Para que la historia no vuelva a repetirse

SEÑOR DIRECTOR:
Crecí escuchando las historias de mi familia sobre el genocidio armenio y el exilio forzado desde Siria hacia América Latina. Relatos de huida, de pérdidas irreparables y de la urgente necesidad de empezar de nuevo lejos de la tierra propia.
Hoy, mientras la tensión en Medio Oriente vuelve a escalar y potencias occidentales advierten sobre posibles “acciones defensivas” frente a Irán, vuelve a instalarse el lenguaje de la disuasión militar como primera respuesta. Europa conoce bien el costo humano de los conflictos y las consecuencias políticas, económicas y sociales que arrastran las guerras en la región.
La guerra nunca es un fenómeno contenido. Sus efectos no se limitan a las fronteras del país involucrado: se traducen en desplazamientos masivos, crisis humanitarias, radicalización y fracturas geopolíticas que tardan generaciones en sanar.
Siria fue una prueba dolorosa de ello: millones de refugiados, comunidades destruidas y una comunidad internacional que reaccionó tarde y dividida.
No se trata de desconocer amenazas ni de relativizar responsabilidades. Se trata de evitar que la historia vuelva a repetirse. Normalizar la preparación bélica como respuesta inicial reduce el espacio para soluciones políticas y aumenta el riesgo de un conflicto cuyas consecuencias podrían ser irreversibles.
Marcela Martínez Martabid
Periodista
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