Política

Antonia Orellana: “Una lección muy importante es que la gente quiere cambios, pero también que pase el camión de la basura”

A la hora del balance, la titular de la Mujer sostiene que haber apostado todo al cambio constitucional -que resultó fallido- y no impulsar reformas concretas fue el talón de Aquiles del gobierno de Gabriel Boric. En lo personal, asume el costo del caso Monsalve y sorprende al defender de las críticas feministas a la futura ministra Judith Marín y tomar distancia de la eliminación del cargo de primera dama impulsado por la expareja del Presidente.

“Todavía no me acostumbro y estoy de salida”, dice la titular de la Mujer, Antonia Orellana, al responder cuánto le costó habitar el cargo de secretaria de Estado. La única militante del Frente Amplio, el partido del Presidente Gabriel Boric, que ha permanecido los cuatro años en la cartera que durante este gobierno -autodeclarado feminista- se sumó al comité político.

Desde allí enfrentó la crisis más compleja de su ministerio: la denuncia de violación y abuso sexual al entonces subsecretario del Interior, Manuel Monsalve que -reconoce- tuvo un fuerte impacto en su imagen pública. A semanas del término del gobierno este es su balance.

En la recta final, ¿tiene una mirada autoflagelante o autocomplaciente de los cuatro años del gobierno?

No creo que sea correcto evaluar nuestros gobiernos bajo los ejes que dibujó la Concertación.

¿Entonces?...

Es un gobierno que logró estabilizar el país, que avanzó en algunas agendas y transformó otras, pero hay cosas que no se consiguieron. Algunas están marcadas por la propia coalición; otras, por las decisiones que tomó el país, como el plebiscito constituyente, y otras también por lo que estuvo dispuesta a conversar la oposición.

¿Cuál de todo ello, para usted, es lo más sentido?

Lo más complicado fue el resultado constitucional. Para cualquier persona de izquierda, que un proceso constitucional terminara en la ratificación de la Constitución del 80, es algo de lo que hay que hacer autocrítica.

¿Qué se hizo mal?

Hay muchas cuestiones. No se puede dejar de lado la convención misma; la distancia entre lo abstracto de la discusión constitucional y el malestar muy material, que se expresó en el estallido. Había una distancia muy grande y la popularidad, la adhesión al trabajo de la convención marca un giro drástico cuando como gobierno nos opusimos a los retiros. Tampoco hay que menospreciar un trabajo de campaña muy sistemático que hizo la derecha. Estos días que se nos pregunta qué tipo de oposición vamos a hacer, yo no puedo sino recordar las palabras de Diego Schalper llamando a asediar al gobierno y deslegitimar la convención.

¿Hay alguna responsabilidad específica que le competa a este gobierno en haberle entregado el poder a José Antonio Kast?

Un gobierno progresista tiene dos tareas bases: entregar el país mejor de lo que está y tratar de que esas transformaciones continúen. Nuestro gobierno está entregando al país en mejores condiciones de las que estaba el año 2022: podría citar indicadores macroeconómicos, de convivencia social, de resultados de las pruebas estandarizadas de educación y la conclusión sería la misma, pero no logramos darle continuidad a un gobierno progresista y, además, se le entrega al gobierno que está situado mucho más a la derecha de lo que estamos acostumbrados en el último ciclo de alternancia.

De todas las crisis que golpeó este gobierno, el caso Monsalve golpeó más fuerte a este ministerio y a usted misma. Ha reconocido que pensó en renunciar, pero también que no tenía todos los antecedentes en ese minuto. ¿A qué se refería?

Me avergüenza todavía que traté de decir que (el caso) era más grave por ser el subsecretario del Interior, que es algo que sostengo, pero no por falta de respeto al debido proceso, sino porque el debido proceso también existe hacia las víctimas. Y la Subsecretaría del Interior tenía a su cargo a la Policía de Investigaciones, que a su vez tiene a la única brigada especializada en investigación de delitos sexuales, que es la Brisex. Por supuesto no pude decir todo eso en TV y solo quedó que no era un portero y todavía saludo con culpa a los porteros.

¿Cuánto cambió la relación de este ministerio y usted misma con el Presidente después de esa crisis?

Hemos seguido cumpliendo con el diseño de gobierno. No se paralizó la institución, no dejamos de atender mujeres. El principal efecto tiene que ver con mi evaluación ante la opinión pública y es parte del trabajo también, es uno de los riesgos que conlleva ser ministra.

