Por Constanza PalmaLuz Jiménez sobre seguir actuando a sus 91 años: “No es la edad, es el entusiasmo, las ganas de vivir”
A sus 91 años, Luz Jiménez acaba de grabar Caído del cielo, un cortometraje sobre el encuentro entre una mujer mayor que vive sola y un joven que escapa de un centro de reclusión juvenil. A propósito de este proyecto, habla con Paula sobre la vejez, la soledad y las ganas de seguir haciendo teatro.

Una mañana nublada tiñe el cielo de Providencia. A lo lejos, Luz Jiménez (91) camina a paso lento, pero seguro. Viene de una de las múltiples actividades que tiene durante la semana: esta mañana fue su sesión habitual de kinesiología. Saluda tímida, pero amable, y abre las puertas de su hogar, un departamento perfectamente decorado, donde nada parece estar situado al azar.
Mientras prepara café, confiesa que ni las fotografías ni las entrevistas son de su agrado. “No me gusta hacer público lo privado”, dice mientras acomoda dos tazas en una bandeja.
Sobre un mesón hay una pequeña estatua que destaca al lado de un frutero repleto de kiwis, paltas y plátanos. Se trata de una figura alada de color bronce: la popular estatuilla de los Premios Caleuche, que Luz recibió en 2022 en reconocimiento a su trayectoria actoral. “Cuando pasó eso me buscaron mucho para hacer entrevistas, pero no acepté casi ninguna”, recuerda al verme mirar el premio.

Luz tenía apenas 12 años cuando sintió por primera vez una conexión con las artes escénicas. Su padre la llevó al Teatro Municipal a ver la ópera Porgy and Bess, del compositor estadounidense George Gershwin. “Era tan bella la música y tan linda la actuación que yo me quedé prácticamente hipnotizada. Me impactó mucho. Yo creo que ahí fue creciendo este sueño del teatro”, recuerda.
Así, cuando terminó su enseñanza escolar, tomó la decisión de postular a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile: “Fue muy lindo todo, pero después de dos años abandoné por motivos inexplicables”. Por esos años, Luz realizó un largo viaje, formó una familia y tuvo cuatro hijas. Trabajaba como secretaria y llevaba una vida alejada de las tablas, hasta que una función teatral a la que asistió volvió a poner el escenario frente a sus ojos.
“¿Qué hago? Esto es lo mío. ¿Qué hago yo escribiendo a máquina cosas que no entiendo?”, pensó. “Ahí fue cuando di el paso. Entré como administrativa a la Escuela de Teatro de la Católica, de ahí egresé y nunca más lo dejé”.

Hoy, con más de 50 años de trayectoria en teatro, cine y televisión, Luz sigue tan activa como siempre. Acaba de terminar el rodaje del cortometraje independiente Caído del cielo, el cual aborda la soledad en la vejez y las infancias vulneradas. También se prepara para protagonizar Historia de amor para un alma vieja, una obra que pone en el centro la vejez y la idea de que nunca es tarde para vivir la vida.
—¿Cómo describiría el momento de su vida en el que se encuentra actualmente?
Lo vivo lo mejor que puedo porque es muy veloz. Lo vivo con entusiasmo, trato de evitar preocuparme de los achaques, hago lo mejor posible para no andar concentrada en los problemas médicos, trato de solucionarlos y de no perder nunca el entusiasmo. Para mí estar en teatro en este momento es lo más bello que me pasa, porque me gusta mucho. Amo profundamente lo que hago. Siento que es una manera de vivir, de pensar, de hacer todo con mucho amor para comunicar cosas buenas o también para criticar lo que no es tan bueno. Para mí los temas, las obras, la dirección, el grupo, todo eso es importante y lo paso muy bien. No me dedico horas muy extensas mirando la tele, hay veces que no alcanzo a ver las cosas que quiero ver, las series como Cien años de soledad o La casa de los espíritus, que también es bellísima. Me las arreglo para verlas, pero no es que me sobre el tiempo. Es una vida tranquila y al mismo tiempo intensa.
—Cuando se habla de trayectorias tan largas como la suya, muchas veces se pone el foco en lo que se pierde con los años. ¿Qué cree que se gana?
Entender la vida, eso es. Entender las diferencias, lo bueno, lo menos bueno, la naturaleza, la amistad, el amor. Uno gana porque el hacer teatro es básicamente hacer una reflexión de la propia vida en que tú señalas lo bueno, lo malo, lo indeseable, lo perdonable, lo soñado, lo bello. Es una reflexión donde todo sirve.

