Por Claudio VergaraRobbie Williams: “Aún me asusta lo caótico de mi mente: nunca sé qué versión de mí se despertará al día siguiente”
Uno de los mayores astros de la música inglesa en los últimos 30 años viene a Chile a fines de septiembre y aquí se explaya con Culto sobre cómo la fama resultó ser un callejón sin salida desde sus días en Take That y cómo hoy a los 52 años enfrenta los temas relativos a la salud mental: “En mi época juvenil, no sabíamos qué era la depresión”.

Robbie Williams dice que puede identificar el minuto preciso en que advirtió que la fama y el éxito lo atraparían en una pesadilla. “Inmediatamente. Me di cuenta inmediatamente que eso no me iba a hacer feliz”, admite en conversación vía Zoom con Culto.
En los últimos años, el británico se ha convertido en uno de los astros de la música que más ha abordado temas que guardan relación con la salud mental o cómo la popularidad puede operar como un búmeran capaz de devolver adicciones, paranoias, depresiones, conflictos privados y hasta enfermedades. De alguna manera, ha descascarado su vida como si se tratara del célebre video de Rock DJ en que tras desnudarse termina arrancándose la piel hasta quedar sólo en los huesos.
A diferencia de los tormentos que envolvieron la carrera y la existencia de tantas figuras que nunca pudieron lidiar con sus demonios de manera pública -como Sinéad O’Connor, Kurt Cobain, Chris Cornell o Amy Winehouse-, Williams parece lanzado en una cruzada donde cada palabra es una revelación que le permite una bocanada de oxígeno en sus aflicciones. Lo ha hablado en la docuserie de Netflix Robbie Williams, en la película biográfica Better man -donde es retratado como un chimpancé- y recientemente aseguró en el lanzamiento de una nueva colección de su marca de ropa Hopeium que había sido diagnosticado de autismo.
“Me di cuenta de todo esto muy rápido porque me uní a una boy band donde yo era el miembro más joven. Y me pareció que al mánager no le caía bien”, rememora con respecto al Big Bang que lo originó todo: cuando en 1990, a los 16 años, se integró al grupo Take That para iniciar una de las trayectorias más exitosas y mediáticas de las últimas décadas en la música popular.

Hoy tiene 52 y -al conversar con este medio- está al otro lado de la pantalla arrojado en su cama de sábanas blancas, con un polerón de tonos verdes y rosados, abriendo los ojos de manera expresiva para remarcar sus ideas y rematando muchas de sus reflexiones con una sonrisa traviesa.
En algún sentido, el corazón de los años 90 no era la mejor etapa para acumular fama en una boy band adscrita a las canciones melosas, las coreografías calculadas y los videoclips lluviosos. Al menos en Inglaterra. Pese al suceso descomunal de sencillos como Back for good, Take That era un producto despreciado por la arrogante realeza del britpop que dominaba la isla por ese entonces y nunca fue tomado demasiado en serio por la crítica.
Robbie Williams, con serios desórdenes emocionales por esos días, quiso orientar al grupo hacia otras direcciones creativas, pero efectivamente tropezó con el pulgar abajo de su representante, Nigel Martin-Smith, quien también lo terminaría demandando por batallas contractuales. Ello lo hizo acercarse a los hermanos Noel y Liam Gallagher de Oasis -aunque tampoco lo tomaron muy en cuenta- e inaugurar una carrera en solitario que lo consagró contra todo pronóstico como el integrante de mayor éxito salido de su banda madre.

Y, en pleno 2026, también llegó la venganza.
En enero pasado, lanzó su álbum titulado precisamente Britpop, el género que siempre lo miró con desdén, como una mercancía con fecha de vencimiento. Es el mismo disco que lo tendrá el próximo 27 de septiembre en el Estadio Bicentenario de La Florida, en su cuarta visita al país, con un espectáculo donde recorre desde sus composiciones recientes hasta clásicos como Angels, Feel o la propia Rock DJ (entradas en Ticketmaster).
-El britpop remite a un momento muy específico de la música británica. ¿Qué significa para usted el britpop hoy que se atreve a titular su disco así?
Bueno, para empezar, me gustan las palabras y el britpop como concepto es una amalgama de la música popular británica. Y soy británico y me gusta hacer música popular. Así que me gustan las palabras, eso es lo primero. Y, en aquel entonces, no me permitían formar parte del movimiento britpop porque pertenecía a una boy band. Así que me gusta bastante la idea de que mucha gente se enfade porque llamé así a mi disco, Britpop. Y, en cierto modo, estoy provocando. Creo que mi troleo llegó a su destino: vi en varias secciones de comentarios y reseñas que a alguna gente no le gustó que me atreviera a llamar a mi álbum Britpop.