¿Le parece que el costo de la inexperiencia del gobierno lo terminaron pagando, algunos con mucha razón, sin duda, las figuras del Frente Amplio cuando personeros del Socialismo Democrático también cometieron errores?

Eso es un análisis que va a haber que hacer más reposadamente, una vez terminado el gobierno y no apuntándose con el dedo.

¿Cómo calificaría al cierre de estos cuatro años la relación del FA con el Socialismo Democrático?

En el gabinete hemos logrado una síntesis política y también de trabajo que quizás no hemos visto expresada en la coalición. Hablando desde lo personal, yo no tenía relación con el Socialismo Democrático en su nivel más institucional y con el tiempo hemos podido construir relaciones que se basan no en el compadrazgo ni amistad, pero sí en convicciones políticas.

¿Está disponible para presidir el Frente Amplio y competir en las elecciones de junio? Su nombre ha surgido…

No es conveniente ni táctico para nuestro partido adelantar esa discusión.

Algunos señalan que al FA le acomoda más estar en la oposición que en el gobierno…

Si vamos a preferir estar en la oposición faltan lecciones por aprender, porque estamos en política no para sentirnos cómodos, sino para conseguir transformaciones y, en mi opinión, es más difícil hacerlas desde la oposición.

¿La oposición a José Antonio Kast va a ser en la misma línea dura con la que se trató al presidente Piñera?

No creo que sea honesto un debate en el que se nos plantea como responsables absolutos de la movilización social. La incapacidad de algunos sectores de nuestra élite de dialogar con el resto de la sociedad no es responsabilidad de la izquierda y nosotros no somos sus capataces. Si quieren incentivar el diálogo social, que es una forma también de gobernabilidad, deben acercarse a sectores de la población que quizás no les son cómodos. Así como al principio yo me sentía muy rara asistiendo a una cena de una multigremial empresarial, pero es mi tarea, porque soy ministra. Si vamos a ser obstruccionistas o facilitadores, se refieren a que no vamos a poner los principios para los cuales la gente ha votado por nuestros representantes por delante, me parece que eso se responde solo.

Nadie les pide dejar de lado sus principios. Tiene más bien que ver con la forma como se canalizó esa oposición, por ejemplo, acusaciones constitucionales incluso contra el Presidente, celebrar las protestas, no haber tenido una conducta clara respecto, por ejemplo, de la violencia…

Me parece que también en eso hay una reescritura que se ha dado en los últimos meses. El Presidente Gabriel Boric fue agredido por manifestantes por su posición contra la violencia. Las personas que éramos del Frente Amplio nos reuníamos en Seminario con Providencia porque no nos podíamos acercar a la primera línea, porque no éramos deseados ahí. Tratar de insinuar que el estallido lo provocó la izquierda, primero le entrega una capacidad logística que no tiene, y segundo, no obedece a los hechos. No fue el Frente Amplio el que cerró el Metro, provocando la molestia de miles y miles.

¿No forma parte de esa reescritura el mismo Presidente Boric al haber hecho un mea culpa cuando murió Sebastián Piñera?

Al revés, hace un mea culpa que no reescribe la historia. Que dice en esto estuvimos en desacuerdo y en esto nos equivocamos. Buscar las responsabilidades cuando pierden la vista cientos de ciudadanos no me parece que sea un exceso. El Presidente ha hablado respecto a su evaluación del mérito que tenía esa acusación constitucional.

¿No hay nada sobre lo cual reflexionar?

Una de las grandes autocríticas es haberse centrado solo en el cambio constitucional y no haber conducido energía hacia reformas más concretas. También hay pendiente una cuestión respecto a cómo nos paramos frente a la violencia, sin miedo a decir que estamos en contra, porque sí, también éramos agredidos, lo fue el mismo Presidente. Me tocó tratar de hacer avanzar una marcha de mujeres que organizaban esa marcha desde el año 90, mujeres mayores, y que de repente veían que un par de cabros que se creían dueños de la calle les estaban diciendo por dónde marchar. Creo que eso no fue suficientemente criticado. Una lección muy, muy importante, es que la gente quiere cambios, pero también que pase el camión de la basura. Entonces esa apología de la anormalidad, de la anomia, no tuvo mucha conexión ciudadana.

Plantea que no son capataces de la movilización social y fue muy llamativo que a propósito del caso Monsalve, por ejemplo, el movimiento feminista no se haya movilizado…

Las grandes movilizaciones decayeron, pero creo que no son solo las del movimiento feminista. Hay un punto más importante que es el bajón social después de la derrota del plebiscito.

