¿Pueden acortarse las carreras?
SEÑOR DIRECTOR:
La propuesta de acortar carreras universitarias es repetida e importante; en la práctica ello ha ocurrido, pero el ajuste ha sido lento, por razones estructurales del sistema, por características socioculturales, y por políticas públicas. Ante esa complejidad, el debate corre el riesgo de simplificarse en exceso
A diferencia de países con desempeño escolar alto o medio, en nuestro país una proporción significativa de estudiantes ingresa a la educación superior sin haber desarrollado plenamente habilidades cognitivas complejas. En la práctica, las universidades han debido asumir una función formativa que debió cumplirse antes. Planteamientos como tener programas con tres años de duración, y que estudiantes al terminar segundo medio puedan ingresar a ellos, podrían funcionar para un grupo minoritario, que en su mayoría pertenecen a familias de la elite del país.
Por ello, centrar la discusión en la duración de las carreras, sin repensar el diseño de las trayectorias formativas, puede ser una ilusión costosa.
Un camino, que estamos transitando, es organizarse en torno a resultados de aprendizaje verificables —conocimientos, habilidades y competencias— certificados progresivamente, donde cada etapa tenga valor propio. Experiencias como el marco europeo muestran que la duración es consecuencia de comprobar lo que el estudiante efectivamente sabe hacer.
Esto está pasando en Chile, pero para avanzar con rapidez deben modificarse muchas normas, y las universidades más tradicionales apuntar en esa dirección, para lograr mover a todo el sistema universitario, porque se debe cambiar la fuerte inercia cultural de “entrar a una carrera”.
Ramón Berríos
Hugo Lavados
Profesores de Economía, U. San Sebastián
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