Política europea se va a los extremos
Las amargas cucharadas de austeridad que la Unión Europea (UE), y principalmente, Alemania, le ha estado medicando a la anémica economía de la eurozona, se ha manifestado, entre otras formas, en el avance de movimientos extremistas en las elecciones nacionales.
Esta nueva ola de extremistas xenófobos, populistas, ha sacado el foco de lo económico de la crisis, trasladándolo a la disputa ideológica detrás de las políticas que ha estado tomando Europa. Los europeos, de hecho, conocen bastante bien la relación entre el decaimiento de la calidad de vida y el ascenso de movimientos radicales, como fue el caso del régimen nazi de Adolf Hitler en Alemania.
Y es que el escenario político se ha ido enrareciendo. Holanda, parte del núcleo central de las exigencias por más austeridad, el lunes sufrió la renuncia del primer ministro, Mark Rutte, perdiendo la canciller Angela Merkel, de esta manera, a un importante aliado en su cruzada por la austeridad.
Según el diario FT Deutschland, el colapso del gobierno holandés sería más dramático que el triunfo de un candidato socialista en Francia, puesto que podría poner en dudas la factibilidad de que pueda ajustarse al déficit del 3% del PIB.
La UE advirtió ayer contra los efectos preocupantes del auge de partidos ultra extremistas, cuyos valores “son opuestos a los que promueven las instituciones europeas”, explicó en Bruselas un portavoz de la Comisión.
La tensión entre las finanzas y la política es fuente de grandes peligros, más aún con un euro cuya debilidad no sirve de impulso hacia ninguna parte. En Grecia, el país más golpeado por la crisis, las encuestas auguran un crecimiento de partidos extremistas de derecha e izquierda.
Pero la tendencia viene de antes: 32 representantes de partidos abiertamente xenófobos consiguieron un escaño en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2009. Esa tendencia estaba presente desde hace años en Francia (Jean-Marie Le Pen), Italia (Umberto Bossi) y Austria (Jörg Haider), pero a lo largo de la década pasada, sus partidos han ido en ascenso a la par que las actitudes hacia la inmigración se iban deteriorando, sobre todo con la llegada de la crisis.
El 18% de votos para Marine Le Pen en Francia y la crisis de gobierno forzada por el partido antiislamista de Geert Wilders en Holanda (24 escaños en un Parlamento con 150 diputados en 2010) suponen el último capítulo del ascenso progresivo e imparable de fuerzas políticas que en muchos casos son abiertamente eurófobas.
Austria (27% del voto para Haider en las municipales de octubre de 2010), Suecia (un partido xenófobo obtuvo 20 escaños en septiembre de 2010), Dinamarca (otro partido racista llegó a colocarse como tercera fuerza política), Finlandia (los Verdaderos Finlandeses fueron también la tercera fuerza en abril de 2011), Italia (Bossi logró el 12,7% del voto en las elecciones regionales de marzo de 2010) y Hungría, donde el partido ultraderechista Jobbik llegó a reunir casi el 17% de los sufragios hace dos años.
“Es preocupante, y no sólo en Francia, ese sentimiento que vemos contra las sociedades abiertas, contra una Europa abierta”, explicó en una conferencia el ministro sueco de Relaciones Exteriores, Carl Bildt.
Para el analista político del think tank europeo Center for European Policy Studies, Piotr Kaczynski, la bipolaridad extremista en Europa se puede ver reflejada en las recientes elecciones en Francia. “Los partidos de extrema derecha y extrema izquierda sumaron un 30%, lo que es más que Hollande o Sarkozy, y vemos una tendencia similar en Holanda, y también en otros países”, indicó a PULSO Kaczynski.
Según Kaczynski, la respuesta que los gobiernos y parlamentos en Europa tomarán frente al fenómeno social, será la de excluir o de sociabilizar los movimientos extremistas. “Un ejemplo es el caso de Finlandia, en donde después de sus elecciones, decidieron excluir al partido que casi las había ganado, debido a que era un partido populista, radical y extremista, llamado Verdaderos Finlandeses”, señaló Kaczynski.
En contraste, en Holanda hay un acercamiento distinto: se estaría intentando incluir a los populistas, al igual que en Bélgica. “Bélgica no tuvo un gobierno en un año, porque el ganador de la elección fue un partido populista, de derecha, que no tenía ningún tipo de interés en tomar la responsabilidad por el gobierno”, recalcó Kaczynski.
Tres preguntas a Piotr Kaczynski, investigador de Políticas e Instituciones de Europa del CEPS
¿Cómo se originan estos movimientos?
La crisis subprime ha provocado repercusiones sociales que seguirán en los años por venir. En ese contexto, hemos visto un resurgimiento de movimientos extremistas, tanto en la izquierda como en la derecha.
¿Cuál es el principal riesgo?
El ascenso de estos grupos disminuye la estabilidad de los gobiernos, transformándose en una víctima de ese sistema.
¿Cómo cree que serán absorbidos estos partidos?
Las dos estrategias son o que se incorporan a estos partidos populistas, o se excluyen. Desafortunadamente ante el enojo hacia los políticos puede que la opinión pública apoye partidos populistas.
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