Estados Unidos y la Unión Europea forjan lazos más cercanos en tecnologías emergentes para contrarrestar a Rusia y China

La Comisionada para una Europa adaptada a la era digital, Margrethe Vestager, habla durante una conferencia de prensa sobre una investigación en el sector de la competencia en la sede de la UE en Bruselas, Bélgica, el 9 de junio de 2021. John Thys/Pool via REUTERS

La europea Vestager, la pesadilla de los gigantes tecnológicos estadounidenses, promociona la promesa de una alineación transatlántica.




Estados Unidos y la Unión Europea planean cooperar más en las regulaciones de tecnología, el desarrollo industrial y el comercio bilateral después de la visita del presidente Biden, en una apuesta para ayudar a los aliados del oeste a competir mejor con China y Rusia respecto a desarrollar y proteger tecnologías fundamentales y emergentes.

En el centro de esta mayor coordinación habrá un nuevo Consejo de Comercio y Tecnología de alto nivel, revelaron los dos bandos el martes. El objetivo del TTC (por sus siglas en inglés) es impulsar la innovación y la inversión dentro y entre las dos economías aliadas, fortaleciendo las cadenas de suministro y evitar obstáculos innecesarios al comerciar, entre otras tareas.

“Se puede ver la posibilidad de una alianza” afirmó la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea Margrethe Vestager en una entrevista.

En un signo de la aspiración de ambos lados en el consejo, este será copresidido en el lado estadounidense por el Secretario de Estado Antony Blinken, la Secretaria de Comercio Gina Raimondo y la Representante Comercial de Estados Unidos Katherine Tai. El lado de la Unión Europea estará copresidido por Vestager, la principal funcionaria de política digital y antimonopolio del bloque, y el vicepresidente ejecutivo Valdis Dombrovskis, que maneja el comercio.

Como principal agente antimonopolio de la Unión Europea, Vestager ha ganado prominencia por sus casos contra gigantes tecnológicos estadounidenses, como Apple Inc., la empresa matriz de Google, Alphabet Inc. y Facebook Inc. Los expresidentes Barack Obama y Donald Trump dijeron que sus políticas apuntaban injustamente a las empresas estadounidenses.

Vestager ha dicho que su trabajo no destaca ninguna nacionalidad. El TTC, que tiene programado celebrar su primera reunión en el otoño y supervisar muchos grupos de trabajo, permitirá que la Unión Europea y Estados Unidos se centren en la cooperación, afirmó. Ambas partes enfatizaron que mantendrían la autonomía regulatoria dentro de sus respectivos sistemas legales.

El mandato oficial de la TTC plantea implícitamente el deseo de que las mayores potencias democráticas liberales del mundo se acerquen más a China, Rusia y otras autocracias que ejercen una influencia internacional cada vez mayor. El viaje de una semana de Biden a Europa se centró en los esfuerzos para fortalecer los lazos con los aliados de occidente (del oeste) y unirse en respuesta a los adversarios.

La pandemia de coronavirus ha expuesto debilidades en las bases de fabricación de las economías occidentales, lo que ha provocado una escasez de bienes vitales, desde máscaras médicas hasta microchips. Forzando las relaciones, Trump criticó repetidamente a Europa por sus políticas económicas, de seguridad y de defensa.

Biden ha adoptado una postura contraria, buscando un compromiso y una asociación con Europa. Las dos partes acordaron el martes suspender una pelea comercial de 17 años por los subsidios a los fabricantes de aviones Boeing Co. y Airbus SE, la pelea más larga y costosa en la historia de la Organización Mundial del Comercio.

Vestager dijo que el acuerdo comercial “muestra el potencial de resultados reales y tangibles” de la cooperación transatlántica.

Es probable que los microchips sean un foco temprano de la cooperación entre Estados Unidos y la Unión Europea, afirmó Vestager, potencialmente a través del TTC. La UE anunció recientemente el objetivo de aumentar su participación en la fabricación mundial de chips del 10% al 20% y comprometió más de US$150.000 millones para el esfuerzo, que podría provenir de los fondos para el alivio del coronavirus.

El Senado de los Estados Unidos aprobó recientemente un proyecto de ley que asigna US$52.000 millones a la fabricación e investigación y desarrollo de chips nacionales. Debe aprobarse por la Cámara y ser firmado por Biden para convertirse en ley.

Washington y Bruselas quieren aumentar la fabricación nacional de chips para asegurar las cadenas de suministro que quedaron expuestas por el coronavirus y contrarrestar a China. Beijing ha hecho de la autosuficiencia tecnológica un objetivo nacional, y el sector Estatal y privado están invirtiendo miles de millones de dólares en la fabricación nacional de chips, aunque no todos sus esfuerzos han tenido éxito y las empresas chinas todavía están muy por detrás de las contrapartes taiwanesas, surcoreanas y estadounidenses.

Los defensores de las ayudas estatales para proyectos de chips dicen que esto es necesario para nivelar el campo de juego con los países asiáticos que han usado incentivos generosos para hacer crecer sus industrias en las últimas dos décadas, transformando una industria que estuvo dominada por Estados Unidos y Europa en la década de 1990. El costo para construir las plantas de fabricación de chips más avanzadas también se ha disparado a más o menos US$ 20.000 millones en los últimos años.

“Obviamente, hay activos importantes en ambos lados”, afirmó Vestager sobre Estados Unidos y la UE. “Creo que es un poco pronto para decir qué resultará de ello, pero claramente, se ha registrado el potencial de cooperación”.

El TTC también buscará alinear políticas sobre regulación y estándares para nuevas tecnologías como la inteligencia artificial. China ha hecho del establecimiento de estándares internacionales una prioridad nacional, especialmente para las tecnologías emergentes donde las normas aún no se han establecido.

La inteligencia artificial (IA) y las tecnologías relacionadas, como la biometría y el reconocimiento de voz, han planteado problemas éticos que no se encontraron con las tecnologías más tradicionales, y donde las diferencias fundamentales sobre la privacidad y los derechos humanos dividen a Occidente y las autocracias.

“Realmente espero que, como democracias, podamos estar de acuerdo en algunos de los fundamentos cuando se trata de establecer estándares”, afirmó Vestager. “Tenemos la posibilidad de demostrar que cuando decimos que las democracias pueden cumplir sobre la base de los valores democráticos, hay algo real en eso”.

—Asa Fitch contribuyó a este artículo.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.