Por Cristina CifuentesLos cambios y desafíos a seis meses de la guerra en Irán
El conflicto ha provocado no solo un remezón en la economía global, sino que también ha tensionado las alianzas regionales, al tiempo que no ha conseguido su objetivo de derrocar al régimen iraní ni ha desbaratado su programa nuclear. Por el contrario, ahora Teherán controla de facto el estrecho de Ormuz.
El conflicto que el presidente estadounidense Donald Trump dijo que iba a durar entre cuatro y cinco semanas ya se extiende por seis meses y no existen indicios de que vaya a terminar pronto. Y en este tiempo la guerra en Irán ha provocado no solo un remezón en la economía global, sino que también ha tensionado las alianzas regionales, al tiempo que no ha conseguido su objetivo de derrocar al régimen iraní ni ha desbaratado su programa nuclear. Por el contrario, ahora Teherán controla de facto el estratégico estrecho de Ormuz.
La guerra con Irán se ha convertido en un gran desafío para el segundo mandato de Trump, al perjudicar su popularidad entre los votantes estadounidenses, de cara a las elecciones de medio mandato de noviembre, y también ha debilitado la posición de Estados Unidos en Medio Oriente. Además, la capacidad del inquilino de la Casa Blanca para influir en el desenlace parece estar seriamente limitada, considerando que la República Islámica ha logrado resistir los intensos bombardeos y ha respondido al Ejército más poderoso del mundo usando minas y drones.

Trump necesita reabrir el estrecho de Ormuz, pero tiene limitaciones económicas y, hasta ahora, se ha abstenido de emprender las acciones militares más arriesgadas y extremas contra Irán, lo que restringe sus opciones bélicas.
A continuación, las claves para entender el conflicto.
La resistencia iraní
El 28 de febrero pasado, cuando Estados Unidos lanzó los ataques contra la República Islámica, Trump prometió a los iraníes que “la hora de su libertad está cerca”. Ahora, indicaron los expertos, busca ahogar económicamente aún más a los iraníes con sanciones, para que estos se rebelen contra el régimen y lo derroquen.
El recurso a las sanciones como arma se produce en un momento en que la administración republicana sopesa la disminución de las reservas de municiones tras meses de guerra, lo que suscita preocupación de que el conflicto prolongado pueda socavar la preparación militar estadounidense en otras partes del mundo.
Tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei al comienzo de la guerra y la sucesión de su hijo Mojtaba, la dirigencia iraní se encuentra cada vez más dominada por militares, quienes consideran su propia sobrevivencia al mismo nivel que el de la nación. Según The New York Times, ellos ven los sacrificios de los iraníes comunes como un acto necesario de patriotismo e incluso de martirio. Al mismo tiempo, se han mostrado cada vez más implacables a la hora de sofocar la más mínima señal de disidencia.
En este contexto, la República Islámica no solo ha sobrevivido, sino que controla de facto el estrecho de Ormuz. Ha reforzado su influencia en la región, e incluso los países que bombardeaba hace unos meses intentan restablecer sus lazos con Teherán.
“La guerra no ha logrado los objetivos de Estados Unidos”, afirmó a The New York Times, Sanam Vakil, directora del programa para Medio Oriente y el Norte de África en Chatham House, un instituto de análisis político independiente y un centro de estudios con sede en Londres.
Suzanne Maloney, experta en Irán y directora de política exterior de la Brookings Institution, consideró la guerra un fracaso. “Le causamos mucho daño a Irán, pero han salido fortalecidos”, afirmó al periódico. Los países vecinos de Irán han decidido que deben encontrar una forma de operar con una República Islámica que no va a desaparecer.
La “OTAN de Medio Oriente”
En medio del conflicto, los países aliados de Estados Unidos comenzaron a formar sus propios lazos. Fue el caso de Pakistán, Turquía y Arabia Saudita, los que a comienzos de mes firmaron un acuerdo de defensa mutua que el mismo ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, mencionó como la “OTAN de Medio Oriente”. Aunque aclaró que el pacto no estaba dirigido contra Irán.
El Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca declara la defensa mutua como un deber de sus tres miembros: un ataque contra uno se considerará un ataque contra todos. Sin embargo, no establece un sistema de mando central, ni vías para lograr una mayor interoperabilidad, ni obligaciones claras en materia de gasto y adquisición de material de defensa. Tampoco menciona el uso de armas nucleares.
Turquía, que posee el segundo Ejército más grande de la OTAN, ha declarado que el pacto está abierto a la expansión a otros países de la región y que no pretende reemplazar ninguna alianza existente.