- ¿Hay algún secreto para mantenerse tan vigente?
Secreto no creo, yo creo que es una opción en el fondo. Cuidarte para poder seguir trabajando. Por eso pienso que el entusiasmo es muy importante no perderlo y ser positiva, porque eso es lo que da vitalidad. No es la edad, es el entusiasmo, son las ganas de querer seguir, las ganas de vivir, amar la vida en el fondo. No echarte a morir, que es lo más frecuente, porque a uno le empiezan a fallar muchas cosas. Con entusiasmo y con cuidado es la única forma en la que se puede seguir adelante.
—Después de tantos años de trayectoria, ¿todavía hay algo que la ponga nerviosa al comenzar un nuevo proyecto?
Pero todo, pues. Claro que uno aprende a concentrarse, y eso es una ayuda muy grande. Porque cuando llegas al teatro, miras todo, revisas la sala, el espacio, te vas al camarín. Es inevitable: cuando la sala está llena y sientes que ya tienes que entrar, es imposible que te dé lo mismo. Entonces, ¿cómo se enfrenta eso? Concentrándose y enfocándose ahí, en ese presente. No en la casa, la calle, las hijas, las amigas. Todo eso sale de tu mundo y tú te concentras en la historia, en lo que vas a hacer. Igual ese nervio es un impulso, pero tienes que concentrarte en lo que vas a hacer, nada más, y pensar que lo haces porque te gusta. Entonces lo pasas bien.
De la sociedad actual, la soledad y la vejez
Luz acaba de terminar de grabar un cortometraje independiente dirigido por el realizador audiovisual puertomontino Alfonso Ferrer. La historia muestra a Iris y Luis, quienes se cruzan inesperadamente cuando el joven, arrancando por los techos desde un centro de reclusión juvenil, cae en el patio de la mujer. Iris, una mujer mayor que vive sola y carga con los arrepentimientos de su pasado, decide esconder a Luis en su casa, abriendo una posibilidad de reparación para ambos a través de la ternura y el cuidado.
“Me gustó mucho la historia, habla mucho de los jóvenes hoy en día. Hay tantos niños que se meten en cada cosa. Curiosamente hay algo en él que me da compasión. Es algo que pienso que es muy vigente en este momento, hay muchos jóvenes metidos en lo más equivocado imaginable. Es que el problema es muy grande y aquí está contado con mucha sencillez. Eso fue lo que me gustó, que hay un nivel de compasión, de comprensión”, dice sobre el proyecto.

- A través de Iris, el personaje que interpreta en este cortometraje, ¿qué reflexión hace sobre la soledad en la vejez?
Es complicado ese tema, porque no siempre es posible no caer en la soledad, es inevitable y no siempre se tiene el carácter de aceptarlo y de buscarse actividad. Yo pienso que no siempre es negativo estar solo. Yo creo que la sociedad lo ve como algo muy negativo y no es así, o no es siempre así. Lo es sobre todo cuando hay necesidad física, pero si no, puede ser muy bueno. En el caso de ella (Iris, el personaje que representa), por ejemplo, se pudo dar el lujo de ocuparse de el niño y dar vuelta a la tortilla en su vida, pero hay muchas personas que no pueden hacer eso por muchos motivos.
—El cortometraje habla desde la ternura y el cuidado. ¿Qué lugar cree que tiene hoy la ternura en una sociedad que parece vivir siempre apurada?
La historia muestra la ternura como ser capaz de agacharse y recoger, con cariño y dejando a un lado el ego. En este mundo veloz de hoy, la ternura se queda perdida en el tumulto, cae al suelo y nadie la recoge. La ternura es necesaria, es una expresión de amor, de salir de ti y ser capaz de tender una mano, de mirar al otro, de agacharse, de escuchar, de ser gentil.

Al comienzo de la conversación, Luz había dicho que no le sobra el tiempo. Su agenda lo confirma. Antes de despedirse, la abre y muestra una semana llena de anotaciones: sesiones de kinesiología, ensayos, reuniones y otros compromisos. Casi no quedan espacios en blanco.
—Aquí está mi vida —dice.
Y sigue pasando las páginas, repasando todo lo que todavía tiene por delante.
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