materna.

El mal de la Lagartija

Amaya Forch, actriz

"Cuando yo era adolescente, mi mamá –la dibujante de monitos animados Vivianne Barry– mataba entre mis amigos. Cada vez que mis compañeros venían a estudiar a la casa, escuchaba el mismo comentario de ellos: '¡Uhhh, qué guapa tu mamá!'. Unos amigos raperos hasta le inventaron un rap cuando ella volvía de un viaje a Francia.: 'Tía Vi, tía Vi, diosa prodigiosa proveniente de París', decía el coro. Más que molestarme, me sentía orgullosa y les encontraba toda la razón: esta mamá media hippie, de pelo largo, que tocaba guitarra y cantaba precioso, era una mujer con una tremenda actitud. No la odiaba por eso, más bien quería ser como ella".

Mamón

Francisco Llancaqueo, peluquero

"La relación con mi madre siempre ha sido intensa porque nos tenemos sólo el uno al otro. Soy hijo único y ella fue madre soltera; a mi padre nunca lo conocí. Mi madre es mujer humilde, trabajaba de empleada doméstica. Yo le enseñé a leer y escribir, a los 7 años, cuando aprendí en el colegio. Ella me enseñó a mí que trabajar duro era la única forma de salir adelante. Ahora va a cumplir 80 años y vive en Cartagena. Como expresa su cariño a través de la comida, cuando voy a verla cocina como para 25 personas: pan amasado, empanadas, pollo asado. Yo me ocupo de ponerla linda: le hago la permanente, la peino".

Anti-mamón

Juan Cristóbal Guarello, periodista

"¿Yo, mamón? Nooo, para nada. Tengo con mi madre una relación muy normal. Cuando niño ella era para mí una mamá buena, linda, que trabajaba; así la recuerdo. Vivíamos en una casa grande, frente a una plaza, con mis padres y cinco hermanos y en esa infancia siempre había mucha gente. Quizás por eso, nuestra relación no es de un apego feroz. Sí de momentos. Uno que recuerdo con ella es a los 6 años, cuando después de vacunarme me llevó al Museo de Bellas Artes. Era mediodía y sonó el cañonazo. Yo creí que el proyectil caería cerca, pero ella me explicó que era un cañonazo de salva, que sólo emitía el sonido. Eso me tranquilizó".

Avergonzando a la madre

Iván Guerrero, periodista

"Yo a mi madre la hice pasar vergüenzas y le agradezco su infinita paciencia. Fui niño hiperkinético, tomé ritalín. Y, además, era medio mitómano; mentía para conseguir cosas. Como a los 12 años me engrupí a mi madre para quedarme a dormir, por cuatro días consecutivos, en la casa de mi amigo Francisco, que tenía esas casas de las que uno nunca se iría: con patio grande, arco de fútbol y Atari. Le dije a mi mamá que Francisco tenía que hacerse un encefalograma porque estaba enfermo y tenía que pasar toda la noche despierto y yo quería acompañarlo. Mi mamá encontró tan noble mi gesto, que accedió. Pero días después se encontró con la mamá de mi amigo y le peguntó cómo le había ido en su examen. Hizo el loco y llegó furiosa a la casa. Me castigó y por una semana no pude salir a la calle a jugar pichanga con los amigos".

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