Por Emiliano CarrizoFrancisco Urdinez y el equilibrio de las relaciones con China y EE.UU.: “El escenario perfecto que tuvo Chile por 25 años se acabó”
El académico del Instituto de Ciencias Políticas de la UC y autor del libro "Desplazamiento Económico", que describe cómo China acabó con la primacía económica de Estados Unidos en la región, dice que Chile tiene que prepararse ante el futuro contexto de disputa en la región entre ambas potencias.

El director del Núcleo Milenio Impactos de China en América Latina y el Caribe (ICLAC) y académico del Instituto de Ciencia Política de la UC, Francisco Urdinez, con datos y no solo reflexión, relata el ascenso de la influencia económica de China en América Latina, desplazando a Estados Unidos.
Un insumo clave para la discusión en la que está Chile, donde el gobierno del presidente José Antonio Kast busca acercar su relación a la superpotencia y China es el principal socio comercial del país y ha ganado influencia económica en territorio nacional.
En su libro “Desplazamiento económico: China el fin de la primacía estadounidense en América Latina”, de editorial Planeta, que fue traducido del inglés y lanzado oficialmente en español este lunes, describe cómo el gigante asiático se convirtió no solo en un comprador de materias primas y energía, sino también en un importante financista de obras públicas y gran inversor estratégico en la región.
El texto también relata que el declive de EE.UU. es por no ofrecer oportunidades económicas en la región y China ocupó este vacío, que, para los países, genera réditos como la inversión y empleo. Un escenario que se da sin tener que adoptar la agenda de China.
“Hubo una falta de estrategias proactivas para alentar a las empresas a mantener o mejorar el peso económico de EE.UU. en América Latina”, dice el libro, que también relata que esas empresas priorizan las ganancias y, en algunos casos, creen que no pueden ganar a sus pares en licitaciones.

Sobre Chile, el libro describe que el avance chino dejó un equilibrio casi perfecto con EE.UU. Sin embargo, Urdinez alerta de que esta posición de equilibrio será insostenible en el futuro.
¿Cómo describe el rol de China y EE.UU. en la región?
—China es un actor económico fundamental, pero la hegemonía política, diría que es de EE.UU. Es el país más admirado por los ciudadanos; al menos lo era hasta hace un par de años, porque hoy las encuestas muestran mucha erosión al soft power por las políticas de Trump.
Históricamente, EE. UU. es admirado en la región; nuestras élites políticas están formadas allá, se habla mucho inglés y prácticamente nada de chino. Entonces China aún no ha logrado traducir su peso económico en político y para que eso suceda yo creo que debieran mantenerse las tendencias del desplazamiento económico que describo por unos 20 años más.
Ante la incapacidad de EE.UU. de competir en los mismos términos que China y el enfoque de castigo que toma ¿Ve que este debate sobre la influencia económica se discuta más allá de las élites?
—El libro cubre hasta 2024, pero en los últimos dos años EE.UU. se ha puesto muy agresivo en castigar a los países que se acercan a China. En lo medido en Chile, los ciudadanos prefieren entonces no meterse tanto con China para no irritarlos, pero no ofrecen compensar la pérdida económica de no relacionarse con China. Entonces esa sensación de pérdida de oportunidades económicas va a ir sintiéndose en la opinión pública si EE.UU. condiciona mucho nuestro vínculo con China.
¿Cómo ve el escenario para Chile que hoy se mantiene en un punto ideal con ambas potencias?
—Chile ha sido un país tremendamente pragmático que ha capitalizado muy bien su vínculo con ambos países. No por nada es uno de los países que más se ha desarrollado económicamente en los últimos 30 años. Sin embargo, es un modelo que está agotado, no porque a Chile no le convenga, sino porque no se podrá.

¿Cuál es la razón?
—Es una idea fantástica en lo teórico, pero imposible de llevar a la práctica. EE.UU. te obliga a posicionarte con sanciones y amenazas en temas claves para ellos, como la infraestructura para el comercio, la guerra y las telecomunicaciones. Otras alertas que tienen para la vinculación con China son respecto a los minerales críticos y la transición energética.
El escenario perfecto que tuvo Chile por 25 años se acabó. Estamos entrando en una etapa para la cual no está preparado el país y por eso me parece que el libro es importante. Chile firmó acuerdos de libre comercio con muchísimos países y se preparó para un mundo de comercio abierto que no existe más.
¿Qué camino se debería seguir?
—Chile debe pensar en una estrategia de diversificación con países como India, Indonesia, Australia y Vietnam, que compensen una posible pérdida de relevancia de China si sucede. Chile tiene una dependencia demasiado grande entre ambas potencias, lo que lo pone en una situación muy vulnerable.
Pero según el libro China ganó terreno en un espacio económico que no existiría de otro actor...
—Por eso es clave la diversificación. EE.UU. no está en condiciones de asumir las inversiones y financiamiento que está realizando China en la región, pero se irrita si te acercas a China. Lamentablemente hoy no parece ya haber un término intermedio.
Estos 10 años son fundamentales para saber si Chile va a lograr encontrarse entre los países que no sean ni EE.UU. ni China; si no lo hace está en una situación muy precaria y muy delicada.
Además, para Chile va a ser muy difícil seguir siendo meros exportadores de materias primas; eso nos va a complicar un poco. Nos ha venido bien ese modelo, pero se va a hacer muy difícil seguir creciendo así.
¿Cómo debería ser la discusión?
—Hay que conversar abiertamente con EE.UU. y saber cuáles son las líneas rojas y si nos privamos de algún proyecto con China si va a haber alguna alternativa. Es muy importante no irritar ni confrontarlos en este momento del gobierno de Trump. Con China también hay que dialogar para definir las líneas rojas, explicitar los condicionamientos de EE.UU. y decirles que son relevantes para Chile.
Eso debe hacerse entender y debe dar un poco más de previsibilidad a ambos inversionistas, chinos y estadounidenses, pero sobre todo a los chinos, que en los últimos años sienten que se los ha tratado de forma un poco dura en proyectos como los de litio (Tianqi con SQM), salmones (Joyvio) y el acero (con la denuncia de dumping a China por Huachipato). Además, creo que es muy importante en Chile formar expertos en China, su política e idioma. Existen muy pocos.
La relación con China debiese ser lo más previsible y pasar desapercibida; eso es algo que otros países de la región no lograron; por eso digo que sería bueno que Chile lo preserve.
Chile se tiene que preparar para una China que está comenzando a hacer lobby en la región de forma muy exitosa, como también lo hace EE.UU. La relación con China trasciende ideologías; es una relación estructural que debe tener bien preparada la derecha y la izquierda.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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