Sustentabilidad

ESG y reputación corporativa: cuando la coherencia interna pesa más que el marketing

La tercera edición del estudio de Acción Empresas y Azerta muestra que la coherencia interna, el liderazgo y la gestión de riesgos pesan más que el marketing en la construcción de reputación.

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La relación entre desempeño ESG y reputación corporativa dejó de ser una hipótesis para consolidarse como un eje estratégico en la gestión empresarial. Así lo confirma la tercera versión del estudio “Liderazgo, ESG y Reputación Corporativa”, elaborado por Acción Empresas y Azerta, que analiza cómo las prácticas ambientales, sociales y de gobernanza influyen en la construcción de reputación en compañías chilenas de gran escala y alta visibilidad.

El estudio —aplicado entre octubre de 2025 y enero de 2026 a 69 profesionales con roles estratégicos, mayoritariamente gerentes de área y altos ejecutivos— muestra que el 73,9% de los encuestados evalúa como alta la influencia del desempeño ESG en la reputación corporativa, mientras que solo un 4,3% la considera baja. En coherencia con ello, la reputación y la marca aparecen como el principal beneficio de invertir en ESG, por sobre la atracción de inversionistas o la gestión de riesgos.

Reputación: menos relato, más gestión

Uno de los principales hallazgos del estudio es que la reputación corporativa se asocia mucho más a la coherencia interna que a las acciones comunicacionales externas. El alineamiento entre propósito, estrategia y sostenibilidadlidera los factores que inciden en reputación (63,8%), seguido por una cultura organizacional basada en valores y ética(53,6%), el compromiso del CEO y el directorio (49,3%) y un liderazgo visible y coherente (46,4%).

En contraste, elementos como campañas de marketing, anticipación regulatoria o programas específicos apenas alcanzan un 4% de menciones. Para Pablo Valenzuela, consultor senior del área ESG de Azerta, la lectura es directa: “La reputación se explica principalmente por coherencia interna. Si una empresa quiere fortalecer su reputación, debe priorizar la gestión real, poniendo foco, recursos y métricas en los impactos y riesgos materiales de su negocio y su cadena de valor”.

Estrategia clara, implementación dispareja

El estudio revela una alta adhesión estratégica al ESG, pero también importantes brechas en su implementación cotidiana. Un 81,2% de las organizaciones declara contar con un cargo formal de sostenibilidad y el mismo porcentaje afirma que el ESG es parte central de su estrategia corporativa. Además, un 78,3% percibe un alto nivel de apoyo del liderazgo.

Sin embargo, solo un 21,7% tiene KPIs ESG implementados en todas las áreas de la organización, lo que evidencia una integración aún parcial en la gestión operativa. “Aunque existe consenso sobre la relevancia estratégica del ESG, su incorporación transversal enfrenta obstáculos estructurales y culturales”, explica Kathrin Müller, gerenta de Desarrollo de Acción Empresas. Entre ellos, menciona la persistencia de métricas financieras de corto plazo, la concentración del ESG en áreas específicas y la falta de capacidades técnicas y marcos estandarizados de medición.

Riesgos ESG: gestión sin traducción financiera

En materia de riesgos, el 87% de las organizaciones declara contar con procesos formales de gestión de riesgos ESG, pero la cuantificación económica sigue siendo un punto débil. Solo un 31,9% reporta una medición integral de los riesgos ambientales, mientras el mismo porcentaje reconoce no haberla realizado o estar recién planificándola.

Desde Acción Empresas advierten que sin traducción financiera, la gestión de riesgos queda incompleta. “Los riesgos ESG no son solo reputacionales o regulatorios; tienen impactos económicos concretos. Si no se cuantifican, es difícil priorizar inversiones”, señala Müller, citando ejemplos como los efectos del calor extremo en productividad, salud laboral o relación con comunidades.

Cambio climático y territorios: el eje reputacional

El cambio climático emerge como el principal factor ESG con potencial impacto reputacional en los próximos cinco años (43,5%), seguido por los conflictos con comunidades locales (30,4%) y los impactos ambientales de las propias operaciones (27,5%). En gobernanza, destacan los riesgos asociados al uso de datos y privacidad y a la creciente exigencia regulatoria (26,1% cada uno).

La relevancia de los territorios también se refleja en la priorización de stakeholders: colaboradores (84,1%), clientes (72,5%) y comunidades locales (50,7%) concentran las mayores menciones, por sobre inversionistas. No obstante, el estudio advierte que los mecanismos de escucha siguen siendo mayoritariamente puntuales —encuestas, entrevistas y focus groups— y que la participación digital aún es baja.

IA, regulación y equidad de género: desafíos de largo plazo

Mirando hacia adelante, la divulgación obligatoria de información ESG aparece como la principal tendencia a cinco años, mientras que a 25 años destacan la integración de inteligencia artificial y uso de datos (71%) y la carbono neutralidad y resiliencia climática (65,2%). Aunque el 81% considera la IA clave para ESG y reputación, solo un 17% utiliza herramientas digitales avanzadas de gestión o participación.

En paralelo, la agenda de equidad de género en instancias de liderazgo muestra avances desiguales. Un 48% de las organizaciones no cumple o no tiene claridad respecto de la Ley “Más Mujeres en Directorios”, mientras que solo un 14,5% declara cumplirla. Las principales barreras identificadas no se vinculan exclusivamente a la normativa, sino a factores culturales, resistencia interna y prácticas de reclutamiento poco inclusivas.

Para Acción Empresas, el desafío es estructural. “Más que falta de talento, lo que suele faltar son condiciones habilitantes y decisiones institucionales”, señalan, destacando iniciativas como el Marco de Bonos Vinculados a la Sostenibilidad y programas de formación en liderazgo femenino.

De la declaración a la gestión

En un contexto de mayores exigencias regulatorias, escrutinio público y presión de los grupos de interés, el estudio concluye que la reputación corporativa se construye menos desde el discurso y más desde la capacidad de gestión, con métricas, gobernanza y coherencia interna. Una señal clara de que el ESG, más que un relato, se ha convertido en un factor estructural del negocio.

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