Para Arabia Saudita, este acuerdo refuerza su influencia al enfrentarse a un Irán cada vez más audaz y a las limitaciones de la disuasión estadounidense en la región. “Riad también aprovecha este período turbulento para reafirmar su liderazgo regional: al acoger la firma de un nuevo acuerdo de seguridad con otra potencia regional -Turquía-, Arabia Saudita se posiciona como referente de estabilidad regional en un momento en que las otras grandes potencias regionales, Irán e Israel, son percibidas como fuerzas desestabilizadoras”, dijo Allison Minor en un ensayo del think tank Atlantic Council.
“Este acuerdo consolida aún más la posición de Pakistán en la emergente arquitectura de seguridad de Medio Oriente. Se produce poco después de que Islamabad finalizara un nuevo pacto de defensa mutua con Arabia Saudita, y en un momento en que está tomando medidas para profundizar la cooperación en materia de defensa con otros aliados de la región, como Egipto y Jordania. El acuerdo también otorga a Pakistán -con su población mayoritariamente musulmana y su capacidad para desarrollar armas nucleares- mayor prestigio e influencia en la región”, indicó en un artículo el experto del Atlantic Council, Michael Kugelman.
Contradicciones de Trump
Desde que comenzó la guerra, Trump ha emitido declaraciones contradictorias, también ha lanzado amenazas y luego se ha retractado, lo que ha generado confusión incluso al interior de la Casa Blanca, que ha tenido que salir a aclarar los dichos del presidente.
Por ejemplo, el mandatario ha ofrecido versiones contradictorias sobre el estado de las conversaciones con Irán y sobre el estrecho de Ormuz, versiones que han sido desmentidas por los iraníes y, en ocasiones, por él mismo.
También hubo información contradictoria sobre los asistentes a conversaciones en Pakistán en abril pasado. Mientras el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, y el secretario de Energía, Chris Wright, confirmaban la participación del vicepresidente, Trump decía que JD Vance no asistiría, pese a que iba a encabezar la delegación.
En abril también advirtió que “una civilización entera morirá” si Irán no aceptaba las condiciones de un acuerdo. Y casi cuando se cumplía el plazo moderó su retórica y accedió a un alto el fuego de dos semanas.
Impacto económico
Tanto partidarios como oponentes enfrentan un agotamiento. Y a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato en noviembre, algunos votantes de Trump que aplaudieron la promesa del presidente en su campaña de 2024 de mantenerse al margen de las guerras, ahora se preguntan cuánto tiempo más tendrán que pagar precios elevados por el combustible de sus autos.
La aprobación de la gestión de Trump en la guerra ha ido disminuyendo a medida que los precios de la gasolina y otros productos básicos se mantienen elevados. Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada esta semana sitúa la aprobación de Trump en 33%. Los encuestadores constataron que el apoyo a la guerra ha disminuido entre los republicanos, aunque la aprobación de la medida dentro de su partido se mantiene en el 69%.
Pero lo más preocupante para la Casa Blanca es que un reciente sondeo de Reuters/Ipsos reveló que los encuestados consideraron que el Partido Demócrata gestiona mejor la economía que el Partido Republicano por primera vez en casi una década. Un 37% de los votantes registrados afirmó que el partido oficialista tiene un mejor enfoque económico, mientras que un 36% se inclinó por el partido de Trump.

El mandatario ha sido especialmente sensible a la reacción de los inversionistas ante sus medidas respecto a Irán. En junio, justo después de firmar un acuerdo de paz provisional con Teherán que posteriormente fracasó, declaró: “Cada vez que hablábamos de la posibilidad de la paz, la Bolsa se disparaba como un cohete”. “No quería presenciar una catástrofe económica”, dijo, explicando su decisión de rubricar el pacto.
Esas preocupaciones económicas parecen haber limitado la disposición del gobierno a presionar económicamente a Teherán, indicó el diario The Washington Post. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró esta semana un “Día D económico” contra Irán, advirtiendo a los países que se arriesgaban a sufrir las consecuencias de las sanciones estadounidenses si continuaban haciendo negocios allí.
Cómo se unieron las guerras
La profundización de la cooperación entre Irán y Rusia mediante la producción de drones, transferencia de armas y el intercambio de tecnología militar ha “fusionado” las guerras tanto en Medio Oriente como en Ucrania.
Así lo sostiene un estudio del Atlantic Council, que asegura que al inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022 a Ucrania, Irán envió cientos de drones a Rusia, principalmente modelos Shahed, utilizados como drones de ataque, de bajo costo, unidireccionales, con el fin de saturar los sistemas de defensa aérea ucranianos.
“A pesar de la aparente reticencia del presidente ruso Vladimir Putin a mostrar públicamente su apoyo a Irán, la realidad subyacente es la de unos lazos estratégicos cada vez más estrechos entre Moscú y Teherán”, dijo la analista del centro de estudios, Katherine Spencer.
Por otro lado, The Washington Post informó anteriormente que Estados Unidos ha perdido aproximadamente una cuarta parte de sus drones Reaper, cuyo costo oscila entre 30 y 50 millones de dólares cada uno. Estos drones se utilizan para vigilancia y localización de objetivos. Las existencias de los sofisticados sistemas de defensa antimisiles Patriot, que se utilizan para proteger a Israel, Ucrania y las bases estadounidenses en todo el mundo, también se han reducido drásticamente.
“La escasez ha llevado a algunos países a ser más cautelosos con su ayuda a Ucrania y sus aliados árabes, ya que perciben una creciente necesidad de preservar un arsenal mayor para su propia defensa en caso de que Estados Unidos tenga menos capacidad para ayudarlos. Ucrania, por ejemplo, solicitó baterías Patriot a Grecia, pero Atenas recientemente se negó y, en su lugar, trasladó un sistema a la isla de Creta, cerca de una base estadounidense, tras las amenazas de Irán”, añadió.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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