En un año marcado por el #MeToo, en inédita ceremonia dos mujeres recibirán el Nobel de Ciencia


El próximo 10 de diciembre sobre el escenario de los Premios Nobel sucederán dos cosas poco habituales. Por primera vez en casi una década habrá dos mujeres premiadas en categorías científicas y habrán pasado casi 70 años desde que no se entregaba el de Literatura.

En un año marcado por la eclosión del movimiento #MeToo, las mujeres científicas tendrán un protagonismo poco habitual en Estocolmo gracias a Frances Arnold, premiada en Química, y Donna Strickland, en Física.

Completará el trío de laureadas la iraquí Nadia Murad, que recibirá el Nobel de la Paz en Oslo, junto al doctor congoleño Denis Mukwege por sus esfuerzos para terminar con el uso de la violencia sexual como arma de guerra y en conflictos armados.

Pero, además es el año en que la Academia Sueca decidió aplazar a 2019 la concesión del premio de Literatura por un escándalo de abusos sexuales y filtraciones.

La gesta de las dos científicas es evidente si se piensa que Strickland es la tercera mujer que recibe el Nobel de Física -Marie Curie (1903) y Maria Goeppert (1963)- y Arnold, la quinta en Física -Curie (1911); Irène Joliot Curie (1935); Dorothy Crowfoot Hodgkin (1964) y Ada Yonath (2009)-.

Habría que viajar a 2009 para encontrar no solo tantas científicas, sino mujeres en general. Aquel año cinco recibieron el reconocimiento: Yonath; Elisabeth Balkburn y Carol Greider en Medicina; Herta Müller en Literatura y Elinor Ostrom en Economía, la única hasta la fecha en esa categoría.

La canadiense Strickland recibirá el premio de Física por sus avances en el campo del láser, en concreto, por “su método para generar impulsos ópticos ultra cortos y de alta intensidad”, que entre otras aplicaciones se usa en operaciones oftalmológicas.

Tras el anuncio del Nobel, muchos descubrieron que esta científica del más alto nivel ni siquiera tenía una entrada en Wikipedia.

Strickland compartirá una mitad del premio con el francés Gérard Mourou, mientras que la otra va para el estadounidense Arthur Ashkin, el premiado más anciano de la historia con 96 años, por la creación de las pinzas ópticas que permiten manipular bacterias y virus sin dañarlos.

El Nobel de Química se reparte entre la estadounidense Arnold, que recibe una mitad por “la evolución dirigida de enzimas”, y su compatriota George Smith y el británico Gregory Winter por el desarrollo y aplicación del método “phage display”, una técnica de detección de interacción entre moléculas biológicas.

Con sus métodos han dominado, según la Academia, la evolución para desarrollar proteínas que resuelven los problemas químicos de la Humanidad y sirven para promover una industria química más verde, producir nuevos materiales, producir biocombustibles sostenibles, mitigar enfermedades y salvar vidas.

La lucha contra el cáncer y sus estudios en el desarrollo de la inmunoterapia dieron el Nobel de Medicina al estadounidense James Alllison y al japonés Tasuku Honjo, quienes han demostrado el importante papel que tiene el sistema inmunitario frente a los tumores.

La economía premia este año a dos estadounidenses, William Nordhaus y Paul Romer, por construir modelos que incluyen el cambio climático -el primero- y las innovaciones tecnológicas -el segundo- en el análisis macroeconómico.

La de 2018 es una edición atípica de estos galardones creados por Alfred Nobel porque no habrá ningún premiado de Literatura, por lo que el año que viene se entregarán dos.

Esta fue la dura decisión que tomó la Academia Sueca debido a la crisis que está viendo y que, según la Fundación Nobel, había afectado de forma adversa al Premio Nobel de esa categoría.

El escándalo que ha hecho temblar hasta los cimientos a la institución encargada de decidir el premio de Literatura tiene como protagonista al artista de origen francés Jean-Claude Arnault, casado con la hasta hace poco académica Katarina Frostenson.

Arnault fue condenado esta semana, en apelación, a dos años y medio de cárcel por dos delitos de violación cometidos en 2011 contra una misma mujer, aunque en el inicio del escándalo un diario sueco recogió acusaciones de abuso sexual formuladas por 18 mujeres.

Una auditoría estableció que aunque el artista no había influido en las decisiones sobre premios y ayudas, sí que había violado la confidencialidad sobre el ganador del Nobel en varias ocasiones.

La larga crisis ha dividido a los académicos por cómo se afrontaba el asunto, lo que desembocó en una cascada de dimisiones y ahora la Academia intenta renovarse y recomponer un nuevo comité para el Nobel de Literatura. EFE



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