La Coordinadora Feminista 8-M ya difundió alertas en las que califica como un peligro la llegada de Judith Marín al Ministerio de la Mujer y llamaron a marchar…

El movimiento feminista es autónomo del Ministerio de la Mujer y del gobierno; por lo tanto, las evaluaciones que ellas hagan son de cargo a sus propios argumentos.

¿Le preocupa el perfil conservador de la futura ministra de la Mujer, militante del Partido Social Cristiano y evangélica?

Hay que conocer un poco la historia amplia del desarrollo de los derechos de las mujeres. Es una mujer católica conservadora, Simone Veil, la que legaliza el aborto en Francia. Ella distingue su fe personal respecto de la labor pública, en un muy, muy famoso discurso. Ejemplos así hay muchos. Hay mujeres de derecha también, con las cuales hemos podido avanzar mucho. He agradecido siempre el liderazgo y la visión de figuras como Carmen Gloria Aravena, que pasó también por republicanos, que fue clave para que pudiéramos aprobar la Ley de Cuidados; la senadora Paulina Núñez, quien siempre ha facilitado los debates de igualdad de género hacia la derecha. Es un error basar una crítica en la fe o en la edad. Ella es más joven de lo que era yo cuando asumí. Tiene 30, pero tiene más experiencia de la que yo tenía, porque yo nunca fui electa para un cargo de representación popular. Ella fue concejala. A mí lo que me interesa, más allá de lo que opinen algunas o algunos, es hacer un trabajo que asegure el principio fundamental de la administración pública, que es la continuidad en las funciones del Estado.

¿Le parece que el principal rol del FA cuando salgan del poder será proteger el legado del Presidente Boric?

Eso es una tarea de todos quienes estuvimos en el gobierno, por una responsabilidad política mínima.

¿Teme retrocesos en la agenda que usted ha impulsado?

Uno de los efectos que tiene vivir en un país tan apegado a lo normativo como el nuestro es que la mayoría de los debates sociales se han transformado también en cambios jurídicos, y por lo tanto requieren un nuevo debate legislativo de querer hacerlos retroceder. No creo que por distintas visiones la ley vaya a ser puesta en duda.

¿No es un retroceso que vuelva la institución de la primera dama?

Quizás no fue una transformación tan significativa ni es que cambió tanto y quizás fue más polvareda de titulares que una modificación que de todas formas venía en curso en cuanto a los estatutos y los directorios de las fundaciones desde hace harto tiempo. Por ejemplo, la Fundación de las Familias se había trasladado en el gobierno anterior al Ministerio de Desarrollo Social. O sea, primero creo que es un proceso que no se concluyó, y segundo, tampoco era una parte central de nuestro programa porque es algo muy reducido a la Presidencia de la República. Nuestras propuestas de cambio tienen que ver con otras cosas. La primera urgencia legislativa que pusimos fue la Ley Integral contra la Violencia hacia las Mujeres.

No es tema para usted que vuelva el rol de la primera dama…

No. He de decir que mi abuelita volvió a sonreír por primera vez, desde que la conocía, de hecho, gracias a Sonrisa de Mujer. Le tengo mucho cariño a ese programa, que no se ha eliminado porque pasó a ser parte de los programas de atención primaria.

¿Cuáles son las iniciativas que quedan y usted espera que sean continuadas en el próximo gobierno?

Uno es la ley de violencia digital. En la ley integral contra la violencia creamos la figura de la difusión no consentida de imágenes íntimas enviadas consentidamente, es decir, estas imágenes que uno envía voluntariamente, pero a una persona, no a un grupo de WhatsApp, no a una red social. Esa es una norma que está en segundo trámite en la Comisión de Constitución. En la Comisión de Constitución va a quedar la reforma a la sociedad conyugal. Y espero que así como la ministra (Mónica) Zalaquett me encomendó continuar esa tramitación, espero que se continúe. Porque en Chile todavía las mujeres casadas siguen estando bajo la incapacidad de decidir sobre sus bienes o de heredar siquiera, si se casaron con sociedad conyugal. Y eso además tiene una condena de la Corte Interamericana. Así que hay que seguir discutiendo.

22-01-2025 Antonia Cósmica Orellana Guarello - Ministra de la Mujer y la equidad de género - La Tercera - Fotografía: Gustavo Pineda Gustavo Pineda
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