-Mirando a bandas como Oasis, Blur o Pulp, ¿se sentía en esa época un outsider, un marginado, al lado de lo que ellos profesaban?
No me aceptaban para nada. Pero también ninguna de esas bandas aceptaba pertenecer a un género llamado britpop. No querían saber nada del britpop. Así que, ya sabes, es bastante curioso que yo quisiera estar en el britpop y ellos no quisieran estar en el britpop, cuando ellos sí estaban en ese género. Pero tengo que decirlo: no me aceptaron en lo absoluto.
-Y cuando usted se ve a mediados de los 90, exitoso con Take That pero no aceptado por quienes admiraba, como eran los grupos del britpop, ¿qué siente por usted? ¿Frustración? ¿Compasión?
Compasión. Tristeza.
-¿Tristeza?
Bueno, ya sabes, yo tenía muchísimos problemas de salud mental, y muchas adicciones y había caído en alcoholismo y quería impresionar a gente que no me gustaba. Pero en esa época ni siquiera sabía que no me gustaban. Y pasaba mucho tiempo buscando amigos en los lugares equivocados. Depositaba mucha confianza en personas que no la merecían.

-Usted ha dicho que se dio cuenta casi de forma inmediata que el éxito no lo iba a hacer feliz…
Bueno, sí. Me uní muy joven a Take That. Al mánager no le caía bien. A él, legalmente, le gusta demandarme , así que simplemente diré que no me llevaba bien con el mánager y tampoco con algunos miembros de la banda. Y luego estaba mi casa. La gente estaba muy celosa. Todo daba miedo. El contrato que yo tenía estaba hecho casi era para matarme. Por otro lado, mi madre vivía en una realidad donde estaba triste, deprimida, enfadada y ansiosa.
“Como ves, el mundo exterior dejó de ser seguro. El mundo interior de nuestra casa tampoco era seguro, porque el mundo exterior se había vuelto inseguro. Y mi madre estaba reaccionando al estrés que eso generaba. Y en mi trabajo, la gente con la que trabajaba y me relacionaba, no me quería. Así que sí, desde el principio fue problemático”.
-Hablando de salud mental, artistas como usted hoy hablan mucho más abiertamente de ansiedad, depresión o las presiones de la fama. ¿Cree que ha cambiado la industria al respecto?
No lo sé, porque soy una parte muy pequeña de la industria. Yo no soy grande. Pero lo que quiero decir es que no sé qué está pasando en la vida de los demás. Sí, hablamos más de ello, y es normal que la gente hable más del tema. Creo que eso, en sí mismo, es un cambio positivo y saludable.
“¿Se está atendiendo a la gente? No lo sé. Pero supongo que el cambio más importante es que ahora hablamos. Decimos las cosas cómo son y sabemos lo que son. En aquel entonces, ni siquiera sabíamos qué era. No sabíamos qué era la depresión. No sabíamos qué era la ansiedad. No sabíamos qué era el agotamiento. No sabíamos nada de TDAH, dislexia, dispraxia o discalculia. No sabíamos nada de eso. Teníamos una extraña sensación de que no podíamos explicar todo eso. Y no había palabras para explicarlo o describirlo”.

-Hoy, por otro lado, existe una enorme presión para que los artistas tengan una visibilidad permanente a través de Instagram, TikTok y otras plataformas. ¿Cree que habría sobrevivido emocionalmente si las redes sociales hubieran existido cuando tenía 20 años?
No, me habría destrozado. Habría hecho algo de lo que no habría podido recuperarme, porque soy impulsivo. Habría dicho algo… no lo sé. Sabes, no sé qué es peor, ser perseguido por los paparazzi las 24 horas del día o las redes sociales hoy. Eso ya no está permitido, ser perseguido por el mundo entero las 24 horas del día. Sinceramente no sé qué es peor.
-¿Hay algo de lo que se arrepienta en su carrera?
Sí, de haber sacado Rudebox como primer sencillo del disco del mismo nombre (de 2006). Nunca me gustó. Debería haber sido el tercer sencillo, no el primero (se ríe).
-¿Piensa habitualmente en el legado que dejará en el pop británico?
No. O más o menos. Sólo me interesa entretener. Sólo me interesa pensar en el próximo concierto, en el concierto en el que estoy, en el que estoy a punto de actuar. El ayer no existió. El mañana tampoco. El espectáculo al que asisto es, sin excepción, el más importante de mi vida. Y, ya sabes, el resto es para los pensamientos y opiniones de los demás. Quiero ser lo mejor que he sido cada noche.
-¿Le sigue asustando algo de ser Robbie Williams?
Lo impredecible que es mi ansiedad y lo caótica que sigue siendo mi mente. Sí, eso es. Nunca sé qué versión de mí se despertará al día siguiente.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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